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Author: Tutu D.
Tags: religion historia propaganda cristianismo sociología
ISBN: 978-84-330-2611-8
Year: 2012
Text
Desmond
Tutu
Dios no es cristiano
Desclée De Brouwer
Y otras provocaciones
Dios no es cristiano
Desmond Tutu
Dios no es cristiano
Y otras provocaciones
Editado por John Allen
DESCLÉE DE BROUWER
BILBAO – 2012
Título del original en inglés:
God Is Not a Christian. And Other Provocations
©2011 by Desmond Mpilo Tutu
Introduction and explanatory copyright ©2011 by John Allen
Traducción de María del Carmen Blanco Moreno
© 2011 by Desmond Mpilo Tutu
© 2011 by Harper One
An Imprint of HarperCollinsPublishers
© EDITORIAL DESCLÉE DE BROUWER, S.A., 2012
Henao, 6 – 48009 Bilbao
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Impreso en España – Printed in Spain
ISBN: 978-84-330-2611-8
Depósito legal: BI-1963-2012
Impresión: RGM, S.A. - Urduliz
«Dios bendiga nuestro mundo,
guarde a nuestros hijos,
guíe a nuestros líderes
y nos dé la paz
por Jesucristo.
Amén».
– Adaptado por DESMOND TUTU
de una oración de TREVOR HUDDLESTON
Índice
Prólogo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . XI
Introducción, por John Allen. . . . . . . . . . . . . . . . XIII
PRIMERA PARTE
Abogado de la tolerancia y el respeto
1.
Está claro que Dios no es cristiano . . . . . . . . . . .
En defensa de la tolerancia interreligiosa
3
2.
Ubuntu . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 21
Sobre la naturaleza de la comunidad humana
3.
No hay futuro sin perdón . . . . . . . . . . . . . . . . . . 25
Un programa radical para la reconciliación
4.
Sobre la justicia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 37
Argumentos para una justicia restaurativa
Dios no es cristiano
5.
Nuestra gloriosa diversidad . . . . . . . . . . . . . . . . 49
¿Por qué hemos de celebrar la diferencia?
6.
Todos, todos son hijos de Dios . . . . . . . . . . . . . . 53
Sobre la inclusión de los gais y las lesbianas
en la Iglesia y en la sociedad
SEGUNDA PARTE
Defensor internacional de la justicia
7.
La libertad es más barata que la represión . . . . . 59
Sobre la democracia en África
8.
¡Vigilad! ¡Vigilad! . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 73
Sobre la esperanza y los derechos humanos
HQVLWXDFLRQHVGHFRQÀLFWR
9.
Nuestra salvación viene de los judíos . . . . . . . . 85
6REUHHOFRQÀLFWRHQWUHLVUDHOtHV\SDOHVWLQRV
TERCERA PARTE
Voz de los sin voz en Sudáfrica
10. ¿Por qué negra? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 113
8QDGHIHQVDGHODWHRORJtDQHJUD
11. Estoy aquí ante vosotros . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 127
¿Por qué los cristianos deben participar
HQODSROtWLFD"
VIII
Índice
12. Totalmente diabólico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 141
Llamamiento a la moralidad de un cristiano
13. Antibíblico, anticristiano, inmoral y perverso . . 149
Cuando las leyes humanas chocan
contra la ley de Dios
CUARTA PARTE
La conciencia de Sudáfrica
14. Debemos exponernos a la luz pública . . . . . . . . 167
Sobre el odio, la venganza
y la cultura de la violencia
15. Nada para vuestra comodidad . . . . . . . . . . . . . . . 177
8QDFUtWLFDDORVFDPDUDGDV\DPLJRV
16. ¿Qué te ha pasado, Sudáfrica? . . . . . . . . . . . . . . 197
El precio de la libertad es
la vigilancia permanente
Notas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 219
Índice analítico y de nombres . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 227
IX
Prólogo
A
lgunos de mis amigos se muestran escépticos cuando me
oyen decir que soy por naturaleza una persona a quien
le desagrada la confrontación, pero lo cierto es que lo soy.
Durante mi vida he intentado conscientemente imitar a mi
madre, que era conocida en mi familia como una dulce «consoladora de los afligidos». No obstante, cuando veo sufrir a
personas inocentes, intimidadas por los ricos y los poderosos,
entonces, como dice el profeta Jeremías, si trato de guardar
silencio, siento como si la palabra de Dios ardiera como fuego
en mi pecho. Me veo obligado a hablar alto y claro, a veces
incluso a discutir con Dios acerca de cómo es posible que un
Creador lleno de amor pueda permitir que sucedan estas cosas.
Cuando recientemente anuncié que me retiraba de la vida
pública, dije que quería reducir mi ritmo de vida y dedicar
más tiempo a leer y escribir, a orar y pensar, y a estar con mi
familia. También dije que, además de continuar con algunas
de mis actividades como galardonado con el premio Nobel de
la Paz, adoptaría un perfil público más bajo y no concedería
más entrevistas a los periodistas.
Dios no es cristiano
La reflexión sobre esta selección de textos que recogen lo
que he dicho y escrito durante los últimos cuarenta años me
ha mostrado lo difícil que me va a resultar permanecer callado
(¡y me ha recordado lo sexista que era mi lenguaje en mis años
jóvenes!). Porque al ver el sufrimiento, el dolor y el conflicto
que sufre todavía el pueblo de Dios –y al leer sobre estas vivencias–, sus experiencias piden a gritos la intervención apasionada de personas creyentes que defiendan los valores del reino
de Dios.
Con todo, nadie es indispensable, y yo menos que nadie.
Lo que me aporta esperanza y tranquilidad al acercarme a
mi octogésimo cumpleaños es la singular pasión por la justicia y la paz que he experimentado al encontrarme y hablar
con miles de jóvenes de todo el mundo en los primeros años
del siglo XXI. Cuando veo su nivel de compromiso, sé que el
mundo está en buenas manos.
En la iglesia de Sant’Egidio en Roma, hogar de una extraordinaria comunidad de laicos dedicados a trabajar por los
pobres, hay un viejo crucifijo en el que Cristo no tiene brazos.
Cuando les pregunté qué importancia tenía ese Cristo para la
comunidad, me dijeron que esa imagen muestra cómo Dios
cuenta con nosotros para realizar su obra en el mundo.
Sin nosotros, Dios no tiene ojos; sin nosotros, Dios no
tiene oídos; sin nosotros, Dios no tiene brazos ni manos. Dios
cuenta con nosotros. ¿No vas a unirte a otros creyentes para
haceros compañeros de Dios en el mundo?
DESMOND TUTU
ABRIL DE 2011
XII
Introducción
S
i las razones para que Desmond Tutu se haya convertido
en uno de los defensores más destacados de la justicia social
basada en la fe y de la tolerancia religiosa se pudieran reducir a un
solo enunciado conciso, tal enunciado sería este: su determinación apasionada y absoluta por decir la verdad tal como él la ve.
En los primeros años de su vida pública, su coraje para
alzar la voz, airada y valientemente, contra el apartheid en un
momento en que la mayoría de los líderes políticos sudafricanos estaban en la cárcel, exiliados o expulsados, o se enfrentaban a la tortura y el asesinato, hizo de él un héroe para la
mayor parte de los sudafricanos negros. Pero, como escribiría
más tarde Nelson Mandela, también lo convirtió en el «enemigo público número uno» para la mayoría de los blancos
–injuriado, objeto de amenazas de muerte e incluso, como
resultó claro más tarde, de graves atentados contra su vida.
Esta situación cambió después de la liberación de Mandela
y la transición a la democracia, cuando Tutu se convirtió en un
crítico tan vigilante de sus amigos y antiguos aliados en la lucha
contra el apartheid, como antes lo había sido de los predecesores
Dios no es cristiano
de estos en el gobierno. Al mismo tiempo, usó sus credenciales
anti-apartheid para extender su campaña en pro de la justicia y
los derechos humanos en África y en el mundo, en situaciones
de opresión e injusticia política, desde Etiopía, un país marxista, y el Zaire, alineado con Occidente, hasta Oriente Medio
y Panamá, en naciones gobernadas por regímenes militares.
Y no se detuvo ahí: los valores subyacentes en su defensa –inspirados en su fe y en la visión de una humanidad compartida,
ofrecida por el espíritu africano del ubuntu («una persona es persona solo a través de otras personas»)– le llevaron a convertirse en
un activista contra toda forma de intolerancia y a luchar en favor
de la comprensión y la cooperación entre las religiones, y contra
el fundamentalismo religioso y la persecución de minorías como
los gais y las lesbianas. Su franqueza y su buena disposición para
expresar lo que a primera vista parecía una herejía lo convirtieron
en un icono admirado y, al mismo tiempo, en un pararrayos para
la controversia –un hombre que un día podía ser el héroe aclamado de una muchedumbre y al día siguiente podía verse obligado a reconvenir a una multitud enfurecida.
Al observar cómo ha ejercido su ministerio a lo largo de
treinta y cinco años, tanto en las calles y los estadios de Sudáfrica –elevando la moral del pueblo con discursos conmovedores, encauzando la ira en direcciones creativas y apaciguando la
violencia– como en encuentros a puerta cerrada con dictadores,
líderes occidentales o sionistas furiosos por su identificación con
los palestinos, he llegado a ver que él da lo mejor de sí mismo
cuando se enfrenta con las situaciones más duras y desafiantes.
Cuando se le pide que anuncie sus mensajes más impopulares
–a veces a sus adversarios y en otras ocasiones a sus partidarios–,
XIV
Introducción
es cuando articula sus valores, sus ideales y su fe del modo más
vigoroso y persuasivo.
Espero que esta compilación muestre este rostro de Desmond Tutu. Al tratarse de una serie de textos que reflejan una
vida en acción, y no las meditaciones de un estudioso, comprende una gama dispar de materiales: intervenciones espontáneas, respuestas a preguntas de los periodistas, cartas y
extractos –tanto breves como extensos– de discursos, homilías
y otros escritos, condensados y revisados por razones de claridad donde ha sido necesario.
JOHN ALLEN
XV
Dios no es cristiano
PRIMERA PARTE
Abogado
de la tolerancia
y el respeto
1
Está claro que Dios no es cristiano
En defensa de la tolerancia interreligiosa
Nada resume el radicalismo (usando la palabra «radicalismo»,
como a él le gusta decir, en el sentido original de ir a la raíz de una
cuestión) de Desmond Tutu mejor que sus ideas sobre la relación de
su religión con las religiones de los demás. Este capítulo reúne observaciones que hizo en cuatro ocasiones y que revelan una perspectiva
renovadora, inspiradora y –efectivamente– radical que ha devenido
particularmente pertinente para el mundo después del 11-S.
1
Extracto de una homilía predicada en la iglesia de St. Martin in
the Fields de Trafalgar Square, Londres, durante un encuentro de
líderes de Iglesias anglicanas de todo el mundo tras la caída del
Muro de Berlín y el final de la Guerra Fría, que se inspira en las
Escrituras cristianas como base de su enfoque1.
Dios no es cristiano
C
onviene que nos preguntemos si no es digno de mención
el hecho de que en la parábola del Buen Samaritano, Jesús
no dé una respuesta directa a la pregunta «¿Quién es mi prójimo?» (Lucas 10,29). Ciertamente habría podido proporcionar un catálogo de las personas a las que el escriba podría amar
como a sí mismo, como exigía la ley. Pero no lo hace. En cambio, narra un relato. Es como si Jesús quisiera, entre otras cosas,
señalar que la vida es un poco más compleja, que tiene también
muchas ambivalencias y ambigüedades y, por tanto, no permite
siempre una respuesta directa y simplista.
Esto es un gran gesto misericordioso, porque en tiempos como
el nuestro –tiempos de cambio en los que muchos puntos de referencia familiares se han desplazado o han desaparecido– las personas están desconcertadas; añoran respuestas inequívocas y directas.
Parece que tenemos miedo a la diversidad étnica y religiosa, y a
la diversidad en los puntos de vista políticos e ideológicos. Somos
impacientes con cualquier cosa o persona que sugiera que podría
haber otra perspectiva, otra manera de ver la misma realidad, otra
respuesta que merecería ser explorada. Hay una nostalgia de seguridad en la matriz de una uniformidad segura, y excluimos al extraño
y al extranjero; buscamos la seguridad en personas que puedan proporcionar respuestas que han de ser irrebatibles, porque a nadie se
le permite disentir o poner en cuestión. Se anhela lo homogéneo y
hay una alergia contra lo diferente, lo otro.
Ahora bien, parece que Jesús le dice al escriba: «Mira, la vida es
más estimulante si tratas de descubrir las implicaciones de tu fe en
vez de vivir con respuestas de segunda mano memorizadas y prefabricadas, que encajen en un paradigma sin cambios, y te abres a un
mundo cambiante, mudable, desconcertante y, sin embargo, fascinante». Nuestra fe, el hecho de saber que Dios está al frente, debe
4
Está claro que Dios no es cristiano
hacer que estemos dispuestos a correr riesgos, a aventurarnos y ser
innovadores; sí, atrevernos a caminar allí donde los ángeles quizá
tengan miedo de pisar.
2
Esta charla procede también de un foro en Gran Bretaña, donde
Tutu habló a representantes de diferentes religiones durante una
misión en la ciudad de Birmingham en 1989.
C
uentan la historia de un borracho que cruzó la calle,
abordó a un peatón y le preguntó: «¿Cuál es el otro lado
de la calle?». El peatón, un tanto perplejo, respondió: «Ese
lado, por supuesto». El borracho dijo: «¡Qué extraño! Cuando
estaba en ese lado, me dijeron que era este lado». Dónde se
halla el otro lado de la calle depende del lugar donde estemos nosotros. Nuestra perspectiva difiere en función de nuestro contexto, de las cosas que nos han ayudado a formarnos; y
la religión es una de las más poderosas de esas influencias formativas, que ayudan a determinar cómo y qué captamos de la
realidad y cómo actuamos en nuestro contexto específico.
La primera idea que quiero destacar es abrumadoramente
simple: que las circunstancias de nacimiento y geografía determinan en gran medida la religión a la que pertenecemos. Hay
muchas probabilidades de que los nacidos en Pakistán sean
musulmanes, hindúes los nacidos en la India, sintoístas los nacidos en Japón y cristianos los nacidos en Italia. No sé qué hecho
significativo se puede deducir de esto: quizá que no deberíamos
sucumbir con demasiada facilidad a la tentación de exclusivi-
5
Dios no es cristiano
dad y a la pretensión dogmática de nuestra religión de tener el
monopolio de la verdad. Fácilmente podrías haber sido miembro de la religión a la que ahora denigras por el mero hecho de
haber nacido en el país donde esa religión es mayoritaria.
La segunda idea que quiero exponer es esta: no insultar a los
seguidores de otras religiones sugiriendo, como a veces ha sucedido,
que, por ejemplo, si eres cristiano, los miembros de otras religiones
son realmente cristianos sin saberlo. Hemos de reconocerlos por lo
que son en toda su integridad, con sus creencias mantenidas conscientemente; hemos de acogerlos y respetarlos como lo que son y
caminar reverentemente sobre lo que es su suelo sagrado, quitándonos los zapatos, metafórica y literalmente. Hemos de mantener
tenazmente nuestras creencias particulares y peculiares, sin pretender que todas las religiones son iguales, pues es evidente que no
lo son. Hemos de estar preparados para aprender unos de otros,
sin pretender que solo nosotros tenemos toda la verdad y que de
alguna manera poseemos el monopolio de Dios.
Deberíamos reconocer con humildad y alegría que la realidad
sobrenatural y divina que todos adoramos de una forma o de otra
trasciende todas nuestras categorías particulares de pensamiento e
imaginación, y que precisamente porque lo divino –comoquiera
que sea llamado, comprendido o concebido– es infinito y nosotros somos finitos para siempre, nunca podremos comprender
lo divino por completo. Por eso, deberíamos tratar de compartir
todas las ideas que podamos y estar dispuestos a aprender, por ejemplo, las técnicas de la vida espiritual propias de religiones diferentes
de la nuestra. Es interesante el hecho de que la mayoría de las religiones tengan un punto de referencia trascendente, un mysterium
tremendum, que llega a ser conocido porque tiene a bien revelarse
a la humanidad; que la realidad trascendente es compasiva y solí-
6
Está claro que Dios no es cristiano
cita; que los seres humanos son criaturas de esta realidad suprema
y supra-mundana de algún modo, con un alto destino que invita
a esperar en una vida eterna vivida en estrecha asociación con lo
divino, ya sea absorbido sin distinción entre la criatura y el creador,
entre lo divino y lo humano, o en una intimidad maravillosa que
aún conserva las diferencias entre esos dos órdenes de realidad.
Cuando leemos los textos clásicos de las diferentes religiones sobre cuestiones de oración, meditación y mística, encontramos una coincidencia sustancial, y esto es algo por lo que
alegrarnos. Hay bastantes cosas que conspiran para separarnos; celebremos lo que nos une, lo que compartimos.
Ciertamente es bueno saber que Dios (en la tradición cristiana) nos creó a todos (no solo a los cristianos) a su imagen,
dotándonos así de valor infinito, y que Dios entró en una
relación de alianza con toda la humanidad, representada en
la alianza con Noé, cuando Dios prometió que no volvería a
destruir su creación con el diluvio. Ciertamente podemos alegrarnos de que la palabra eterna, el Logos de Dios, ilumine a
todos –no solo a los cristianos, sino a todo ser que viene a este
mundo–; que aquello que llamamos el Espíritu de Dios no es
exclusivo del cristianismo, ya que el Espíritu de Dios existió
mucho antes de que hubiera cristianos, e inspiró y orientó a
mujeres y hombres en los caminos de la santidad, realizando y
llevando a término lo que era mejor en todo.
Hacemos poca justicia y honor a nuestro Dios si queremos,
por ejemplo, sostener que Mahatma Gandhi no era verdaderamente un alma grande, un varón santo que caminó muy
unido a Dios. Nuestro Dios sería demasiado pequeño si no
fuera también el Dios de Gandhi: si Dios es uno, como nosotros creemos, entonces es el único Dios de su pueblo, tanto si
7
Dios no es cristiano
este lo reconoce como si no lo hace. Dios no necesita nuestra
protección. Tal vez muchos de nosotros necesitemos profundizar y ampliar nuestra noción de Dios. Se dice a menudo,
medio en broma, que Dios creó al hombre a su imagen y que
el hombre se lo ha agradecido entristeciéndole con sus prejuicios estrechos y sus exclusivismos, sus manías y rarezas temperamentales. Dios sigue siendo Dios, tanto si tiene adoradores
como si carece de ellos.
Esta misión en Birmingham a la que he sido invitado es una
celebración cristiana, y afirmamos que Cristo es único y el Salvador del mundo, con la esperanza de vivir lo que creemos de tal
modo que nos ayude a ensalzar eficazmente nuestra fe. Con demasiada frecuencia, sin embargo, nuestra conducta contradice nuestra profesión de fe. Se supone que debemos proclamar al Dios del
amor, pero como cristianos hemos sido culpables de sembrar el
odio y la sospecha. Proclamamos a aquel a quien llamamos Príncipe de la Paz y, sin embargo, como cristianos hemos entablado
más guerras de las que podemos recordar. Hemos asegurado que
somos una comunidad compasiva, solícita y que comparte, pero
como cristianos a menudo santificamos sistemas sociopolíticos
que lo niegan, donde los ricos se hacen cada vez más ricos y los
pobres cada vez más pobres, donde parece que santificamos una
competitividad feroz y tan cruel como la que existe en la selva.
3
La exposición teológica más detallada a favor de la tolerancia interreligiosa fue presentada a otros cristianos en una conferencia pronunciada en 1992 en memoria del arzobispo católico de Ciudad del
8
Está claro que Dios no es cristiano
Cabo, Stephen Naidoo, con quien Tutu había trabajado codo con
codo para apaciguar el conflicto en la ciudad en la década de 1980.
L
a mayoría de los cristianos cree que ha recibido de la Biblia
un mandato de exclusividad. Jesús dice que nadie puede ir
al Padre si no es a través de él. Y en los Hechos se proclama que
no se ha dado bajo el cielo otro nombre por el que podamos
salvarnos (Juan 14,6; Hechos 4,12). Según los cristianos exclusivistas, estos pasajes son tan categóricos que cualquier debate
es superfluo. Ahora bien ¿es esto todo lo que dice la Biblia y es
cierto que en ella no hay nada, por decirlo así, en el lado de la
inclusividad y la universalidad? La argumentación exclusivista
¿parece razonable a la luz del desarrollo y la historia humanos?
Afortunadamente, para quienes sostienen que el cristianismo
no tiene un derecho de propiedad exclusiva sobre Dios –como
si Dios fuera de hecho cristiano–, hay numerosos textos bíblicos
que sirven de apoyo a su argumentación. El Evangelio de Juan, en
el que Jesús afirma que es el único medio de acceso al Padre, hace,
precisamente al comienzo, una afirmación más cósmica y asombrosa según la cual Jesús es la luz que ilumina a todos, no solo a los
cristianos (Juan 1,9). En la Carta a los Romanos, san Pablo señala
que todos están condenados bajo el pecado ante Dios: judíos y
gentiles (Romanos 3,9). Esto, que es central para la enseñanza
que intenta transmitir, se encuentra en una epístola que se centra en el milagro del Dios que absuelve gratuitamente a todos. La
gracia de Dios, concedida libremente a través de Jesucristo, sería
insostenible si no hubiera universalidad en el pecado. El pecado
implica, según la visión de Pablo, la transgresión deliberada de
la ley de Dios. No hay problema con el judío que ha recibido la
Torá y la infringe constantemente. Pero ¿qué sucede con el gen-
9
Dios no es cristiano
til, el pagano que parece no estar bajo una ley divina que pudiera
transgedir y, por tanto, no puede encontrarse justamente bajo el
juicio divino? Si no ha recibido la ley, entonces es evidente que
no puede ser considerado fuera de la ley ante Dios. Pablo declara
entonces que el gentil también ha recibido la ley que reside en su
conciencia (Romanos 2,15). Cada una de las criaturas humanas
de Dios tiene la capacidad de saber algo acerca de Dios a partir de las pruebas que Dios ha dejado en su creación (Romanos
1,18-20); esta es la base de la teología natural y de la ley natural.
Immanuel Kant habló del imperativo categórico. Todas las criaturas humanas saben que hay cosas que deben ser hechas y otras
que no se deben hacer. Este es un fenómeno universal –lo que
varía es el contenido de la ley natural–. Pablo y Bernabé recurren
al mismo principio en su discurso en Listra, cuando los habitantes de la ciudad piensan que son dioses (Hechos 14,15-17). En
su discurso en el Areópago, Pablo habla sobre cómo Dios creó a
todos los seres humanos de uno solo e infundió en todos el deseo
–o el hambre– de las cosas divinas, de modo que todos lo buscaran y tal vez lo encontraran; y añadió que Dios no está lejos de
nosotros, ya que todos (no solo los cristianos) viven, se mueven y
existen en él (Hechos 17,22-31). Al dirigirse a los paganos, Pablo
declara que todos son descendencia de Dios.
Un importante principio hermenéutico nos invita a no tomar
los textos bíblicos aisladamente y fuera de contexto, sino a usar
la Biblia para interpretar la Biblia, ayudando así a asegurar que
nuestra interpretación se ex-trae de la Biblia en la exégesis y no se
intro-duce en ella con nuestros prejuicios peculiares. Otro principio afín nos invita a preguntar si lo que decimos es coherente con
la revelación definitiva y plena (como creen los cristianos) que
Dios hizo de sí mismo en Jesucristo.
10
Está claro que Dios no es cristiano
Lo que he tratado de decir aquí es que el texto «Nadie puede
ir al Padre sino por mí» no se ha de interpretar como si se refiriera únicamente al Logos encarnado, pues también existía el
Logos preexistente, como afirma el Evangelio de Juan (1,1).
Esto significaría entonces que el Logos pre-encarnado conduciría a las personas al cocimiento de Dios, una actividad de
revelación anterior al cristianismo. ¿Acaso no afirma la Carta
a los Hebreos que Dios habló muchas veces y de diversas formas a los padres en el pasado por los profetas (Hebreos 1,1)?
Si no es así, hemos de seguir haciendo algunas preguntas
incómodas. ¿Qué mandato divino está vigente donde no lo
está el del Dios cristiano? ¿Cuál es el destino de quienes vivieron antes del nacimiento de Jesús? ¿Estaban totalmente desprovistos del conocimiento de Dios? ¿Cómo se les puede culpar
de algo que no pudieron evitar? ¿Era posible que conocieran a
Dios a través de Jesucristo mucho antes de que Jesucristo existiera? Jesús mismo sostiene que la Ley y los Profetas –esa parte
de la Biblia que llamamos Antiguo Testamento– son autoritativos, es decir, revelan en ciertos aspectos la voluntad de Dios,
como cuando él mismo recurre al relato de la creación en relación con la indisolubilidad del matrimonio (Mateo 19,3-6).
Lo cita de manera aprobatoria cuando exhorta a los fariseos
–que recurren a las observancias religiosas exteriores– a descubrir lo que significa el texto: «Misericordia quiero, que no
sacrificio» (Mateo 12,7). Quienes vivieron antes de Jesucristo,
¿cómo pudieron llegar al conocimiento de Dios –tal como
lo atestigua su conocimiento de la voluntad divina reflejado
en la Escritura– si no aceptamos que el Logos pre-encarnado
actuaba en el mundo de Dios mucho antes de que el cristianismo viera la luz?
11
Dios no es cristiano
Está claro que Dios no es cristiano. Su solicitud se dirige
a todos sus hijos. Un relato judío cuenta que poco después
de que los egipcios se ahogaran en el mar Rojo, mientras los
israelitas estaban celebrándolo, Dios se acercó a ellos y les
preguntó: «¿Cómo podéis alegraros cuando mis hijos se han
ahogado?».
La Biblia hace que la postura de quienes sostienen pretensiones excesivamente exclusivistas para el cristianismo resulte
aún más insostenible cuando hacemos nuevas preguntas. ¿Y
Abrahán? ¿Tuvo un encuentro con Dios cuando decidió salir
de su pueblo para ir a un lugar que no conocía? ¿Cayó en
un error o discernió de hecho algún mandato? La existencia
del pueblo de Israel y, en definitiva, la existencia de la Iglesia
cristiana y nuestra Heilsgeschichte –nuestra historia de la salvación– proclaman que no se engañó. ¿Y Moisés? ¿Se encontró con Dios en la zarza ardiente y recibió el mandato de ir al
faraón? Parece que su teofanía fue auténtica, ya que el éxodo
tuvo lugar y Dios dio a su pueblo la Torá y lo acompañó en
su travesía por el desierto durante cuarenta años, y después lo
introdujo en la Tierra Prometida. Si todo esto sucedió, entonces ¿qué Dios fue responsable de ello? ¿Acaso no fue el Dios
y Padre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo? Como monoteístas sostenemos, en relatos como los de Abrahán y Moisés,
que mucho antes de la economía salvífica cristiana fue posible
tener una experiencia religiosa auténtica en la que las personas se encontraron con Dios. Esto debe significar ciertamente
que tales personas pudieron de alguna manera, quizás inescrutable para algunos pero claramente debida a la misericordia
divina, llegar a Dios y tener una relación real y profunda con
él muchos siglos antes de la llegada de Cristo.
12
Está claro que Dios no es cristiano
Que los cristianos no tienen el monopolio sobre Dios es una
observación casi trivial. Para negarlo tendríamos que rechazar
como engaño y vanidad las profundas verdades religiosas y éticas propuestas por profetas tan grandes como Ezequiel, Isaías
y Jeremías; tendríamos que estar dispuestos a prescindir, por
ejemplo, de los cantos del «siervo sufriente». ¿Y cómo pudo
Jesús afirmar que había venido a cumplir y no a destruir lo que
había sido proclamado y predicho en las escrituras no cristianas y en la vida de una comunidad no cristiana?
¿Y cómo puede alguien albergar la esperanza de comprender el
Nuevo Testamento –y, por tanto, el cristianismo– prescindiendo
del Antiguo Testamento? ¿Cómo puede haber alguna validez en la
tipología del Nuevo Testamento donde, por ejemplo, Jesús es descrito como el segundo Adán, como nuestra Pascua, como el Hijo
de David, como el Mesías, como la Roca, si no admitimos que
estos presagios, estos anuncios en la antigua economía salvífica,
se referían a encuentros auténticos con Dios? ¿Y cómo es posible que Dios haya creado a los seres humanos, a todos los seres
humanos, a su imagen y no les haya dotado a todos con algún
sentido, alguna conciencia, de su verdad, su belleza y su bondad?
Si se afirma lo contrario, ello pondría en cuestión la capacidad del
Creador. La Biblia, como hemos visto, sostiene lo que parece ser
una postura razonable: que todas las criaturas humanas de Dios
tienen de alguna manera el deseo de Dios mencionado por san
Agustín en su famoso dicho: «Nos hiciste, Señor, para ti y nuestro
corazón está inquieto hasta que descanse en ti».
Una vez que nos vemos obligados por el peso de las pruebas a admitir que tal vez Dios se reveló al pueblo judío, y que
este pudo, de algún modo, entrar en contacto con Dios, entonces
resulta bastante difícil de aceptar que esto constituye una excep-
13
Dios no es cristiano
ción única. Después de todo, los mismos judíos fueron capaces
de afirmar que los no israelitas eran llamados por Dios, como
cuando Isaías dijo que Asiria era la vara de Dios, el cual iba a visitar con su ira a su pueblo recalcitrante, o cuando se refirió a Ciro,
un rey pagano no israelita, como ungido de Yahvé, Mesías de
Yahvé (Isaías 10,5; 45,1-4). Resultaría difícil encontrar el sentido
de las acusaciones de Amós o de Jeremías, pronunciadas contra
naciones paganas, si no se admite que los profetas pensaban que
también ellas se encontraban en la esfera de Yahvé, ¡y esperaban
que conocieran las exigencias de Yahvé! Ciertamente es más sensato mantener que Dios era, y es, accesible a todas sus criaturas
humanas y que las personas tuvieron un encuentro real con este
Dios antes de la economía salvífica cristiana. Sin duda que esto
hace más honor a la bondad, la misericordia y la justicia de Dios
que la postura contraria.
Reivindicar a Dios exclusivamente para los cristianos es empequeñecerlo en exceso y en un sentido real es blasfemo. Dios es
mayor que el cristianismo y no cuida solamente de los cristianos.
Tiene que cuidar de todos los seres humanos, aunque solo sea por
la sencilla razón de que los cristianos han entrado bastante tarde
en la historia universal. Dios ha estado presente siempre, desde
antes de la creación, es decir, desde hace mucho, mucho tiempo.
Si el amor de Dios se limitara a los cristianos, ¿cuál sería el destino de todos los seres humanos que existieron antes de Cristo?
¿Están condenados a la perdición eterna sin ser culpables –como
exige la postura exclusivista si se lleva a su conclusión lógica–? Si
es así, nos encontraríamos en una situación totalmente insostenible, pues Dios podría ser culpable por imponer una justicia tan
extraña. Sin duda es más aceptable y coherente con lo que Dios
ha revelado de su propia naturaleza a través de Jesucristo, y no
14
Está claro que Dios no es cristiano
vulnera nuestra sensibilidad moral, decir que Dios acepta y se
complace en quienes viven de acuerdo con las mejores pautas de vida que tienen a disposición y se guían por los ideales
más sublimes que han podido discernir. No deshonra a Dios
el hecho de que nosotros afirmemos que toda verdad, todo sentido de belleza y toda conciencia –y deseo– de bondad tienen
una fuente, y esa fuente es Dios, que no está encerrado en un
espacio, un tiempo y un pueblo.
Mi Dios y –así lo espero– tu Dios no se siente receloso ante
la posibilidad de que un no cristiano pueda descubrir una verdad
religiosa profunda o realizar un descubrimiento científico decisivo. Dios se alegra cuando sus criaturas –sin distinción de raza,
cultura, género o religión– consiguen avances estimulantes en la
ciencia, el arte, la música, la ética, la filosofía y la ley, y captan
con una habilidad creciente la verdad, la belleza y la bondad que
brotan de él. Y también nosotros deberíamos unirnos al júbilo
divino, alegrándonos porque han existido personas maravillosas como Sócrates, Aristóteles, Heródoto, Hipócrates, Confucio,
etcétera. ¿No es obvio que los cristianos no tienen el monopolio de la virtud, de la capacidad intelectual, de los conocimientos
estéticos? Y, aunque parezca increíble, esto no importa. ¿Acaso
deshonra a Dios el hecho de que Mahatma Gandhi fuera hindú?
¿No deberíamos alegrarnos porque existió un «Alma Grande» que
inspiró a otros con sus enseñanzas del satyagraha, que inspiró al
cristiano Martin Luther King, Jr., en su campaña en pro de los
derechos civiles? ¿Realmente tenemos que ser tan ridículos como
para afirmar que lo que Mahatma Gandhi hizo fue bueno, pero
habría sido mejor si hubiera sido cristiano? ¿Qué pruebas tenemos de que los cristianos son mejores? ¿Acaso no hay a menudo
pruebas abrumadoras en la dirección contraria?
15
Dios no es cristiano
¿No es necesario que nos recuerden también que el hecho de
que pertenezcamos a una religión u otra depende con mucha frecuencia de las circunstancias históricas y geográficas más que de la
elección personal? Si hubiéramos nacido en Egipto antes de la era
cristiana, tal vez habríamos sido adoradores de Isis, y si hubiéramos nacido en la India, en vez de en Sudáfrica, es muy probable
que hubiéramos sido hindúes en lugar de cristianos. Resulta inquietante que sea tanto lo que depende del capricho del destino, pero
puede hacernos más modestos y menos dogmáticos en nuestras
pretensiones. Dios no puede querer que las personas sean cristianas
para después amontonar aparentemente tantas dificultades contra
ellas con el fin de pasar luego a castigarlas por sus fallos. Para mí,
semejante Dios es demasiado perverso como para desear adorarlo.
Me alegra que el Dios al que adoro sea diferente de este.
No debemos cometer el error de juzgar a otras religiones por sus
características o sus seguidores menos atractivos. Es posible refutar
la argumentación a favor de los cristianos citando, por ejemplo, las
Cruzadas, las atrocidades del Holocausto o los excesos del apartheid.
Pero sabemos que eso sería extremadamente injusto, ya que afirmamos que son aberraciones, distorsiones y desviaciones. ¿Y qué decir
de Francisco de Asís, de la Madre Teresa, de Albert Schweitzer y de
todas las demás personas y cosas estupendas y hermosas que pertenecen al cristianismo? Nuestro deseo debería ser tratar con lo mejor
y más sublime de las demás religiones, con aquello por lo que ellas
mismas se definen, en vez de echar por tierra las caricaturas que
queremos colgarles. Muchos cristianos se asombrarían al conocer
los niveles sublimes de espiritualidad que se alcanzan en otras religiones, como en los mejores ejemplos del sufismo y su mística, o los
profundos conocimientos de meditación y quietud que se encuentran en el budismo. Honramos poco a Dios si rechazamos estas y
16
Está claro que Dios no es cristiano
otras intuiciones religiosas como engaños, porque es evidente que
no lo son. Nosotros mismos nos ponemos claramente en ridículo y
desprestigiamos la religión y al Dios que pretendemos estar proclamando. Me he encontrado con grandes representantes y seguidores
de otras religiones a quienes admiro y deseo quitarme los zapatos
cuando me encuentro en su terreno sagrado. No me cabe duda de
que entre ellos se encuentra el Dalai Lama, y uno no puede menos
de quedar impresionado por su profunda serenidad y la profunda
reverencia que los budistas sienten hacia la vida y que les hace ser
vegetarianos y abstenerse de toda forma de sacrificio de animales, y
les obliga a saludar con una profunda inclinación a la vez que dicen:
«El Dios que hay en mí saluda al Dios que hay en ti», un saludo que
nosotros, los cristianos, podríamos hacer nuestro de una manera
más verdadera, ya que creemos que todo cristiano es un templo del
Espíritu Santo, un portador de Dios.
Reconocer que otras religiones tienen que ser respetadas y que,
evidentemente, proclaman profundas verdades religiosas no es lo
mismo que decir que todas las religiones son iguales. Es evidente
que no son iguales. Nosotros, que somos cristianos, debemos proclamar honestamente las verdades de nuestra fe, con veracidad
y sin componendas, y debemos afirmar cortés, pero inequívocamente, que creemos que todas las verdades religiosas y todas
las aspiraciones religiosas encuentran su cumplimiento final en
Jesucristo. Pero debemos admitir que los demás tienen el mismo
derecho a elogiar su fe, esperando que el atractivo intrínseco y la
veracidad última del cristianismo serán los que lo hagan recomendable para los demás. De modo que cuando vean la influencia
que el cristianismo tiene en el carácter y la vida de sus seguidores,
los no cristianos quieran convertirse a su vez al cristianismo, al
igual que en los primeros días los paganos se sentían atraídos por
17
Dios no es cristiano
la Iglesia no tanto por su predicación sino sobre todo por lo que
veían en la vida de los cristianos, que les hacía exclamar asombrados: «¡Mirad cómo se aman!».
No conozco ninguna gran religión que diga que los seres
humanos han sido creados para un destino que no sea el elevado destino de permanecer en una comunión ininterrumpida
con lo divino –independientemente de cómo este sea definido–, tanto si el summum bonum, el bien supremo, es absorbido en lo divino como si existe como una realidad distinta
por toda la eternidad en el nirvana, el paraíso o el cielo. No
conozco ninguna religión que haya declarado que es aceptable
que los seres humanos sean víctimas de la injusticia y la opresión. Por el contrario, hemos sido capaces de caminar codo con
codo con los seguidores de otras religiones, en la causa de la
justicia y la libertad, incluso cuando otros cristianos han difamado nuestro testimonio y se han opuesto a él.
Espero que mi exposición haya sido suficiente para convencer
a los exclusivistas intransigentes de que se sirve mejor a la causa
cristiana reconociendo gozosamente que Dios no es el coto privado de los cristianos, sino que es el Dios de todos los seres humanos –a los que ha concedido una revelación de su naturaleza–, y
que todos pueden tener con él un encuentro y una relación reales.
4
Tutu dijo a los estudiantes de la universidad de Jartum en una
visita a Sudán en 1989 que él no solo urgía a los creyentes a practicar la tolerancia y el respeto, sino que les recordaba que su fe les exige
actuar juntos en la causa de la justicia2.
18
Está claro que Dios no es cristiano
L
as personas religiosas no tienen elección en este asunto.
Donde hay injusticia y opresión, donde las personas son tratadas como si fueran menos que lo que realmente son –seres creados a imagen de Dios–, no tenéis más elección que oponeros, y
oponeros vehementemente y con todas las fuerzas de vuestro ser,
contra la injusticia y la opresión. Y, por tanto, no podemos menos
de oponernos a la obscenidad del apartheid, que sostiene que el
racismo es la política de un gobierno particular. No tenemos la
opción de sentarnos a pensar: «¿Quiero o no quiero?». Si eres creyente, debes oponerte a la injusticia; da igual que seas musulmán,
cristiano, hindú o budista. Porque, como ves, este es uno de los
factores comunes en estas religiones: ninguna de ellas tiene una
doctrina mezquina de los seres humanos.
El cristianismo dice que los seres humanos son creados
a imagen de Dios; y también el judaísmo. El islam dice que
somos los abd¸ los esclavos, de Dios y que debemos someter
nuestra voluntad a la voluntad de Alá. Y dice, por tanto, que
somos personas que podemos entrar en relación con Dios.
Así, cada una de estas religiones, por su naturaleza intrínseca,
obliga a sus seguidores a ser personas que luchen por la justicia, la paz y la bondad. Si ante la injusticia no te pones en
pie y te opones a ella, entonces cada noche debes confesar tu
culpa y decir: «Dios, he pecado, porque he desobedecido una
ley fundamental de nuestra relación».
Hacemos un flaco favor a nuestras religiones, y las desprestigiamos, si no defendemos la verdad, si no luchamos por la
justicia, si no somos la voz de los sin voz, si no somos los
defensores de aquellos que no se pueden defender por sí mismos. Es increíble que exista esta convergencia en las religiones.
Si nos fijamos en cómo hablan las religiones del destino de
19
Dios no es cristiano
la humanidad, los cristianos decimos que el summum bonum
definitivo es cuando disfrutamos de la visión divina, la visión
beatífica para siempre, pero seguiremos siendo personas distintas, aunque en relación con la Trinidad. El islam habla también del tiempo en el que disfrutaremos de la bienaventuranza
absoluta en presencia del Uno. El hinduismo y el budismo,
que reconocen que somos parte de lo divino, afirman: Tat
tvam asi, «Eso eres tú», creyendo que si puedes reconocer lo
que eres verdaderamente –que eres un aspecto de lo divino y,
en definitiva, retornarás a aquello de lo que procedes–, serás
reabsorbido en lo divino. Esto lo dice todo sobre lo que somos
los seres humanos.
20
2
Ubuntu
Sobre la naturaleza de la comunidad humana
El estatus de Desmond Tutu como ejemplo de tolerancia e inclusividad
entre los líderes religiosos internacionales está arraigado no solo en su fe,
sino en su comprensión de la naturaleza de la comunidad humana, a
la que aporta una sensibilidad propiamente africana. A continuación
se ofrece una compilación de extractos de presentaciones realizadas a lo
largo de tres décadas en contextos que van desde columnas en periódicos
sudafricanos hasta discursos pronunciados en el extranjero.
E
n nuestra Weltanschauung africana, nuestra cosmovisión, tenemos el concepto de ubuntu. En xhosa decimos: «Umntu
ngumtu ngabantu». Esta expresión es muy difícil de traducir,
pero podríamos verterla de este modo: «Una persona es persona
a través de otras personas»1. Necesitamos a otros seres humanos
para aprender cómo ser humanos, ya que ninguno de nosotros
llega plenamente formado al mundo. No sabríamos cómo hablar,
caminar, pensar y comer como seres humanos si no aprendiéramos de otros seres humanos cómo hacer esas cosas. Para nosotros,
el ser humano solitario es una contradicción en los términos.
Dios no es cristiano
Ubuntu es la esencia del ser humano. Expresa cómo mi humanidad está ligada y unida inseparablemente a la tuya. No dice, como
Descartes: «Pienso, luego existo», sino más bien: «Soy porque pertenezco a». Para ser humano tengo necesidad de otros seres humanos.
El ser humano absolutamente autosuficiente es sub-humano. Yo
solo puedo ser yo si tú eres totalmente tú. Yo soy porque nosotros
somos, ya que hemos sido hechos para vivir unidos, para ser una
familia. Hemos sido hechos para la complementariedad. Somos
creados para una delicada red de relaciones, de interdependencia
con los demás seres humanos, con el resto de la creación.
Yo tengo dones que tú no tienes y tú tienes dones que yo no
tengo. Somos diferentes con el fin de que cada uno conozca la
necesidad que tiene del otro. Ser humano es ser dependiente.
El concepto de ubuntu expresa atributos espirituales como,
por ejemplo, la generosidad, la hospitalidad, la compasión, la
bondad, el compartir. Uno puede ser rico en posesiones materiales y, sin embargo, carecer de ubuntu. Este concepto expresa
cómo las personas son más importantes que las cosas, los beneficios, las posesiones materiales. Expresa el valor intrínseco de
las personas, que no depende de cosas irrelevantes como el
estatus, la raza, el credo, el género o el éxito.
En la sociedad africana tradicional, el ubuntu era más codiciado que cualquier otra cosa –más que la riqueza medida
por las cabezas de ganado y la extensión de la tierra que uno
tenía en propiedad–. Sin esta cualidad, un hombre próspero,
aun cuando hubiera sido un jefe, era considerado alguien que
merecía compasión e incluso desprecio. Esta cualidad era vista
como aquello que, en último término, distinguía a las personas de los animales –la cualidad de ser humano y, por tanto,
también humanitario–. Quienes tenían ubuntu eran compasi-
22
Ubuntu
vos y amables, usaban su fuerza a favor de los débiles y no se
aprovechaban de otros –en suma, se preocupaban, tratando a
los demás como lo que eran: seres humanos–. Si uno carecía
de ubuntu, en cierto sentido carecía de un elemento indispensable de la condición humana. Aunque tuviera una gran cantidad de bienes materiales, y una alta posición y autoridad, si no
tenía ubuntu¸ carecía de importancia. Actualmente, esta cualidad sigue siendo muy admirada, buscada y cultivada. Solo una
persona a la que le ha sucedido algo dramático podría decir,
como dijo en una ocasión un ministro del gobierno sudafricano, que la muerte de Steve Biko2 –la muerte de otro ser
humano– le resultaba indiferente. Ese ministro había perdido
su humanidad o estaba a punto de perderla.
Los occidentales han logrado avances espectaculares, en gran
medida gracias a su iniciativa individual y personal. Han conseguido avances tecnológicos notables, por ejemplo. Y, sin embargo,
ese progreso ha exigido un costo muy elevado. El énfasis de Occidente en el individualismo ha significado a menudo que las personas están solas en medio de la muchedumbre, rotas por su
anonimato. Esto es lo que hace posible que las personas crucen
al otro lado de la calle cuando una mujer, por ejemplo, es violada
por varios hombres: el transeúnte simplemente no quiere verse
involucrado. Los occidentales han sido educados en una cultura
del éxito, donde las úlceras de estómago se han convertido en
símbolos de estatus. Hay una obsesión por el éxito y parece que
no importa mucho aquello en lo que tengas éxito con tal de que
lo tengas. Parece que lo peor que puede suceder es el fracaso. Y
esa cultura rechaza fácilmente a las personas como prescindibles
y rechazables, cuando se considera que han fracasado porque son
pobres o no tienen empleo.
23
Dios no es cristiano
El concepto de ubuntu nos enseña que nuestro valor es
intrínseco a nuestra condición humana. Somos importantes
porque hemos sido creados a imagen de Dios. El ubuntu nos
recuerda que pertenecemos a una sola familia: la familia de
Dios, la familia humana. En nuestra cosmovisión africana, el
bien supremo es la armonía de la comunidad. Cualquier cosa
que subvierte o socava este bien supremo es, ipso facto, injusta
y mala. La ira y el deseo de venganza subvierten este bien.
24
3
No hay futuro sin perdón
Un programa radical para la reconciliación
La defensa por parte de Desmond Tutu de la necesidad de que las
víctimas de atrocidades perdonen a los verdugos como una forma
de avanzar hacia la sanación ha causado controversias en repetidas ocasiones, tanto internacionalmente como en Sudáfrica, como
muestran los textos seleccionados en este capítulo.
1
La primera vez que las ideas de Tutu le causaron problemas fue
durante una peregrinación a Jerusalén y Belén en la Navidad de
19891. Durante esa peregrinación visitó el Museo del Holocausto
de Jerusalén, el Yad Vashem, donde al final de un comentario en
el libro de visitas escribió una súplica a Dios «para que perdone
a todas las personas que oprimen a otras». Esto es lo que dijo a los
periodistas al salir.
Dios no es cristiano
P
ienso que es importante recordar al mundo que podemos hundirnos hasta esos niveles. También es importante que recordemos que todos estamos necesitados de perdón. Me siento inclinado
a decir, como diría nuestro Señor, que al final el aspecto positivo
que podría resultar de los horrores del Holocausto –y también el
legado de los profetas, de vuestros profetas– es el espíritu de perdón,
no del olvido, el espíritu que dice (y vuestros mártires solían decirlo
también): «Dios, esto es lo que nos ha sucedido; oramos por quienes lo causaron. Perdónalos. Ayúdanos a perdonar y ayúdanos de
tal modo que nosotros no hagamos sufrir a otros».
Los judíos tienen una vocación especial de ser luz de las
naciones. Yo me siento orgulloso de mis padres en la fe judíos
y me considero capaz de luchar contra el mal y la injusticia del
apartheid en gran medida gracias a lo que he aprendido de lo
que llamamos el Antiguo Testamento, es decir, las Escrituras
judías. Oro, y oro fervientemente, para que los habitantes de
este país sean capaces de vivir en armonía, paz y felicidad con
sus hermanos palestinos.
2
Las noticias publicadas posteriormente en los periódicos, en las que
se afirmaba que Tutu había pedido a los judíos que perdonaran a los
nazis, provocaron una tormenta de críticas. Cinco meses más tarde,
periodistas de Cincinnati, Ohio, volvieron a suscitar la controversia
después de un encuentro que Tutu había mantenido con representantes del Judaísmo Reformista. Cuando los periodistas le preguntaron si creía que Jesús habría perdonado a los nazis si hubiera sido
un superviviente del Holocausto, Tutu ofreció la siguiente respuesta.
26
No hay futuro sin perdón
E
l ejemplo que Jesús dio cuando lo crucificaron fueron estas
palabras: «Padre, perdónalos». Y no estaba hablando sobre
algo que podría suceder. De hecho, estaba experimentando
una de las formas de ejecución más atroces y, sin embargo,
tuvo la capacidad de hacer realidad una oración que enseñó a
los cristianos, según la cual podemos esperar ser perdonados
solo en la medida en que estemos dispuestos a perdonar.
En las Escrituras judías hay un libro extraordinario, el
Segundo Isaías, que contiene varios de los llamados «Cantos
del Siervo», pronunciados por el siervo sufriente del Señor.
Muchos de nosotros hemos llegado a aceptar que esos cantos representan el punto culminante de una comprensión del
sufrimiento, a saber: no estamos justificando el sufrimiento;
no estamos diciendo que el sufrimiento es bueno. El sufrimiento debe ser eliminado en la mayor medida posible. Pero,
en último término, parece como si la textura del universo fuera
tal que el bien requiriera una capacidad de sufrimiento. A veces
preguntamos: ¿por qué es necesario que una madre sufra para
que se produzca la gran alegría del nacimiento de un niño?
Con frecuencia se habla desde una experiencia de sufrimiento. El hecho de que mi piel sea negra me identifica
como –y me convierte en– destinatario del sufrimiento
racista. Si los negros dijeran: «No podemos, no perdonaremos nunca a los blancos», ¿dónde podríamos vivir en Sudáfrica? No estoy hablando insensiblemente ni como alguien
que no ha experimentado el sufrimiento.
27
Dios no es cristiano
3
La siguiente ocasión en que las ideas de Tutu le causaron problemas fue en 1990, durante una conferencia convocada por las Iglesias sudafricanas –incluidas tanto las que habían sostenido el apartheid como las que se habían opuesto a él– después de la liberación de
Nelson Mandela y una vez que se habían iniciado las negociaciones
para poner fin al apartheid y establecer la democracia. La finalidad
del encuentro era que los líderes eclesiales dialogaran acerca de cómo
podían superar el alejamiento que habían mantenido en el pasado y
trabajaran juntos en el futuro. A continuación se recoge un extracto
del discurso pronunciado por Tutu para inaugurar la conferencia.
P
ara que pueda darse la reconciliación, nosotros, que somos
los embajadores de Cristo, nosotros, a quienes se ha confiado el evangelio de la reconciliación, ciertamente debemos
ser los instrumentos de paz de Cristo. Debemos reconciliarnos
entre nosotros. Las víctimas de la injusticia y la opresión deben
estar siempre dispuestas a perdonar. Este es un imperativo del
evangelio. Pero quienes han cometido injusticias deben estar
dispuestos a decir: «Os hemos hecho daño con esta injusticia,
arrancándoos de vuestras casas y arrojándoos en campamentos de reasentamiento muy pobres, ofreciendo a vuestros hijos
una educación inferior y negando vuestra condición humana,
pisoteando vuestra dignidad humana y negando vuestros derechos fundamentales. Lo sentimos y os pedimos perdón». Y los
agraviados tienen que perdonar.
Quienes han cometido injusticias deben estar dispuestos a
compensar según sus posibilidades. Tienen que estar dispuestos
a restituir y reparar el daño. Si te he robado una moneda, no
28
No hay futuro sin perdón
puedo estar realmente arrepentido cuando digo: «Perdóname,
por favor» si, al mismo tiempo, sigo conservando tu moneda. Si
estoy verdaderamente arrepentido, entonces demostraré que mi
arrepentimiento es auténtico devolviéndote tu moneda. Entonces
se producirá la reconciliación, que siempre es costosa. Si dos cónyuges riñen, no podrán restaurar realmente su relación anterior
hasta que uno de ellos diga: «Lo siento, perdóname».
4
Un teólogo de la Iglesia Reformada Holandesa, que había justificado teológicamente el apartheid, respondió confesando su responsabilidad y la de su Iglesia en esa política y en el sufrimiento que
había causado. A su vez, Tutu reaccionó con este breve comentario.
C
reo que ciertamente me impulsa el Espíritu Santo de
Dios para decir que cuando alguien confiesa que ha
cometido una injusticia, quienes hemos sido agraviados
tenemos que decir: «Os perdonamos», y después hemos de
cooperar en la reconstrucción de nuestro país. La confesión
es costosa, y la respuesta también.
5
La delegación de la Iglesia Reformada Holandesa respaldó la confesión, pero los líderes de las Iglesias negras que habían sido establecidas por la obra misionera de la Iglesia Reformada Holandesa
29
Dios no es cristiano
pusieron en cuestión tanto la sinceridad de la declaración de la delegación como la aceptación de la confesión por parte de Tutu. Este
defendió su postura.
H
e oído que algunos decían que yo no estaba autorizado
para aceptar una confesión en nombre de nadie excepto
en el mío propio, y pienso que tienen derecho a decirlo. He
sido muy presuntuoso al haber sugerido que hablaba en nombre de otros, aunque también tengo que decir que he ejercido
mi ministerio en nombre de muchas personas a lo largo de mi
vida, y quiero dar gracias a Dios por ello.
Malusi Mpumlwana2 se ha puesto en pie aquí para hablaros acerca de su experiencia de detención y tortura. Cuando
yo era secretario general del Consejo Sudafricano de Iglesias,
Malusi Mpumlwana vino a Johannesburgo en una ocasión. Él
ha dicho aquí que le resultó difícil perdonar, pero quiero deciros que en aquella ocasión dijo: «Cuando te torturan, Padre,
los miras y les dices: “Por cierto, estos son hijos de Dios”, y
añadió: “Y tú sabes que necesitan que les ayudes a recuperar
la humanidad que han perdido”. Y habló desde el dolor que
estaba sintiendo, y yo le escuché como a un joven que me
estaba dando un testimonio del significado del perdón.
Yo formaba parte de una delegación del Consejo Sudafricano de Iglesias cuando viajamos a Mogopa, un pueblo que
estaba siendo demolido y cuyos habitantes iban a ser expulsados. Las autoridades de la Iglesia fueron a Mogopa para rezar
con los habitantes antes de que se produjera la expulsión.
Mientras rezábamos bajo la lluvia a medianoche, uno de los
ancianos del lugar cuya casa estaba a punto de ser demolida,
después de que las escuelas, las iglesias y los hospitales habían
30
No hay futuro sin perdón
sido destruidos, se puso en pie y rezó una oración que nunca
llegué a comprender. El hombre dijo: «Gracias, Dios, porque
nos amas». Nunca entendí aquella oración.
Después he estado con hombres como Walter Sisulu3 y
otros que han pasado en la cárcel veinticinco o veintisiete años
por haber tenido la audacia de decir que son humanos. Han
pasado por esa experiencia y tienen una increíble capacidad
de amar. No sienten amargura ni deseo de venganza, sino un
profundo compromiso por la renovación de Sudáfrica. Experimento que recibo una lección de humildad cuando me
encuentro ante tales personas; y por eso, queridos amigos,
pienso que el Espíritu Santo de Dios y el evangelio de nuestro Señor y Salvador Jesucristo me impulsan a ofrecer perdón.
La gracia no tiene garantías. Cuando Jesucristo miró a
Zaqueo, el recaudador de impuestos (Lucas 19,1-10), no tenía
garantías de que Zaqueo fuera a responder a la gracia de su
perdón y de su amor. Hemos recibido la gracia y hemos de
tener la vulnerabilidad de nuestro Señor y Salvador Jesucristo
en la cruz. Al aceptar a Zaqueo, Jesucristo lo liberó, de modo
que Zaqueo pudo decir después: «Restituiré».
Dios nos ha traído hasta este momento y lo que quiero
deciros es que he recibido una lección de humildad y que
hablo solo por mí mismo. Cuando alguien me dice: «Perdóname», no soy capaz de decir: «No». Porque si lo dijera, no
podría rezar la oración que hemos rezado: «Perdona como
nosotros perdonamos».
31
Dios no es cristiano
6
Al recibir un título académico honorario en Benín, África occidental, en
1991, Tutu defendió que a los valores encarnados en el ubuntu debía
dárseles una expresión práctica en los sistemas de justicia africanos.
Q
uiero que veamos un resurgimiento, un nuevo nacimiento, una renovación de muchos de los maravillosos atributos y valores que tiene África. Sabéis que en África
hemos tenido una jurisprudencia, una ciencia penal, que no es
retributiva. Hemos tenido una jurisprudencia que era restaurativa. Cuando las personas tenían un conflicto en la sociedad
tradicional, la intención principal no era castigar al delincuente, sino restaurar las buenas relaciones.
Porque África está preocupada, o estaba preocupada, por las
relaciones, por la integridad de las relaciones. Esto es algo que podemos aportar al mundo, un mundo que está polarizado, un mundo
que está fragmentado, un mundo que destruye a las personas.
7
Un año después de que aproximadamente 937.000 ruandeses fueran asesinados por sus compatriotas en el genocidio de 1994, Tutu
visitó este país de África central como parte de una delegación eclesiástica. En una serie de sermones y discursos urgió a los ruandeses a
romper lo que él había descrito como un ciclo creciente de asesinatos,
cuya causa era la lucha por el poder que durante varias generaciones
habían mantenido las élites de los dos grupos de población mayoritarios: los hutus y los tutsis. En la última mañana de la visita fue
32
No hay futuro sin perdón
a una iglesia en Ntarama, al sur de la capital, Kigali. El gobierno
solía llevar allí a los visitantes a quienes quería impresionar con el
horror del genocidio. Sin advertencia previa, Tutu y el grupo del
que formaba parte fueron introducidos en un templo débilmente
iluminado, donde se encontraron caminando sobre los cadáveres
de las víctimas masacradas un año antes. Al salir, Tutu rompió a
sollozar. No muy lejos de la iglesia, la delegación visitó después a un
grupo de mujeres que estaban estableciendo una «aldea de paz» que
llevaba el nombre del presidente sudafricano Nelson Mandela. Al
volver a Kigali, a Tutu le pidieron, con poca antelación, que dirigiera unas palabras a la nación, en un encuentro de parlamentarios, miembros del gobierno y diplomáticos.
H
oy hemos visitado Ntarama y me he sentido destrozado.
Ayer dije que habíais pasado por el infierno, que habíais
caminado por el valle de las sombras de la muerte. A veces
resulta difícil creer que nosotros, los seres humanos, somos
capaces de hacer las cosas que hacemos.
Cualquier persona honrada condenará inequívocamente y sin
reservas toda la masacre, los asesinatos y el genocidio. Hemos dicho
que hemos venido a expresar nuestra solidaridad con vosotros en
la agonía que habéis experimentado. Y verdaderamente nos hemos
quedado sin palabras. En realidad, no tenemos derecho a hablar.
Hemos venido con la intención de aseguraros que Dios os ama, os
cuida y se preocupa de vosotros. Nuestro Dios es un Dios que no
toma vacaciones, no tiene ningún día libre; nuestro Dios está siempre ahí. No venimos como personas omniscientes y sabihondas que
tratan de prescribir soluciones basadas en ideas preconcebidas.
Nos hemos sentido llenos de estupor y damos gracias a
Dios por el hecho de que personas que habrían podido sentirse provocadas a entrar en una espiral de represalia y ven-
33
Dios no es cristiano
ganza, por lo general se han contenido ejemplarmente. Damos
gracias a Dios por todos vosotros, hermanas y hermanos nuestros tan traumatizados, que habéis sufrido lo indecible y, sin
embargo, habéis recibido la capacidad de refrenar vuestra ira,
vuestra amargura y vuestro deseo natural de venganza. Damos
gracias a Dios por vosotros.
Queremos decir que estamos de acuerdo en que es preciso
que se haga justicia, en que quienes sean declarados culpables
de haber perpetrado esas atrocidades o instigado a otros deben,
efectivamente, ser llevados ante los tribunales y su impunidad
tiene que terminar. Pero también deseamos decir, como todos
vosotros queréis creer, que la justicia no puede ser la última
palabra. Al encontrarme en Ntarama esta mañana, pensé: «Aquí
estoy, soy abuelo de cuatro nietos; tengo esposa, cuatro hijos e
hijas, cuatro nueras y yernos, tengo hermanos y parientes. Y si
por circunstancias de la historia hubiera nacido en este país,
quizá también habría tenido que decir que mi esposa, mis nietos, mi yerno, mi suegra, habían sido asesinados».
He venido a vosotros como un africano. He venido como
una persona que, quiérase o no, comparte la vergüenza, la desgracia y los fallos de África, porque soy africano. Y aunque vivo
en Sudáfrica, lo que sucede aquí, lo que sucede en Nigeria y lo
que sucede en otras partes, se convierte en parte de mi historia,
en parte de mi experiencia –al igual que comparto los éxitos que
tienen lugar en África, también comparto sus fallos a través de mi
solidaridad y participación en la condición africana–. Y así, como
africano, como ser humano, y especialmente como cristiano, os
hablo: somos africanos; somos seres humanos; somos cristianos.
Rompamos el ciclo de violencia, el ciclo de represalias que da origen a contra-represalias, las cuales dan origen a nuevas contra-
34
No hay futuro sin perdón
represalias. En este ciclo hay un poderoso y un débil que quiere
convertirse en poderoso; y si aquel lo consigue, el poderoso
que ha pasado a ser débil quiere volver a ser poderoso.
La gente ha esperado muchos, muchos años para dar la
vuelta a la torrilla y nosotros os pedimos, hermanas y hermanos, que rompáis este ciclo; pongamos fin a esta espiral.
Ayer visitamos la prisión central4, y tenemos que decir que las
condiciones que se dan allí hacen suponer que pronto tendrá
lugar un desastre. Esperamos que la comunidad internacional
pueda ayudar a aliviar esa situación, pero tenemos miedo de
que aumente el resentimiento de un grupo que está esperando
la oportunidad para devolver el golpe.
Así, pues, hago mi llamamiento. Oh Dios, dame elocuencia, dame las palabras adecuadas que sean capaces de tocar
los corazones de nuestras hermanas y hermanos en Ruanda,
y fuera de Ruanda: que nuestras hermanas y hermanos deben
saber que no puede haber futuro sin perdón. No habrá futuro
mientras no haya paz. No habrá paz mientras no haya reconciliación. Pero no puede haber reconciliación si antes no hay
perdón. Y no puede haber perdón si las personas no se arrepienten. Oh Dios, te pedimos:
Toca los corazones de tus hijos en Ruanda, y los de los hijos
de este pueblo que están en otras partes; toca sus corazones
para que puedan saber que tienen una única patria. Que
sepan que tienen un único futuro: un futuro común.
Oh Dios, te damos gracias porque hemos podido ver la
resurrección; hoy, día de Viernes Santo, hemos estado en
Ntarama, y desde allí nos hemos trasladado a un lugar
cercano donde un grupo de mujeres está estableciendo
35
Dios no es cristiano
una «aldea de paz» que lleva el nombre de Nelson Mandela. Damos gracias porque del sepulcro resucitará nueva
vida. Esta es una tierra hermosa, estas son personas hermosas. Te pedimos, oh Dios, que toques sus corazones;
toca sus corazones para que puedan saber que están unidas como una sola persona. Toca nuestros corazones, toca
los corazones de la comunidad internacional, para que
seamos generosos al ayudar a nuestros hermanos y hermanas a sanar esta tierra. Dios nuestro, sabemos que
amas a Ruanda. Venda sus heridas. Une a sus habitantes. Haz de ellos una sola nación, un solo pueblo.
36
4
Sobre la justicia
Argumentos para una justicia restaurativa
La buena disposición de Desmond Tutu para perdonar a los responsables del apartheid pasó por su prueba más difícil cuando el presidente Nelson Mandela, investido en 1994 –después de que su partido, el Congreso Nacional Africano, hubiera ganado las primeras
elecciones democráticas en Sudáfrica–, nombró a Tutu, en 1995,
presidente de la Comisión para la Verdad y la Reconciliación.
1
En una conversación que mantuvo con el activista norteamericano de derechos humanos Kerry Kennedy poco después de entregar a Mandela en 1998 el informe principal de la Comisión,
Tutu explicó que «perdonar» no significa «olvidar».
Dios no es cristiano
N
o deberíamos tener miedo a hacer frente a las personas
y mostrarles las injusticias que han cometido. Perdonar no significa convertirse en un felpudo donde los demás
se limpian las botas. Nuestro Señor perdonó mucho. Pero se
enfrentó a aquellos que actuaban como fariseos y se comportaban de manera espantosa, y los llamó «generación de víboras» (Mateo 23,33).
Perdonar no significa fingir que las cosas no son como realmente son. El perdón es un reconocimiento de que ha sucedido algo horrible. El perdón no significa tratar de guardar las
apariencias. El perdón implica que los agraviados y los culpables de esos agravios reconocen lo sucedido, y ello conlleva
necesariamente una cierta dosis de confrontación. Las personas piensan a veces que no deberíamos ser ásperos. Pero en
ocasiones tenemos que serlo para que los culpables reconozcan
que han cometido injusticias.
2
La ley que estableció la Comisión, aprobada por el Parlamento después de intensas negociaciones entre los nuevos gobernantes del país
y los anteriores, estableció tres comités: uno para realizar investigaciones y programar audiencias sobre lo que la ley definía como «graves violaciones de derechos humanos» durante la era del apartheid;
otro para responder a las solicitudes de amnistía por parte de los
autores de crímenes y para conceder la amnistía a los que habían
actuado con motivos políticos y habían dicho la verdad sobre lo que
habían hecho; y el tercero para aconsejar políticas para la reparación y rehabilitación de las víctimas y de sus familias. Tutu expuso
38
Sobre la justicia
una reflexión retrospectiva sobre el trabajo de la Comisión en las
presentaciones que ofreció en Londres y Copenhague después de que
la Comisión hubiera entregado sus informes finales al gobierno1.
L
a mayoría de la gente –y también muchos de nosotros–
pensábamos que los sudafricanos íbamos a vernos arrollados por el desastre más completo de toda la era del apartheid y
la transición a la democracia después de la liberación de Mandela. Nadie dudaba de que íbamos a ser víctimas del baño de
sangre más terrible en una guerra sin cuartel. Las cosas habían
llegado a tal extremo a principios de la década de 1990 que
cuando se anunciaban las estadísticas diarias de la cuota de
violencia y decían que habían sido asesinadas cinco, seis o diez
personas, de hecho suspirábamos aliviados y decíamos que
solo eran cinco, seis o diez personas. Nos encontrábamos en
un grave aprieto. Y después el mundo se quedó asombrado
cuando el 27 de abril de 1994 pudo ver aquellas largas filas de
sudafricanos de todas las razas que recorrían su camino hacia
los colegios electorales.
Los escépticos y los cínicos decían: «Sí, han logrado una
transición admirable –y casi milagrosa– de la represión a la
libertad y la democracia, y la han conseguido de una manera
ejemplarmente pacífica; pero ya veremos cuando suba al poder
un gobierno dirigido por negros. Seguro que entonces seremos testigos de la ola más horrible de venganza y represalias,
porque los negros han sufrido mucho a manos de los blancos
y no cabe duda de que quieren devolver el golpe».
Gracias a Dios, esos profetas de desdichas se han equivocado y el mundo ha podido contemplar con admiración
y asombro el desarrollo de los trabajos de la Comisión para
39
Dios no es cristiano
la Verdad y la Reconciliación. En vez de tratar de derramar
la sangre de los verdugos, las víctimas de tanto sufrimiento
innecesario han asombrado al mundo con su magnanimidad
y nobleza de espíritu por su disposición a perdonar a quienes
les habían infligido tantos sufrimientos.
La Comisión para la Verdad y la Reconciliación
Durante el periodo anterior a las elecciones, los negociadores tuvieron que decidir la forma de abordar el horrendo
legado de nuestro pasado inmediato. Algunos, especialmente
los miembros del régimen del apartheid, defendían que se
concediera a todos una amnistía general o «amnistía total»,
de modo que –así lo imaginaban– se olvidara el pasado, para
que el presente y el futuro no fueran sus rehenes. Afortunadamente, no podemos establecer por decreto que «lo pasado,
pasado está» y puede ser olvidado tranquilamente y sin más.
El pasado tiene una extraña capacidad de retornar y obsesionarnos. Un pasado no examinado y no reconocido encuentra
todo tipo de esqueletos surgiendo de armarios de toda clase
para crear problemas en el presente. Basta con preguntar al
general Pinochet2.
Santayana hizo una afirmación inolvidable: «Quienes
olvidan el pasado están condenados a repetirlo». Y la amnistía general victimiza a las víctimas por segunda vez cuando
afirma o bien que lo que les sucedió no pasó realmente o
bien –y esto es peor aún– que tuvo poca importancia; de este
modo, las víctimas no pueden poner fin al proceso y abrigan
rencores y resentimientos que pueden tener consecuencias
40
Sobre la justicia
funestas para la paz y la estabilidad, porque su angustia se
encona y un día podrían vengarse.
Otros pensaban que el camino más fácil sería seguir la opción
del juicio de Núremberg y procesar a todos los que habían cometido, o eran sospechosos de haber cometido, «graves violaciones de
derechos humanos». El juicio de Núremberg tuvo lugar porque los
Aliados derrotaron a los nazis y pudieron imponer lo que se ha
dado en llamar «la justicia de los vencedores». En nuestro caso, ni el
gobierno del apartheid ni los movimientos de liberación del Congreso Nacional Africano y del PAC3 habían derrotado a sus adversarios. Se había producido un estancamiento militar. Es casi seguro
que las fuerzas de seguridad del apartheid habrían echado por tierra
cualquier esquema al final del cual hubieran podido ser condenadas. Sudáfrica no podía permitirse juicios largos, y su sistema judicial ya sobrecargado tampoco habría podido llevarlos a término.
Así las cosas, los negociadores optaron por un compromiso
de principios: amnistía individual, no amnistía general, a cambio de la verdad completa relativa a la ofensa para la que se
pedía la amnistía. «¿Amnistía a cambio de verdad?», preguntaban muchos, sinceramente preocupados. «¿Y la justicia? ¿No se
está alentando la impunidad?». Primero, es importante insistir
en que esta forma de plantear las cosas fue diseñada deliberadamente solo para este delicado periodo de la transición, ad hoc,
a propósito para esta ocasión. Lejos de fomentar la impunidad,
esta forma de abordar las cosas hacía hincapié en la responsabilidad, ya que quien quería ser amnistiado tenía que admitir que
había cometido un delito. Es obvio que las personas inocentes o
las que afirmaban serlo no necesitaban amnistía.
Algunos se quejaban de que este procedimiento era demasiado blando con los responsables. ¿Era así de hecho?
41
Dios no es cristiano
Todos sabemos lo difícil que resulta decir: «Lo siento». Esta es
una de las frases más difíciles de decir en cualquier lengua.
A mí no me resulta fácil pronunciarla, ni siquiera para dirigirme a
mi esposa en la privacidad de nuestro dormitorio. Podemos imaginar, entonces, lo que debió significar para los responsables tener
que confesarlo públicamente, bajo los potentes focos de la televisión. A menudo, el responsable había sido un miembro respetado
de su comunidad. Con frecuencia era la primera vez que su propia
familia oía que ese aparente dechado de virtudes había sido en realidad miembro de un grupo de policías que habían usado rutinariamente la tortura con los detenidos, o que había sido miembro
de un escuadrón de la muerte que asesinaba con toda naturalidad a
quienes eran vistos como opositores al cruel sistema del apartheid.
Tuvieron que pagar un precio caro: el estigma de la vergüenza y la
humillación pública; y, en algunos casos, las conmocionadas esposas terminaron divorciándose de sus maridos.
Pero si usamos este argumento, estaríamos pensando solo
en clave de justicia retributiva, una justicia cuya razón de ser
es castigar al responsable. Hay otra clase de justicia: la justicia restaurativa, cuya finalidad principal no es punitiva, sino
restaurativa, sanadora. Esta mantiene en el centro la humanidad esencial del autor de las atrocidades, incluso de las más
espantosas, y nunca da por perdido a nadie, pues cree en la
bondad esencial de todos los seres humanos, creados a imagen de Dios, y cree que incluso el peor de los hombres sigue
siendo un hijo de Dios con capacidad de ser mejor, alguien
que merece ser salvado, rehabilitado, no condenado al ostracismo, sino destinado, en último término, a ser reintegrado en
la comunidad. La justicia restaurativa cree que una ofensa ha
provocado una ruptura, ha alterado el equilibrio social; este
42
Sobre la justicia
debe ser restaurado, y la ruptura debe ser sanada, en un proceso a través del cual el infractor y la víctima se pueden reconciliar y se puede restablecer la paz.
Hechos monstruosos y hasta diabólicos
«Le dimos un café que contenía droga y después le
pegamos un tiro en la cabeza. Quemamos su cuerpo y
mientras tanto –un cuerpo humano tarda en quemarse
entre seis y siete horas– estuvimos bebiendo cerveza y disfrutando de una barbacoa».
Uno se pregunta si queda algo de la condición humana
en alguien capaz de comportarse así. Con razón, la gente se
sentía horrorizada y decía que las personas culpables de tales
conductas eran monstruos o demonios. Nosotros tuvimos que
precisar que, efectivamente, esas personas eran responsables de
hechos monstruosos e incluso diabólicos, según la presentación que ellas mismas habían hecho, pero –y este era un «pero»
importante– esto no les convertía en monstruos o demonios.
Si hubiéramos afirmado que eran monstruos, ello significaría que no podrían ser consideradas moralmente responsables
de sus actos. Los monstruos no tienen responsabilidad moral.
Pero aún más serio era el hecho de que les estaríamos cerrando
la puerta a cualquier posibilidad personal de mejorar y, por
tanto, realmente la Comisión para la Verdad y la Reconciliación debería abandonar sus trabajos porque se basaba en la
premisa según la cual las personas conservaban la capacidad de
cambiar y los enemigos podían convertirse en amigos.
43
Dios no es cristiano
El ubuntu (y, por tanto, la justicia restaurativa) no renuncia
a nadie. Nadie es un caso totalmente desesperado e irredimible.
Todos, incluso los peores de nosotros, seguimos siendo hijos de
Dios. Todos conservamos la capacidad para llegar a ser santos. Para
nosotros como cristianos, el ejemplo supremo lo proporcionan
nuestro Señor y el ladrón arrepentido en la cruz. El ladrón había
llevado una vida de crímenes presumiblemente hasta el momento
en que fue crucificado. Algunos podrían sentirse horrorizados por
este arrepentimiento y conversión poco antes de morir, pero no
Dios, a quien tratamos de imitar. «Sed perfectos, como vuestro
Padre celestial es perfecto» (Mateo 5,48) es la exhortación de
Jesús. No podemos declarar categóricamente que una determinada persona tiene un tique de primera clase para el infierno. Nos
sorprenderemos al comprobar que en el cielo encontraremos a las
personas que menos esperábamos y es posible que no estén allí
aquellas a las que esperábamos encontrar.
La fuerza de la verdad como realidad sanadora
Yo no había esperado que pasaran tantas cosas maravillosas
como sucedieron en la Comisión para la Verdad y la Reconciliación. Recuerdo que una madre llegó para prestar declaración sobre su hijo, que había desaparecido sin dejar rastro.
Nunca olvidaré su voz, su angustia y su profunda aflicción:
«Por favor, encontrad aunque solo sea un hueso de mi hijo
de modo que al menos podamos darle un entierro decente».
Lamentablemente, no pudimos ayudarla.
Otras personas habían sido secuestradas por las fuerzas de
seguridad del apartheid y habían sido asesinadas y enterradas en
44
Sobre la justicia
secreto. Gracias a las solicitudes de amnistía pudimos obtener
información que nos permitió encontrar fosas secretas de las que
exhumamos los restos de las personas secuestradas. En uno de
esos lugares, la fosa estaba abierta y la familia de la víctima estaba
mirando cuando un joven del grupo exclamó: «Ahí está mi hermano. Yo le compré esos zapatos». Se había realizado una identificación positiva. La familia supo en ese momento lo que había
sucedido y llegó al punto final del proceso cuando pudieron dar
un entierro decente a su ser querido. Hasta entonces yo no sabía
que la verdad podía tener una fuerza sanadora tan poderosa.
En otra ocasión, un joven acudió a testificar ante la Comisión. Había perdido la vista cuando los policías abrieron fuego
en un asentamiento urbano para negros. Contó su historia y
al final le preguntaron cómo se sentía. Este joven ciego sonrió
y dijo: «Me habéis devuelto mis ojos». Parecía que el hecho de
contar su historia en un foro amistoso y solidario había tenido
un poder maravillosamente terapéutico. Al afirmar oficialmente su historia, su verdad, la Comisión y, con ello, toda la
nación estaban afirmándola. Esto hizo que se sintiera valorado
y apreciado, que sintiera que de algún modo su sufrimiento
no había sido en vano, que había hecho una contribución a la
«lucha» que había terminado en una victoria para la justicia y
la libertad –y él había formado parte de esta realidad gloriosa.
Un afrikáner4 blanco había perdido un hijo en un atentado con
bomba perpetrado por el CNA. Acudió a la Comisión –fue uno
de los pocos blancos que se presentaron para contarnos su historia, contrariamente a los que solicitaban la amnistía– y nos dejó
pasmados a todos porque no sentía amargura ni ira. Dijo algo realmente sorprendente, y en muchos sentidos muy valiente, incluso
después de la transición del apartheid a la democracia. Dijo que si
45
Dios no es cristiano
estaba resentido, no era contra el CNA que había asesinado a su
hijo, sino contra el gobierno del apartheid, formado sobre todo por
afrikáners, y añadió que creía que la muerte de su hijo había contribuido a los cambios positivos que estaban teniendo lugar en el país.
Cuando concluyó su testimonio, le dije que en nuestro país había
personas extraordinarias y que no era extraño que tuvieran lugar
milagros como el de nuestra transición.
Otro blanco, un ex oficial de las Fuerzas Aéreas Sudafricanas,
había perdido la vista como consecuencia de un ataque con cochebomba del CNA en el cuartel general de las Fuerzas Aéreas en una
de las calles principales de Pretoria. Murieron veintiuna personas y doscientas diecinueve resultaron heridas. El oficial blanco,
Neville Clarence, dijo que no albergaba resentimiento contra los
responsables. No se oponía a la solicitud de amnistía de Aboobaker Ismail, el principal responsable de la planificación del ataque, que pidió perdón por las víctimas civiles. Clarence e Ismail
se dieron la mano y Clarence dijo que le perdonaba y que tenían
que trabajar juntos por el bien común de todos. Después dijo que
era como si no quisieran despedirse. La fotografía en la que aparecían dándose la mano fue retransmitida por televisión e impresa
en las primeras páginas de nuestros periódicos, y habló sobre el
contenido del proceso de reconciliación con más elocuencia que
mil palabras.
Conclusión
Podría multiplicar los ejemplos como estos, pero tengo que
decir también que hubo otras personas que sostenían que la verdad exigía que los responsables fueran llevados a juicio, y otras
46
Sobre la justicia
que se negaban a perdonar, a menudo porque sostenían que
quienes solicitaban la amnistía no habían dicho toda la verdad.
Lo que todo esto indica es que el perdón no es nunca
barato, no es nunca fácil, pero es posible y, en último término, la reconciliación real solamente puede tener lugar
sobre la base de la verdad. En realidad, no puede haber
futuro sin perdón, porque la venganza solamente engendra
nueva violencia, causando una inexorable espiral de represalias, que provocan contra-represalias ad infinitum5.
«Porque, en verdad, el odio en este mundo no es
apaciguado con el odio; el odio es apaciguado solamente
con el amor. Esta es la ley eterna.»
Dhammapada6
47
5
Nuestra gloriosa diversidad
¿Por qué hemos de celebrar la diferencia?
Cuando se fue difuminando el recuerdo del apartheid en el mundo,
Desmond Tutu respondió a una lluvia de invitaciones para hablar
por todo el mundo sobre las implicaciones prácticas del ubuntu. He
aquí un extracto de un discurso dirigido a la Comisión sobre Derechos Humanos de Naciones Unidas en Ginebra en 2001.
H
abitamos en un universo que se caracteriza por la diversidad: no es un solo planeta o una estrella; hay galaxias de
diferentes clases, una plétora de especies animales, diferentes clases
de plantas y diferentes razas y grupos étnicos. Dios nos lo muestra sirviéndose incluso de un cuerpo humano: está compuesto de
diferentes órganos que realizan diferentes funciones y es precisamente esa diversidad lo que constituye un organismo. Si estuviera
formado por un solo órgano, no sería un cuerpo humano. La realidad nos hace tomar conciencia constantemente de la gloriosa
diversidad inscrita en la estructura del universo que habitamos
y nos ayuda a ver que si fuera de otra manera, las cosas termina-
Dios no es cristiano
rían mal. ¿Puede haber un equipo de fútbol si todos son porteros?
¿Puede haber una orquesta si todos los músicos tocan el trombón?
Para los cristianos, que creen que son creados a imagen de Dios,
lo que reflejamos nosotros y la creación entera es la Divinidad, la
diversidad en la unidad y la tri-unidad de Dios. Esta imago Dei es
también la que dota a cada ser humano –cualquiera que sea nuestra
raza, género, educación y estatus social o económico– de infinito
valor, haciéndonos preciosos a los ojos de Dios. Ese valor es intrínseco a lo que somos, y no depende de nada externo o extrínseco.
Así, no puede haber razas superiores ni inferiores. Todos tenemos el
mismo valor, nacemos iguales en dignidad y libres y, por esta razón,
merecemos ser respetados, cualesquiera que sean nuestras circunstancias externas. Somos creados libremente para ser libres como
seres capaces de tomar decisiones y, por tanto, debemos ser respetados por derecho propio y debemos recibir espacio personal para ser
autónomos. Formamos parte de un mundo cuya estructura y esencia es la diversidad, en una extensión casi desconcertante. Ignorar
este hecho básico es vivir de espaldas a la realidad.
Vivimos en un universo marcado por la diversidad como la ley
de su ser y de nuestro ser. Hemos sido creados para existir en una
vida que debería estar marcada por la cooperación, la interdependencia, el compartir, la solicitud, la compasión y la complementariedad. Deberíamos celebrar nuestra diversidad; deberíamos
alegrarnos de nuestras diferencias, porque no son causa de separación, alejamiento y hostilidad, sino de las magníficas realidades contrarias a estas. La ley de nuestro ser es vivir en solidaridad,
amistad, amabilidad, desinterés, interdependencia y complementariedad, como hermanos y hermanas de una familia, la familia
humana, la familia de Dios. Ya hemos experimentado que cualquier otra cosa conduce al desastre.
50
Nuestra gloriosa diversidad
El racismo, la xenofobia y la discriminación injusta han causado la esclavitud, cuando los seres humanos han comprado,
vendido, poseído y marcado con hierro a otros seres humanos
como si fueran bestias de carga. Han producido el Ku Klux
Klan y los linchamientos perpetrados por los segregacionistas
del Sur de los Estados Unidos. Han dado origen al Holocausto
de Alemania y a otros holocaustos en Armenia y en Ruanda; a
la limpieza étnica en los Balcanes; al horror del apartheid y a lo
que hemos visto en Sri Lanka, en Irlanda del Norte, en Oriente
Medio y en Sudán, donde ha habido una espiral de represalias
que han llevado a contra-represalias, y estas, a su vez, a nuevas
represalias. Martin Luther King, Jr., dijo: «Si está vigente la ley
del ojo por ojo, al final todos quedaremos ciegos. Si no aprendemos a vivir como hermanos, moriremos juntos como locos».
La religión, que debería fomentar la sororidad y la fraternidad,
que debería alentar la tolerancia, el respeto, la compasión, la paz,
la reconciliación, el cuidado de los demás y el compartir, ha hecho
con demasiada frecuencia –y perversamente– lo contrario. La religión ha provocado el enfrentamiento y el conflicto, y ha exacerbado
la intolerancia, la injusticia y la opresión. Algunas de las atrocidades
más espantosas han sucedido, y están sucediendo, en nombre de la
religión. No es necesario que sea así si podemos aprender lo obvio:
que ninguna religión puede abrigar esperanzas de tener el monopolio sobre Dios, sobre la bondad, sobre la virtud y la verdad.
Nuestra supervivencia como especie no dependerá del
poder desenfrenado carente de dirección moral, ni se logrará
eliminando a los que son diferentes o buscando exclusivamente a los que piensan, hablan, se comportan y se parecen a
nosotros. Ese camino conduce al estancamiento y, en último
término, a la muerte y la desintegración. Ese es el camino que
51
Dios no es cristiano
recorren las personas especialmente en tiempos de transición,
de inestabilidad e inseguridad, cuando hay desórdenes y agitación social, pobreza y desempleo. En esas situaciones, la
gente busca refugio en fundamentalismos de toda clase. Buscan chivos expiatorios y los encuentran en los que son diferentes por su aspecto, por su conducta, su raza y su pensamiento.
La ambivalencia impacienta a la gente. No se toleran las diferencias de opinión y están de moda las respuestas simplistas,
mientras que la realidad es que los problemas son complejos.
Necesitamos urgentemente trabajar por la coexistencia y la
tolerancia, y decir: «No estoy de acuerdo contigo, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a tener tu propia opinión».
Solo cuando respetamos incluso a nuestros adversarios y los
vemos, no como ogros, deshumanizados y demonizados, sino
como seres humanos que merecen ser respetados por su personalidad y dignidad, solo entonces estamos comportándonos
de una manera que permite prevenir los conflictos. Hay espacio para todos; hay espacio para todas las culturas, razas, lenguas y puntos de vista.
52
6
Todos, todos son hijos de Dios
Sobre la inclusión de los gais y las lesbianas
en la Iglesia y en la sociedad
Desmond Tutu disiente de la política oficial de la mayoría de las Iglesias anglicanas, que sostienen que los gais y las lesbianas deberían ser
célibes; y desde que es arzobispo emérito de Ciudad del Cabo se ha
convertido en una de las figuras más prominentes del mundo en su
defensa de un cambio de actitud de las instituciones religiosas hacia
la sexualidad humana.
1
La postura de Tutu se refleja en extractos de un artículo de periódico y
de un sermón predicado en la Southwark Catedral, Londres, en 2004.
Dios no es cristiano
U
n estudiante me preguntó en una ocasión cuál sería mi deseo
para vencer la injusticia si supiera que me iba a ser concedido.
Le respondí que en realidad tenía dos. Uno era que los líderes mundiales perdonaran las deudas de las naciones en vías de desarrollo,
porque retenían a estas en condiciones de esclavitud. El otro era
que el mundo pusiera fin a la persecución de las personas por causa
de su orientación sexual, que es tan injusta como el apartheid y, por
tanto, constituye un crimen contra la humanidad.
Esta es una cuestión de justicia ordinaria. Luchamos contra el
apartheid en Sudáfrica, sostenidos por personas de todo el mundo,
porque a los negros se nos echaba la culpa y se nos hacía sufrir por
algo contra lo que no podíamos hacer nada: el color de nuestra piel.
Lo mismo sucede con nuestra orientación sexual. Es algo que nos
viene dado. Después de haber luchado contra la discriminación del
apartheid, no puedo dejar de luchar contra la discriminación que
sufren los homosexuales, incluso en nuestras Iglesias y grupos de fe.
Estoy orgulloso de que en Sudáfrica, donde conseguimos la oportunidad de aprobar nuestra propia constitución, los derechos humanos de todos hayan sido consagrados explícitamente en nuestras
leyes. Mi esperanza es que esto suceda algún día en todo el mundo, y
que todos tengamos los mismos derechos. Para mí, esta lucha es una
«túnica sin costura»: la oposición contra el apartheid era una exigencia de la justicia; la oposición contra la discriminación de las mujeres
es una exigencia de la justicia; la oposición contra la discriminación
basada en la orientación sexual es una exigencia de la justicia.
Es también una exigencia del amor. Todo ser humano es precioso. Todos –todos nosotros– formamos parte de la familia de
Dios. A todos se nos tiene que permitir amarnos unos a otros con
honor. Sin embargo, en todo el mundo se persigue a las lesbianas,
a los gais y a las personas bisexuales y transexuales. Las tratamos
54
Todos, todos son hijos de Dios
como parias y las expulsamos de nuestras comunidades. Hacemos que duden de que también ellas son hijas de Dios. Esta debería ser la última blasfemia. Les echamos la culpa de lo que son.
Las Iglesias dicen que la expresión del amor en una relación
monógama heterosexual incluye la dimensión física: tocar, abrazar, besar, el acto genital. La totalidad de nuestro amor hace que
crezcamos para llegar a ser cada vez más divinos y compasivos.
Si es así para los heterosexuales, ¿qué razones tenemos para decir
que no es así también para los homosexuales?
No puedo concebir que el Jesús al que adoro colaborara con
aquellos que vilipendian y persiguen a una minoría ya oprimida. Yo
mismo, después de haberme opuesto a la injusticia de la penalización
de personas por algo contra lo que no podían hacer nada –su raza–,
no soy capaz de quedarme quieto cuando las mujeres son penalizadas por algo contra lo que no pueden hacer nada –su género–; por
eso apoyo la causa de la ordenación sacerdotal y episcopal de mujeres.
Asimismo, no puedo quedarme quieto cuando las personas son penalizadas por otra realidad sobre la que tampoco
pueden hacer nada: su sexualidad. Discriminar a nuestras hermanas lesbianas o a nuestros hermanos gais por razón de su
orientación sexual es para mí algo tan totalmente inaceptable
e injusto como el apartheid.
2
Los llamamientos a la inclusividad más característicos y realizados
desde el púlpito por Tutu se reflejan en extractos de sermones predicados en la catedral de San Pablo (London, Ontario) y en la iglesia
de Todos los Santos (Pasadena, California).
55
Dios no es cristiano
Vosotros y yo estamos llamados a decir que hay una apertura
demostrada por los brazos de nuestro Señor clavado en la cruz
para abrazar al cosmos entero, porque la intención de Dios era
incluir, llevar todas las cosas a la unidad, en nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Nada debe quedar fuera. El mandato de Dios
está vigente en todas partes y vosotros y yo hemos sido con frecuencia demasiado expertos en tratar de descubrir quién puede
incorporarse al grupo y quién podría ser excluido.
Dios no tiene enemigos porque todos, todos –el ateo, el
pecador, cada uno de los seres humanos a quienes hemos
tratado de excluir del grupo de las personas dignas de respeto– son hijos de Dios. Nuestra preocupación debe consistir en descubrir cómo abrazamos a todos, como incorporamos
a todos, cómo decimos: «Todos somos iguales y tenemos el
mismo valor a los ojos de nuestro Padre».
Jesús no dijo: «Cuando sea elevado, atraeré a algunos», sino
que dijo: «Cuando sea elevado de la tierra, atraeré a todos, a
todos, a todos, a todos, a todos» (Juan 12,32), negros, blancos, amarillos, ricos, pobres, inteligentes, no tan inteligentes,
bellos, no tan bellos. Es uno de los dichos de Jesús más radicales.
Todos, todos, todos pertenecen al grupo: gais, lesbianas, los llamados «hetero». Todos, todos estamos llamados a ser sostenidos
en este increíble abrazo del que no seremos excluidos. Todos.
56
SEGUNDA PARTE
Defensor internacional
de la justicia
7
La libertad es más barata
que la represión
Sobre la democracia en África
La concesión del premio Nobel de la Paz a Desmond Tutu en 1984
dio una proyección internacional a su voz, más allá de los círculos eclesiales y del anti-apartheid en los que se había movido hasta entonces.
Una de las primeras organizaciones en sacar partido del nuevo estatus de Tutu fue la Conferencia Panafricana de Iglesias, el consejo ecuménico que representa a las Iglesias protestantes de África, que eligió
a Tutu como presidente en 1987. Tutu era una de las personas que
mejor conocía a las Iglesias y naciones de África: había trabajado para
la Theological Education Fund a principios de la década de 1970,
había visitado seminarios, universidades e Iglesias en situaciones tan
variadas como la de Nigeria, que se recuperaba de la guerra civil, la
de Uganda bajo la dictadura de Idi Amin, las de Ruanda y Burundi
después del asesinato de decenas de miles de personas en el conflicto
interracial, las de Angola y Mozambique bajo dominio portugués, y la
de Zimbabue, que a la sazón se llamaba Rhodesia y estaba aún gober-
Dios no es cristiano
nado por los blancos. Sus primeras experiencias en África contribuyeron a equiparle para hablar con confianza sobre lo que él veía como
fallos del nuevo gobierno democrático sudafricano después de la liberación; las notas de viaje que tomó en la década de 1970 muestran
que vio muy pocas cosas en Sudáfrica después de 1994 que no hubiera
visto ya dos décadas antes en alguna de las naciones africanas recién
liberadas1. Como presidente de la Conferencia Panafricana de Iglesias,
Tutu se inspiró en sus credenciales anti-apartheid, su conocimiento de
África y su estatus como galardonado con el premio Nobel de la Paz
para sostener a las Iglesias del continente que luchaban por los derechos
humanos en el proceso que recibió el nombre de «segunda ola» de liberación, durante la cual la democracia multipartidista creció vertiginosamente a través del continente después del final de la Guerra Fría.
1
Tutu esbozó por primera vez la postura que iba a tomar en un
discurso dirigido a la asamblea general de la Conferencia Panafricana de Iglesias que lo eligió presidente. El tema de la asamblea era «Seréis mis testigos», tomado de la exhortación de Jesús
a sus apóstoles, transmitida en Hechos 1,8.
S
omos verdaderos testigos si nos ponemos de parte de los débiles,
de los que carecen de poder y los explotados, si somos solidarios con ellos, si cuidamos de la viuda, del huérfano y del extranjero, si somos siervos de Dios. Pero cuando nos ponemos de parte
de los pobres, los débiles y los que carecen de importancia –según
la manera en que el mundo considera la importancia–, entonces a
los poderosos no les gusta, a los privilegiados les molesta y tal vez
nosotros tengamos que sufrir y hasta morir.
60
La libertad es más barata que la represión
Jesús dijo: «Quien no lleve su cruz y me siga no puede
ser discípulo mío» (Lucas 14,27). Una iglesia que no sufre
no puede ser la Iglesia de Jesucristo. Si hablamos como hizo
el arzobispo Janani Luwum en Uganda2, y como otros han
hecho y están haciendo en muchas partes del continente,
podemos ser asesinados. Pero Jesús dijo: «Si el grano de trigo
no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da
mucho fruto» (Juan 12,24).
Los sin voz, los débiles, los oprimidos y los explotados no tienen a nadie que los defienda, excepto a la Iglesia. Debemos ser patriotas que amamos a nuestros países
y naciones apasionadamente, como los profetas de Israel
amaron su país, su tierra y a su pueblo. Nuestro amor debería llevarnos a desear solo lo mejor para nuestras naciones, a
implicarnos en el verdadero desarrollo con el fin de que las
personas puedan entrar en la plenitud de todo lo que Dios
ha querido para ellas, que puedan empezar a disfrutar de la
vida, porque Cristo dijo: «He venido para que tengan vida
y la tengan en abundancia» (Juan 10,10), en su extraordinaria abundancia.
Debemos ser custodios de los derechos humanos de las
personas cuyos derechos humanos son ultrajados. Diremos:
«Que lleguen a ser sujetos, no objetos. Que sean capaces de
participar como quienes toman el control de su futuro». Y
elevamos nuestra oración: «Te pedimos, Dios, que ayudes a
los países de África a tener éxito en su independencia». Porque, amigos míos, cuando hay un golpe, cuando hay un golpe
de Estado en alguno de los países, retrasáis la lucha por la
liberación en Sudáfrica y los racistas sudafricanos dicen: «Ajá,
ya os habíamos dicho que no serían capaces de conseguirlo».
61
Dios no es cristiano
Tenemos que amar a nuestras naciones y nuestros países, pero
no podemos hacerlo a través de la corrupción, la injusticia y la
opresión de los poderosos y los ricos. Nos duele tener que admitir
que hay menos libertad personal en la mayoría de los países africanos independientes que la que existía en los tan denostados días
del colonialismo. El evangelio de Jesucristo no puede permitirnos
guardar silencio frente a esto. La verdad del evangelio nos obliga a
hablar y alzar la voz contra lo que es contrario a él.
Creo que la Iglesia en África debe comprometerse con la liberación. Nuestro Dios es el gran liberador, el Dios del éxodo, que hace
salir de la esclavitud a una multitud de esclavos para liberarlos de
todo aquello que hace que sean menos que lo que Dios quiere que
sean y los libera para que sean su pueblo. Debemos comprometernos con la total liberación de los hijos de Dios –política, social y
económicamente–, de modo que puedan disfrutar de lo que Pablo
llama la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Esto resulta aún más
obvio para vuestras hermanas y vuestros hermanos de Sudáfrica,
pero sería verdadero también para muchas personas en los países
africanos independientes, para las cuales lo único que parece haber
cambiado es el aspecto del opresor, porque los ricos se hacen más
ricos y los pobres se empobrecen más. Ellas esperan que demos testimonio de Dios defendiendo sus derechos.
2
En la década siguiente, Tutu usó sus visitas como presidente de la Conferencia Panafricana de Iglesias para asegurarse el acceso a los jefes
de Estado africanos y para alentar a las Iglesias a presionar en favor
62
La libertad es más barata que la represión
de la democracia. En febrero de 1989 viajó a Angola –país a la sazón
gobernado por un gobierno que pretendía ser marxista-leninista– y
Zaire –gobernado por el desgraciadamente famoso y prooccidental dictador Mobutu Sese Seko–. En Luanda, la capital angoleña, predicó a
veinte mil angoleños en un pabellón de baloncesto.
V
ivimos en un continente hermoso, pero es un continente
que está desangrándose. Es un continente que ha sufrido.
Es un continente que ha sido explotado durante el periodo
del colonialismo. Es un continente en el que muchas personas
han sido capturadas para ser vendidas como esclavas. En este
momento es un continente donde hay mucho sufrimiento. Es
un continente que está siendo destruido por la guerra civil.
Hay sufrimiento en lugares como Etiopía, Sudán y Mozambique. Se sufre en Angola por causa de la guerra civil y la lucha
contra la injusticia y la opresión del apartheid.
Es un continente que sufre porque tiene que soportar un enorme
peso: la deuda internacional y la malnutrición. Es un continente
que sufre por causa de la pobreza y por la excesiva explotación de
los ricos. Es un continente donde hay muy poca justicia y sabemos
que en esta parte del mundo se sufre porque los hijos de Dios son
tratados como si estuvieran sucios debido al color de su piel.
Así las cosas, a veces preguntamos: «¿Dónde estás, oh Dios, en
el sufrimiento de África? Dios nuestro, ¿amas a los negros como
a otras personas? ¿Por qué hemos de soportar tanto sufrimiento
debido al color de nuestra piel? ¿Por qué hemos de ser arrojados a
un horno de fuego, de sufrimiento, dolor y explotación?».
Entonces recordamos que tenemos un Dios que no nos
asesora, que no nos escribe cartas para decirnos cómo resolver
nuestros problemas; no tenemos un Dios que esté a muchos
63
Dios no es cristiano
kilómetros de distancia de nosotros. Nuestro Dios viene,
nuestro Dios entra en el horno de nuestro sufrimiento, porque nuestro Dios es Enmanuel. Nuestro Dios vino en nuestro Señor y Salvador Jesucristo para liberarnos de todo lo que
nos hace menos que lo que Dios quiere que seamos. Jesucristo
murió en la cruz para liberarnos, para hacernos hijos e hijas
de Dios. Jesucristo vino para que supiéramos que cada uno de
nosotros es especial para Dios, que cada uno de nosotros es un
hijo de Dios.
Amigos míos, estoy aquí de pie ante vosotros para aseguraros que Dios está con vosotros, que vuestra lucha por la verdadera independencia en esta tierra tendrá éxito, que nuestra
lucha en Sudáfrica y en Namibia tendrá éxito, que todos seremos libres juntos y, todos unidos, seremos una familia, porque
«si Dios está por nosotros, ¿quién puede estar contra nosotros?» (Romanos 8,31).
3
En Zaire (que recibiría el nombre de República Democrática del
Congo después del derrocamiento de Mobutu en 1997), los estudiantes de teología respondieron a las observaciones de Tutu sobre
la opresión y la Biblia con tanto entusiasmo como el que mostraban los jóvenes de Sudáfrica en aquel momento. Tutu hizo estos
comentarios teniendo como trasfondo la tensión entre los universitarios y el régimen de Mobutu.
64
La libertad es más barata que la represión
E
n muchos países que son totalitarios y opresivos, los gobiernos prohíben determinadas obras literarias. En Sudáfrica se
han prohibido muchos libros. Nosotros dijimos al gobierno de
Sudáfrica: «Llegáis demasiado tarde, porque el libro que deberíais haber prohibido hace mucho tiempo es la Biblia, ya que es
el libro más revolucionario en una situación de opresión».
San Pablo dice que cada uno de nosotros es un templo del
Espíritu Santo. Tratar a una persona como si fuera menos que
esto no solo es un error, sino también una blasfemia. Y esto no
lo deducimos de un manifiesto político, sino de la Biblia. Y en
la Biblia aprendemos que Dios es un Dios que toma partido.
Dios no es neutral. Es un Dios que está siempre de parte de
los pobres, los oprimidos y los pequeños que son despreciados;
y por esta razón nosotros, su Iglesia, hemos de ser solidarios
con los pobres, los sin techo, los hambrientos y los oprimidos.
Por eso, hermanas y hermanos míos, habéis sido llamados a
una elevada vocación. Habéis de recordar a la Iglesia que cada
vez que obedezca a su Señor y Maestro, terminará, como su
Señor y Maestro, en la cruz. Porque cuando la Iglesia habla a
favor de los débiles y los pobres, a los poderosos y a los ricos les
disgusta y la Iglesia tiene que sufrir. Una iglesia que no sufre
no es la Iglesia de Jesucristo.
4
La principal celebración litúrgica dominical de la visita al Zaire
fue desplazada por el gobierno de un estadio en Kinshasa a los
terrenos vallados del Parlamento, el Palais du Peuple, que era
controlado con más facilidad por las tropas de Mobutu.
65
Dios no es cristiano
Á
frica tiene la poco envidiable distinción de producir
el mayor número de refugiados en todo el mundo. Por
supuesto, muchos de ellos son refugiados por causa de desastres naturales. Pero tristemente, hermanas y hermanos míos, la
mayoría de ellos son refugiados por causa de la injusticia y
la opresión en sus países de origen. Porque hemos de confesar,
triste y humildemente, que África tiene una de las peores tasas
de violaciones de los derechos humanos. En África abundan las
dictaduras militares.
En muchos lugares, lo único que ha cambiado para las personas que sufren es el aspecto del opresor. En los tiempos coloniales,
el opresor tenía una apariencia distinta. Tristemente, en la actualidad el aspecto del opresor es el mismo que el del oprimido.
Por eso decimos a todos los gobernantes injustos en cualquier
parte: «¡Cuidado! ¡Ojo! Estad alerta en Sudáfrica. ¡Gobernante
injusto, ten cuidado, dondequiera que estés!». Estamos totalmente convencidos de que seremos libres. La sangre de Jesucristo
nos compró para que fuéramos libres con el fin de gozar de la gloriosa libertad de los hijos de Dios.
5
En octubre de 1989, Tutu visitó Jartum, Sudán, cuatro meses después de que Omar Hassan al-Bashir (que sigue siendo presidente del
país en la actualidad [2012]) se hiciera con el control del gobierno
mediante un golpe militar. Como en Kinshasa, las críticas más afiladas de Tutu no se dirigieron aparentemente contra el gobierno
de sus anfitriones. Pero también como en Kinshasa, los estudiantes
66
La libertad es más barata que la represión
de la Universidad de Jartum establecieron paralelos por su cuenta,
como pusieron de manifiesto sus aplausos cuando Tutu citó los abusos que eran comunes en Sudáfrica y Sudán.
A
migos, África tiene muchos dones que puede dar al
mundo, pero está agonizando, está sufriendo indeciblemente. Sufre pobreza, malnutrición y toda clase de males espantosos. África sufre también por causa de una de las tasas más
horrendas de violación de los derechos humanos. Y decir que no
podemos permitir por más tiempo esta situación no es meterse
en política. No está bien que la gente grite que está mal que
haya detenciones sin juicio en Sudáfrica –y que las condenen
con toda la razón–, y que después, cuando eso sucede en otras
partes, esperen que uno se quede quieto. Uno tiene que decir
que si está mal en Sudáfrica, tiene que estar mal también dondequiera que ocurra. Si no tenemos cuidado, África morirá. Y
nosotros seremos responsables ante el tribunal de Dios. ¿Qué
habéis hecho? ¿Qué habéis hecho para defender la justicia?
Hemos de decir que estamos angustiados, profundamente
angustiados por lo que está sucediendo aquí, por esta guerra civil,
donde los niños mueren de hambre, donde hay tantas personas
desplazadas. Amigos, no podemos actuar como si esto no estuviera sucediendo. El saludo musulmán es «Salam» o «Salaam».
Salam significa «paz»: pero no es la paz en sentido negativo, sino
la paz que implica que nos esforzamos por la prosperidad, por la
totalidad, por la bondad, por la compasión, por el amor, por el
cuidado de los demás, por compartir con ellos. Si eres musulmán
y no lo haces, no eres un buen musulmán. Si eres cristiano o judío
y no te esfuerzas por el establecimiento del reino de Dios, entonces no eres un buen cristiano ni un buen judío.
67
Dios no es cristiano
Venimos humildemente, venimos temblando, pero para deciros, hermanos y hermanas, que si fracasáis aquí, hacéis que fracasemos allá abajo, en Sudáfrica. Porque siempre nos dicen:
«Vosotros, los negros, decís que queréis libertad, pero, ¿qué sabéis
sobre la libertad? Mirad lo que están haciendo en Etiopía, mirad
lo que están haciendo en Sudán, mirad lo que están haciendo
en Uganda», y tenemos que quedarnos sentados y sufrir bajo el
apartheid. Ya veis que formamos un solo grupo. Si tenéis éxito,
nosotros tenemos éxito; si fracasáis, nosotros fracasamos. Por eso
oramos para que os esforcéis y nosotros haremos todo lo posible
para esforzarnos con vosotros, de modo que un día África sea realmente libre –todo el continente africano, negros, blancos, amarillos, verdes y todos los hijos de Dios.
6
Desde Jartum, Tutu fue a Addis Abeba, donde Mengistu Haile
Mariam presidía el régimen totalitario que había establecido después de deponer a Haile Selassie, gobernante tradicional de Etiopía,
quince años antes. Cuando el sermón del que se toman los siguientes
extractos fue predicado en Addis Abeba, se produjo una conmoción
entre los miembros de la comunidad que hablaban inglés y amhárico, la lengua a la que se estaba traduciendo. Después explicaron
que el sermón traducido no era el mismo que el predicado: «Esas
cosas no se dicen en público en amhárico en Etiopía».
¿
Recordáis el relato del profeta Elías, cuando compitió con
los cuatrocientos profetas de Baal (1 Reyes 18,17-39)? Él
les dijo a los hijos de Israel: «Tenéis que elegir entre Dios y
68
La libertad es más barata que la represión
Baal, el falso dios». Y añadió: «Vamos a celebrar una competición; tenemos que escoger dos novillos. Vosotros, los profetas de Baal, sacrificaréis vuestro novillo y lo colocaréis sobre
la leña, pero sin prenderle fuego. Yo tomaré el otro novillo;
lo sacrificaré y lo colocaré sobre la leña, pero sin prenderle
fuego. Después, cada grupo invocará a su dios, y el dios que
responda con fuego, ese es el verdadero Dios». Elías dijo a los
profetas de Baal: «Empezad vosotros. Invocad a vuestro dios».
Y los profetas de Baal danzaron y clamaron a su Dios: «¡Baal,
respóndenos!». Danzaron y se hicieron incisiones y toda clase
de cosas, gritando: «¡Baal, respóndenos!». Pero no pasó nada.
Elías estaba tendido en el suelo riéndose de los profetas de
Baal. Les dijo: «Gritad con voz más fuerte. Tal vez vuestro dios
esté sordo y no pueda oíros. Tal vez esté de vacaciones. Quizá
esté dormido o sencillamente se haya ido» –de hecho, en la
Biblia se dice: «Tal vez se haya ido a hacer sus necesidades».
Lo realmente importante es que Dios nunca se toma un
día libre. Nuestro Dios está siempre ahí. Nuestro Dios no se
toma vacaciones. No está sordo. No duerme nunca. ¿Recordáis lo que sucedió cuando Dios habló a Moisés? Le dijo: «He
visto el sufrimiento de mi pueblo. He oído su grito. Conozco
su sufrimiento y he bajado para librarlos». Cuando estábamos esclavizados por el diablo, Dios vio lo que sufríamos por
ser esclavos del diablo. Dios conocía nuestra situación. Dios
vio y descendió en nuestro Señor y Salvador Jesucristo para
librarnos de nuestra esclavitud.
Observad la situación de África en este momento, el sufrimiento de los hijos de Dios en todo el continente africano:
los pobres se empobrecen cada vez más y los hambrientos tienen cada vez más hambre. Contemplad la situación de todo
69
Dios no es cristiano
el continente africano y veréis que muchos hijos de Dios
sufren opresión. Veréis que los hijos de Dios son encarcelados
muchas veces injustamente. Veréis que en todo el continente
africano los hijos de Dios son tratados como si fueran basura.
En muchas partes de África vemos que a los hijos de Dios se
les obliga a morder el polvo y son pisoteados por los poderosos. En muchas partes de África, los hijos de Dios no pueden
decir lo que quieren porque si dicen: «No, eso está mal», son
encarcelados o asesinados. Esto no sucede solo en Sudáfrica,
pero allí es más evidente.
Pero dirijamos nuestra mirada a todo el continente africano. Hay guerras aquí, allí, en todas partes. Hay guerras en
Sudán, en Chad, en Etiopía. Y la gente pregunta: «¿Dónde está
Dios? ¿Dónde está Dios cuando sufrimos de esta manera?».
Hemos venido para deciros que nuestro Dios es un Dios que
ve. Nuestro Dios es un Dios que conoce nuestra situación.
Nuestro Dios es un Dios que oye. Cuando los hijos de Dios
gritan por causa de su esclavitud, cuando gritan porque padecen desnutrición y hambre, Dios lo sabe, Dios lo ve, Dios lo
oye y baja para librarlos. Dios desciende para librar a sus hijos
de su esclavitud, porque Dios es un Dios que toma partido
por los hambrientos, los pobres y los marginados.
Por eso podemos decir a los poderosos en todas partes y decimos a los opresores en todas partes: «¡Estad alerta! ¡Vigilad! ¡Estad
alerta, porque Dios viene a librar!». Si eres un opresor, entonces
te opones a Dios y ¿quién eres tú para enfrentarte a Dios? Y por
eso decimos a los hijos de Dios en todas partes: «Dios os librará».
Dios os convoca a todos los seguidores de su Hijo a colaborar con
él, a dar de comer a los hambrientos en nombre de Dios, a vestir
a los desnudos en nombre de Dios, a dar agua a los sedientos en
70
La libertad es más barata que la represión
nombre de Dios. Dios os llama a ser sus colaboradores, sus socios,
a trabajar por la justicia y la paz, para que África, Etiopía y todos
los países sean países que reconocen a Dios como Señor y Rey.
Diecinueve meses más tarde, el régimen de Mengistu cayó bajo la presión combinada de rebeldes de la provincia de Tigray, una guerra de
independencia de los eritreos y la retirada del apoyo soviético después
de la llegada al poder de Mijail Gorbachov. Cuando las fuerzas de
Tigray y Eritrea cerraron el cerco en torno a Addis Abeba, Mengistu se
exilió en Zimbabue. Fue juzgado in absentia, acusado de genocidio
tal como se define en la ley de Etiopía. Fue condenado y sentenciado a
cadena perpetua; después, un tribunal de apelación anuló la sentencia e impuso la pena de muerte. En 2010, Robert Mugabe, presidente
de Zimbabue, seguía dándole aún asilo.
7
En 1990, Tutu extendió su campaña de respeto a los derechos
humanos en África hacia África Occidental, donde propagó, en las
visitas realizadas a Ghana y Nigeria, un eslogan –que había usado
por primera vez en Kenia– sobre el precio del régimen autoritario.
A
los gobernantes que no son gobernantes democráticos
seguimos diciéndoles, en África y en otras partes: «Oíd,
aprended esta sencilla verdad: “¡La libertad es más barata que la
represión!”». Porque cuando uno es un líder popular, cuando
uno es un líder escogido por el pueblo, no necesita mucha
seguridad; todos los ciudadanos son sus guardias de seguridad.
71
Dios no es cristiano
Por favor, por favor, por favor, gobernantes de África, dad al
pueblo la libertad para elegir y para elegir libremente. Una vez
que lo hagáis, una vez que os abráis y digáis a los ciudadanos:
«Sois libres», las energías que ellos liberarán serán increíbles, porque el pueblo tiene un gran orgullo, un profundo patriotismo.
Quieren que su país tenga éxito para poder caminar erguidos y
orgullosos, y decir: «Soy de Ghana y somos libres en Ghana»,
«Soy de Nigeria y somos libres. Podemos decir lo que queremos».
Casi en todas partes, los gobernantes han perdido el contacto con su pueblo. No se atreven a estar en medio del pueblo. África es demasiado preciosa para dejarla en manos de
dictadores. La gente ha olvidado la forma de gobernar africana. En casi todo el continente africano, el buen jefe era el
varón que sabía escuchar y después conseguía un consenso. El
consenso se produce cuando hay gente que tiene diferentes
puntos de vista y el buen gobernante dice: «Os he escuchado
a todos. No estamos sometiendo el asunto a votación, pero al
escucharos, pienso que la mayoría de vosotros sentís que debemos ir por este camino y no por ese otro».
El gobernante que sabía discernir lo que el pueblo quería era el que duraba en su trono. El gobernante que no sabía
hacerlo, no duraba mucho. Nos gustaría que nuestros gobernantes se mantuvieran porque han sido elegidos por la voluntad y el consentimiento del pueblo. Queremos que África
sea la estrella del mundo, porque es un continente que tiene
muchos, muchos dones, pero ha sido empobrecido por gobernantes que se han enriquecido con demasiada frecuencia a
costa de la gente sencilla.
Por eso decimos: «¡Viva la libertad! ¡Larga vida a la libertad!
¡Larga vida a la democracia! ¡Larga vida al pueblo!».
72
8
¡Vigilad! ¡Vigilad!
Sobre la esperanza y los derechos humanos
en situaciones de conflicto
Más allá del continente africano, Desmond Tutu fue invitado en
1989 a unirse a los dirigentes de las Iglesias anglicanas en Canadá
(el arzobispo Michael Peers), en los Estados Unidos (el obispo presidente Edmond Browning) y en las Antillas (el arzobispo Orland
Lindsay), en una visita pastoral a Centroamérica. Dos años después
visitó Irlanda.
1
En Nicaragua gobernaban los sandinistas, y la administración estadounidense apoyaba a los rebeldes de la Contra que trataban de
derrocarlos. En un sermón predicado en la iglesia de San Francisco,
Managua, Tutu anunció a los nicaragüenses el mismo mensaje que
predicaba a quienes sufrían en África.
Dios no es cristiano
H
emos venido a deciros, hermanas y hermanos de Nicaragua, que no estáis solos. Tenéis más hermanas y hermanos que los que podéis contar en muchas partes del mundo.
Queremos compartir unas palabras con vosotros, porque vuestro testimonio nos ha fortalecido.
¿Recordáis el maravilloso relato bíblico de los tres jóvenes (Daniel 3)? El rey erigió una enorme estatua y dijo:
«Todos los habitantes del país tienen que adorar esta estatua. Quién se niegue a dar culto a la estatua del rey será
arrojado a un horno de fuego». ¿Recordáis a los tres jóvenes que dijeron: «No adoraremos la estatua del rey»? El rey
se irritó, se enfureció mucho y les preguntó: «¿No queréis
adorar mi estatua?». Ellos respondieron: «No, rey». El rey
ordenó: «Calentad el horno siete veces más que antes». Y
los tres jóvenes dijeron: «Tenemos a nuestro Dios. Nosotros
adoramos a este Dios. Este es el verdadero Dios y, naturalmente, esperamos que nos librará. Pero aunque no nos libre,
seguiremos adorándole». La narración dice que el horno
estaba tan caliente, que los hombres que llevaban a los tres
jóvenes al horno quedaron reducidos a cenizas. El relato no
dice cómo consiguieron arrojarlos al horno, pero el hecho
es que los arrojaron. Y entonces el rey se acercó para mirar
y vio algo que lo dejó pasmado. No se estaban quemando. Se
acercó y vio a los tres jóvenes que estaban caminando sobre
el fuego. ¡No, no! No eran tres. Había un cuarto hombre
con ellos. El rey miró y dijo: «Hay un cuarto hombre que
parece un dios».
Este es el Dios que adoramos. Adoramos a un Dios que
no nos aconseja desde lejos, desde una distancia segura.
Nuestro Dios es un Dios que entra con nosotros en el horno
74
¡Vigilad! ¡Vigilad!
de la tribulación. Nuestro Dios es Enmanuel: «Dios con
nosotros». Hemos venido a Nicaragua. Y hemos oído toda
la historia del sufrimiento del pueblo nicaragüense bajo la
dictadura de Somoza1; cómo la gente desaparecía, cómo era
arrestada, cómo los ricos se enriquecían cada vez más y los
pobres se empobrecían cada vez más. El pueblo clamó a Dios
diciendo: «Nos encontramos en un horno». Dios vino y se
puso de parte del pueblo de Nicaragua y liberó al pueblo de
Nicaragua. Todos dijeron: «El cielo ha venido a la tierra».
Pero estalló la guerra. Algunos de los ricos del mundo decidieron que querían dar una lección a Nicaragua2. Venimos
de nuevo y vemos cómo sufren los nicaragüenses. El pueblo de Nicaragua quiere paz, pero no puede conseguirla. Los
nicaragüenses desean ser capaces de vivir en armonía. Por eso
se preguntan: «¿Dónde está Dios?».
Hemos venido a deciros que nuestro Dios, vuestro Dios,
no está lejos, en algún lugar muy apartado del cielo. Nuestro Dios, vuestro Dios, está aquí. Vuestro Dios, nuestro Dios,
es el cuarto hombre del horno de fuego. Nuestro Dios, vuestro Dios, decidió venir como un bebé humano. Vuestro Dios,
nuestro Dios, nació en un establo. Vuestro Dios, nuestro
Dios, dijo, dice: «Os amo. Os amo como si fuerais los únicos
seres humanos en la Tierra. Os amo tanto que estoy dispuesto
a daros lo mejor que tengo. Pero no os doy esta cosa o aquella
otra, sino que os doy a mi único Hijo, mi unigénito. Os amo
con un amor que no cambia. Os amo con un amor que dura
para siempre. Os amo y por eso estoy colgado en la cruz por
vosotros. Me importáis mucho. Tú, tú y tú, os conozco a cada
uno por vuestro nombre». ¿No es maravilloso? Hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados. Nuestro Señor Jesucristo
75
Dios no es cristiano
dice que valéis más que los gorriones. Y, sin embargo, no cae
un gorrión al suelo sin que lo sepa vuestro Padre.
Jesús dice: «Tuve hambre y me disteis de comer. Estaba
desnudo y me vestisteis. Tuve sed y me disteis de beber.
Estuve en la cárcel y me visitasteis» (Mateo 25,35-36). Y vosotros preguntáis: «¿Cuándo te vimos en esas situaciones?».
Entonces Jesús responde: «Cuanto hicisteis a uno de estos
hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis» (v. 40).
¿Queréis conocer quién es Dios? Pues bien, no tenéis más que
mirar a vuestra derecha y a vuestra izquierda. Ahí tenéis a
vuestro Dios.
Tenemos un Dios maravilloso. Porque nuestro Dios nos
dice que cada uno de nosotros tenemos un valor tan grande,
que somos portadores de Dios. Cada uno de nosotros. San
Pablo dice que somos santuarios del Espíritu Santo. Somos
templos de Dios, cada uno de nosotros… cada una de las
personas que estamos aquí, cada uno de nosotros. Dios dice:
«Estoy con vosotros de la manera más íntima posible. Especialmente con los que sois pobres; especialmente con los que
sois pisoteados. Yo, vuestro Dios, cuido particularmente de
los que no tienen voz en el mundo, de los que son tratados
como si no fueran nada». Dios es especialmente solícito con
aquellos que se encuentran en el horno del sufrimiento y de
la angustia. Ellos saben que tenemos un Dios que entra en el
horno. Tenemos un Dios, el Dios altísimo, que es también el
Dios débil. Tenemos un Dios maravilloso, el eterno, el inmortal, pero es un Dios que muere. Porque nuestro Dios entra en
nuestra situación. Nuestro Dios se identifica con nosotros. Por
eso compartimos este momento con vosotros aquí, en Nicaragua, y afirmamos que en realidad, cuando sufrís, de algún
76
¡Vigilad! ¡Vigilad!
modo Dios está diciendo: «Sois especiales para mí». No tenéis
más que ver a lo que Dios hizo a su Hijo. Si sois los predilectos de Dios, él deja que colguéis de una cruz.
Dios nos pregunta: «Por favor, ¿me ayudaréis? ¿Me ayudaréis a salvar el mundo?». Dios viene a los nicaragüenses y
les dice: «En y a través de vuestro sufrimiento, en y a través
de la cruz que lleváis, por favor, ayudadme, ayudadme a salvar al mundo». Ofreced vuestro sufrimiento de modo que
Dios pueda transfigurar la fealdad de este mundo. Dios os
pide aquí y ahora: «Por favor, sed mis colaboradores. ¿Seréis
mis colaboradores? ¿Me ayudaréis a cambiar la fealdad de
este mundo? ¿Me ayudaréis a llevar la paz donde hay guerra?
¿Me ayudaréis a llevar la reconciliación donde hay peleas? ¿Me
ayudaréis a llevar la alegría donde hay tristeza? ¿Me ayudaréis a llevar la solidaridad donde hay separación? ¿Me
ayudaréis a reunir y reconciliar a quienes están separados?
¿Me ayudaréis a dar a conocer a mis hijos que son mis hijos,
que forman una sola familia, que solo pueden sobrevivir
juntos, que solo juntos pueden ser libres, que solo serán
humanos si viven unidos?».
Por eso habéis de saber, queridos hermanos y hermanas,
que nuestro Dios está con vosotros, nuestro Dios es Enmanuel. Nuestro Dios ha entrado en el horno con vosotros. Y
nuestro Dios es el Dios del éxodo. Nuestro Dios es el Dios
liberador. Nuestro Dios os está sacando de vuestra esclavitud. Nuestro Dios os lleva a la tierra prometida.
77
Dios no es cristiano
2
Desde Nicaragua, el arzobispo viajó a Panamá, donde el gobernante de facto era el general Manuel Noriega, dictador militar.
El país estaba tenso en el periodo previo a las elecciones de mayo,
que habían sido convocadas teniendo como trasfondo detenciones
políticas y restricciones de la libertad de prensa. Los líderes de la
iglesia visitante estuvieron de acuerdo en entrevistarse con Noriega
solo después de haber decidido que tras la entrevista declararían
públicamente que habían cuestionado la actitud de su régimen
hacia los derechos humanos. A las alusiones apenas disimuladas
de Tutu al gobierno opresor de Noriega bajo la forma de observaciones sobre el apartheid en Sudáfrica respondieron las risas y los
gritos de alegría del público reunido en el centro de la ciudad de
Panamá durante la Semana Santa.
Q
uienes se oponen al gobierno de Sudáfrica, quienes se oponen a su injusticia y su opresión, son tratados muy severamente. A veces son expulsados de sus casas en una especie de exilio
interior. A veces son «excluidos», y esto significa que se restringen
sus movimientos, como si estuvieran bajo arresto domiciliario. A
veces son detenidos sin haber sido juzgados. Llevo una cinta roja
aquí esta noche. Las Iglesias de nuestro país nos han pedido que
llevemos cintas rojas en solidaridad con las personas que son detenidas sin haber sido juzgadas. Algunas han permanecido detenidas
de este modo hasta tres años. No han sido llevadas a los tribunales. No han sido declaradas culpables de ningún crimen. La policía decide que eres un riesgo para la seguridad y desapareces, y los
miembros de tu familia no saben adónde te llevan. Es frecuente
que no puedan visitarte. A veces la gente es asesinada porque se
78
¡Vigilad! ¡Vigilad!
opone al gobierno y la policía es incapaz de encontrar a los asesinos. Es una coincidencia muy extraña: los enemigos del apartheid
son asesinados y la policía no puede encontrar a los asesinos. Sobre
las sedes de los opositores al apartheid se arrojan bombas incendiarias o bombas de gasolina. Parece que nadie es capaz de encontrar
a los culpables. La oposición al apartheid es objeto de una criminalización cada vez mayor: algunos de los que se han opuesto al
apartheid han sido declarados culpables de traición.
La televisión y la radio en Sudáfrica son instrumentos de
la propaganda del Estado. Los opositores al gobierno son
calumniados en estos medios de comunicación, y no tienen ni
siquiera una oportunidad para responder. La prensa está severamente restringida. Se clausuran algunos periódicos... estoy
hablando de Sudáfrica.
Nuestro pueblo se siente cada vez más desesperado y se pregunta: «¿Qué hemos hecho para merecer este sufrimiento?». Es
importante que la Iglesia de Dios diga al pueblo de Dios: «¡Oíd!
¡Atended! ¡Escuchad! Nuestro Dios ve. Nuestro Dios oye. Nuestro Dios conoce nuestra situación, bajará y nos librará». Y nosotros lo decimos. Lo decimos –en Sudáfrica–, decimos al pueblo
de Dios: «¡Oíd! ¡Atended! ¡Escuchad! Vamos a ser libres. No
estamos pidiendo permiso a los gobernantes de nuestro país.
Sabemos que vamos a ser libres». Y decimos a nuestros opresores:
«¿Sabéis qué va a pasar? Estamos siendo amables con vosotros.
Estamos invitándoos a uniros a los vencedores. Venid y uníos a
los vencedores porque vosotros ya habéis perdido».
Porque esto es lo que la Biblia dice sobre el buen gobernante: «Confía, oh Dios, tu juicio al rey, al hijo de rey tu justicia». ¿Para qué? «Para que gobierne rectamente a tu pueblo, a
tus humildes con equidad. Para que defienda a los más pobres
79
Dios no es cristiano
y salve a los hijos de los necesitados. El rey justo aplastará a los
opresores. Librará al pobre suplicante, al desdichado y al que
nadie ampara. Se apiadará del débil y del pobre, y salvará la
vida de los pobres» (Salmo 72).
He leído un texto bíblico, no el manifiesto de un partido
político. El buen gobernante redimirá las vidas de los necesitados que sufren explotación y ultrajes porque esas vidas son
preciosas a sus ojos. Si gobiernas, pero no perteneces a esta
clase de gobernante, tienes un problema. Tienes un verdadero
problema con Dios. Te encuentras en una situación muy apurada. Tratamos de decir a los opresores en todas partes: «No
sois dioses. No sois más que seres humanos. Tal vez tengáis
ahora mucho poder. ¡Pero tened cuidado! ¡Vigilad! ¡Vigilad!».
Ya sabéis que Hitler pensaba que tenía mucho poder.
¿Dónde está hoy Hitler? Mussolini pensaba que tenía mucho
poder. ¿Dónde está hoy? Franco pensaba que tenía mucho poder.
Somoza… Veamos qué sucede en África. Crucemos el
océano para ir a África. Idi Amin pensaba que tenía mucho
poder. ¿Dónde está hoy? Podríamos seguir poniendo ejemplos como estos. Y decimos: «Este es el mundo de Dios y
Dios está al frente de él».
Por eso podemos caminar erguidos y con la cabeza alta.
No pedimos disculpas por nuestra existencia. Dios no cometió un error al crearnos. Nuestro Dios oye. Nuestro Dios es
solícito. Nuestro Dios conoce nuestra realidad y bajará a librar
a su pueblo. Nuestro Dios vendrá a librar a su pueblo aquí,
en todas partes, en Sudáfrica, hoy… tal vez no venga hoy.
¿Mañana? Tal vez tampoco mañana. Pero ¿qué puede separarnos del amor de Dios? Absolutamente nada puede separarnos
del amor de Dios en nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
80
¡Vigilad! ¡Vigilad!
El candidato respaldado por Noriega perdió las elecciones de
mayo de 1989 y el dictador declaró nulos los resultados. Después de un periodo de punto muerto en las relaciones con los
Estados Unidos –que tenían aún bases militares en Panamá–,
Noriega fue derrocado por las fuerzas militares estadounidenses
en diciembre de 1989. Encarcelado después en Florida por tráfico de drogas, blanqueo de capitales y otros delitos, fue extraditado a Francia en 2010 para responder allí por las acusaciones
de blanqueo de dinero.
3
En Irlanda, la franqueza de Tutu en las conferencias sobre el
futuro del Norte del país hizo saltar la alarma en 1991. En aquel
momento, los británicos estaban tratando de convocar nuevas
conversaciones multipartidistas en Irlanda del Norte, pero habían
excluido a los republicanos representados por el Sinn Féin, argumentando que el Ejército Republicano Irlandés usaba la violencia. Tutu abordó el problema en el marco de un sermón predicado
en una celebración litúrgica en la iglesia catedral de Cristo, en
Dublín, retransmitida por televisión.
A
migos, oramos por vosotros en esta hermosa isla. Ofrecemos nuestra simpatía a quienes han sufrido en las dos
partes por los problemas que han acosado a este país. Damos
gracias a Dios por aquellas personas que, en las iglesias y en
otros lugares, trabajan por la reconciliación, la paz y la tolerancia, y exigen una celebración de la rica diversidad de perspectivas y tradiciones culturales, religiosas y políticas.
81
Dios no es cristiano
Condenamos toda forma de violencia, venga de donde
venga, y hacemos un llamamiento a quienes la perpetran para
que den una oportunidad a la paz y a las negociaciones. No
tengo derecho ni una pericia especial para hablaros de vuestros complejos problemas y dificultades, excepto que vengo de
un crisol de sufrimiento semejante al vuestro; y como vuestro
débil hermano, os digo: «Que vuestras negociaciones incluyan al mayor número posible de representantes. No dejéis que
nadie sienta que ha sido excluido».
Ningún grupo, por pequeño que sea, que tenga quejas,
reales o imaginarias, debe sentirse excluido; de lo contrario,
podéis decir adiós a la paz. Que sean representados por aquellos a quienes consideran sus auténticos portavoces; en caso
contrario, las conversaciones, como hemos comprobado en
Sudáfrica, se convierten en un ejercicio inútil. Animaos, porque personas que habían jurado que no volverían a dirigirse la
palabra mantienen actualmente conversaciones en Sudáfrica.
Esto puede suceder también aquí.
Después de la celebración litúrgica, un periodista le preguntó si en
el sermón había pedido la inclusión del Sinn Féin.
He dicho que las conversaciones deben ser inclusivas, y la
gente tiene que decidir por sí misma lo que eso significa aquí,
es decir: quiénes son los grupos que representan a los electores.
No venimos con recetas.
Un diplomático británico respondió al sermón saliendo al encuentro de Tutu en un pasillo de la catedral y rogándole que no desbaratara las delicadas negociaciones que estaban teniendo lugar
entre bastidores.
82
¡Vigilad! ¡Vigilad!
4
En una entrevista realizada por la BBC en Irlanda del Norte,
Tutu aludió a la violencia provocada durante la transición
sudafricana debido al miedo a que el Inkatha Freedom Party
(Partido de la Libertad Inkatha) de Mangosuthu Buthelezi
fuera marginado en las negociaciones entre el Congreso Nacional Africano y el gobierno del apartheid.
E
stoy hablando desde nuestra propia experiencia en Sudáfrica. Cada vez que un grupo ha pensado que iba a ser marginado, en ese mismo momento podíamos asegurar también que
no había esperanza de que las conversaciones tuvieran éxito. Lo
que decimos es que si estamos interesados en la paz y la reconciliación –y estoy seguro de que en Irlanda del Norte estáis interesados
en ellas–, entonces, por muy pequeño que sea el grupo, si siente
que tiene motivos de queja y es excluido, no hay posibilidad de
que ese grupo sea capaz de aceptar los acuerdos que se logren.
Si las personas están preocupadas por la violencia, etcétera, tenemos experiencias en el continente africano, pues en
el caso de Namibia fueron capaces de decir: «Nos dirigimos
al ala interna de Swapo, que no utiliza la violencia ni la lucha
armada, y no vamos a hablar con el grupo que utiliza la violencia». Pero no quiero dar recetas.
Si se ponen muchas condiciones previas, eso hace que las
conversaciones sean más vulnerables, porque entonces es posible que la otra parte quiera poner también sus condiciones.
Queremos rezar para que el camino hacia la negociación esté
lo más despejado posible y para retirar el mayor número posi-
83
Dios no es cristiano
ble de condiciones previas. Con esto no quiero decir que no
debáis tener ninguna, pero cuanto menor sea el número de
ellas, tanto mayores serán las posibilidades de que seáis capaces
de incluir a todos y tanto mayor será la posibilidad de que las
conclusiones a las que lleguéis a través de esas conversaciones
sean aceptables para la mayoría de las partes.
La mayoría de las personas quieren la paz y no tengo ninguna duda de que tendréis éxito al final.
Más tarde, el gobierno británico estableció contactos secretos con el
Ejército Republicano Irlandés como parte del proceso de paz que
condujo al Acuerdo de Viernes Santo de 1998.
84
9
Nuestra salvación viene de los judíos
Sobre el conflicto entre israelíes y palestinos
Las ideas de Desmond Tutu sobre Oriente Medio han desencadenado
las críticas más virulentas contra él después de los ataques que le dirigieran los sudafricanos blancos en la década de 1980 –y tales críticas
se han mantenido durante más de dos decenios–. Tutu, que en un primer momento centró sus objeciones en la colaboración militar entre
el gobierno sudafricano del apartheid e Israel en la década de 1970,
empezó a extender sus comentarios para referirse a las relaciones entre
israelíes y palestinos después de recibir el premio Nobel de la Paz.
1
La primera intervención de Tutu en este ámbito la realizó en la
Sinagoga Stephen Wise en la Ciudad de Nueva York en enero de
1989. Una gran parte de su discurso reconocía las raíces judías de
la fe cristiana y esbozaba las exigencias veterotestamentarias de justicia. La parte que suscitó más debate es la incluida a continuación.
Dios no es cristiano
H
abéis sido una luz extraordinaria para el mundo, y nosotros, que somos los oprimidos de nuestro tiempo, damos
muchas gracias a Dios por vosotros. Estamos orgullosos de reconocer las riquezas de nuestra herencia judía. Estamos orgullosos de reconocer que también nosotros somos descendientes de
Abrahán. Damos gracias a Dios por el pueblo judío. No lo digo
por estar en esta sinagoga. Sencillamente, es parte de nuestra
tradición. Vuestra historia es nuestra historia. Parece que Dios
trabaja de formas extraordinarias. En Sudáfrica, muchas de las
personas que se encuentran en la primera línea de la lucha han
sido judías y nosotros las aclamamos. Recuerdo con gran agradecimiento que cuando estábamos siendo investigados por el
gobierno sudafricano y yo era el secretario general del Consejo
Sudafricano de Iglesias, el consejero jurídico principal era Sydney Kentridge1, una persona extraordinaria.
Damos gracias a Dios por el nacimiento de Israel como
nación. Esa nación tiene derecho a la integridad territorial y a
la seguridad fundamental contra los ataques de quienes le niegan su derecho a existir. Condeno categóricamente todas las formas de terrorismo, cualquiera que sea su fuente y dondequiera
que tenga lugar –en este caso particular, el terrorismo contra
Israel; con todo, Israel tiene que recordar que en la lucha por la
independencia, algunos de sus líderes se embarcaron en lo que
el mundo habría descrito como terrorismo–. Pero Israel como
nación y los judíos como individuos no son infalibles –afortunadamente–. No pueden pretender ser Dios. Eso sería idolátrico e imperdonable. No obstante, cada vez con más frecuencia,
cuando Israel como gobierno o como nación es criticado por
algún aspecto de su política, demasiados judíos se apresuran a
acusar a los críticos de practicar el antisemitismo. Me he enfren-
86
Nuestra salvación viene de los judíos
tado con muchos judíos por causa de esta estratagema. Es maravilloso saber que hay judíos israelíes que recuerdan los altos
niveles de justicia y comportamiento que se esperan de Israel. Y
así, hace unos años podía haber medio millón de judíos manifestándose contra la implicación de Israel en los horrores de los
campos de refugiados libaneses. Esos manifestantes hacen que
Israel se sienta orgulloso y han mostrado que, como país, es fundamentalmente democrático. No tiene miedo a la autocrítica.
Creo que los negros en Sudáfrica y en este país –y las personas
oprimidas en todas partes– han asumido que los judíos se pondrían automáticamente de su parte en la lucha contra la injusticia, la explotación y la opresión, habida cuenta de la naturaleza
de vuestra historia como una saga de supervivencia contra todo
esto. Por consiguiente, tengo que decir una vez más: nosotros, los
negros de Sudáfrica, no podemos entender cómo personas con
vuestra historia sois capaces de permitir que el gobierno de Israel
–que no es lo mismo que los israelíes– mantenga la clase de relación que mantiene con el gobierno de Sudáfrica, que coopere con
este gobierno en asuntos nucleares –y especialmente en asuntos
de seguridad–, proporcionando –así lo creemos– al gobierno de
Sudáfrica técnicas para la supresión de alzamientos. No podemos
comprender cómo los judíos pueden cooperar con un gobierno
en el que muchos de sus miembros simpatizaron con Hitler y con
los nazis, y que durante mucho tiempo ha negado a los judíos la posibilidad de entrar a formar parte de su partido político por ser judíos.
Naturalmente, me resulta extraño que un judío quiera ser miembro
del Partido Nacionalista ahora que es posible, pero eso es otra
cuestión. Criticar a Israel por esta colaboración con los nacionalistas que están llevando a cabo una política contra los negros
semejante al nazismo no es ser antisemita. Tanto si los judíos me
87
Dios no es cristiano
acusan como si no lo hacen, seguiré siendo muy crítico contra
Israel a este respecto.
Las relaciones entre negros y judíos en Sudáfrica y en los
Estados Unidos seguirán resintiéndose enormemente hasta que
Israel rechace de manera categórica esa política y se distancie
manifiestamente del gobierno sudafricano. Cuando eso suceda,
se producirá una mejoría espectacular en las relaciones.
Esto no quiere decir que vayan a ser completamente amistosas, porque hay otro obstáculo, a saber: la cuestión de los palestinos. No he hablado de este tema en público antes de esta noche
por temor a que me llamaran antisemita. Tengo que decir que
me resulta difícil, muy difícil, comprender la política de Israel en
este asunto. No conozco todos los factores implicados. Mi postura
resulta más comprometida por dos razones. Soy cristiano y muchos
de los palestinos son cristianos –de hecho, muchos son anglicanos–
y su angustia me parte el corazón. En segundo lugar, soy un negro
de Sudáfrica y, si cambiamos los nombres, la descripción de lo que
está sucediendo en la Franja de Gaza y en Cisjordania podría ser
una descripción de lo que está sucediendo en Sudáfrica. Resulta
extraño y es profundamente angustioso. Israel no puede mantener
esa política: es incoherente con sus tradiciones bíblicas e históricas.
Israel –tal vez deberíamos decir: los judíos– ha sufrido mucho y no
puede permitir que su gobierno haga sufrir tanto a otro pueblo.
Los judíos, desposeídos durante tanto tiempo, no pueden permitir
que su gobierno desposea a otros. Los judíos, que han sido víctimas
de graves injusticias, no pueden permitir que su gobierno haga que
otros sean víctimas de injusticias. Es una contradicción horrible.
Resulta triste, pero es cierto: si la cuestión palestina no se resuelve
equitativamente, las relaciones con los negros en Sudáfrica y –creo
yo– en los Estados Unidos no mejorarán significativamente.
88
Nuestra salvación viene de los judíos
Deseo ahora hacer una sugerencia. Es una propuesta que presento aquí por primera vez. La expongo sin haber consultado a
Elie Wiesel. Él y yo hemos recibido el premio Nobel de la Paz.
¿No sería posible que los dos fuéramos conjuntamente mediadores en este asunto? Me ofrezco con humildad, pero como una
persona comprometida con la justicia, la reconciliación y la paz.
En segundo lugar, os pido que, habida cuenta de que tenéis poder
en los Estados Unidos, presionéis con fuerza a Israel para que
llegue a un acuerdo justo con los palestinos. Os ruego que presionéis con fuerza a Israel para repudiar su política en Sudáfrica.
Os pido que presionéis intensamente a la administración estadounidense en lo relativo a las cuestiones de derechos civiles de
los negros y otras minorías. Os ruego que dejéis bien claro que no
apoyaréis a ninguna administración estadounidense, demócrata o
republicana, que colabore con el gobierno sudafricano. Os pido
que ayudéis a ejercer presión sobre el gobierno norteamericano
con el fin de que presione al gobierno sudafricano para que haga
al menos estas cosas: declarar el estado de emergencia, liberar a
todos los detenidos y prisioneros políticos, levantar la prohibición que pesa sobre nuestras organizaciones políticas y negociar
una nueva constitución para una Sudáfrica democrática, justa y
no racial. Ahora que se va a revisar la refinanciación de los créditos bancarios para el gobierno sudafricano, os pido que presionéis
a los bancos en este país para que no permitan una nueva refinanciación de la deuda hasta que, como mínimo, las cosas que acabo
de enumerar estén en la agenda.
Finalmente os pido que os unáis a nosotros en una campaña. Oponerse al apartheid de manera no violenta está resultando cada vez más difícil. La oposición no violenta al apartheid
está siendo criminalizada, hasta el punto de que cuando uno se
89
Dios no es cristiano
opone a este sistema, es declarado culpable de traición, como les
ha sucedido a destacados líderes negros en el llamado juicio de
Delmas2. Os pido que nos ayudéis a insistir para que ellos puedan apelar pronto contra este juicio horrendo y estén libres bajo
fianza cuando se vea la apelación. Todo esto, amigos míos, me
brota del corazón. Es un cri de coeur, un grito del corazón. La
salvación, nuestra salvación, viene de los judíos3.
2
Tutu realizó una peregrinación a Tierra Santa en la Navidad de
1989 junto con Michael Nuttall, obispo de Natal que hacía poco
tiempo había sido elegido deán de la Iglesia anglicana en Sudáfrica, y Njongonkulu Ndungane, secretario general de la Iglesia
anglicana en Sudáfrica y más tarde sucesor de Tutu como arzobispo. Acompañados por su anfitrión, Samir Kafity, obispo anglicano de Jerusalén, visitaron lugares santos musulmanes, judíos y
cristianos. Tutu habló a los periodistas junto al santuario islámico
conocido como la Mezquita de la Roca.
D
amos nuestro apoyo a la lucha del pueblo palestino en su
anhelo por alcanzar la categoría de Estado y la independencia. También nosotros estamos luchando por nuestra propia autodeterminación en Sudáfrica.
Apoyamos al pueblo judío en su derecho a existir como
nación independiente.
Pedimos para que llegue pronto el día en que el Estado
palestino exista junto al Estado judío, y árabes y judíos se den
la mano juntos como pueblos que dicen «Shalom» y «Salam».
90
Nuestra salvación viene de los judíos
3
En el Muro Occidental de Jerusalén dirigió un mensaje improvisado a los dirigentes religiosos judíos.
N
uestra fe tiene sus raíces en el judaísmo, el cual sostiene que
la justicia es la base de la fe y también la base de la paz. En
Jerusalén, la ciudad de la paz, oramos para que aquel a quien los
cristianos llamamos «Príncipe de la Paz» bendiga a todos los pueblos, y para que la justicia se derrame sobre todas las naciones.
Hemos orado para pedir justicia para el pueblo judío, que
ha sufrido muy profundamente y que, en muchas partes de
nuestro propio país, ha desempeñado un papel importante en
la lucha por la justicia y la paz. Pedimos para que también
ellos, a su vez, sean capaces de ser instrumentos de justicia y
paz. Oramos para que puedan ser reconocidos como aquellos
que tienen derecho a existir como un Estado independiente,
pero también para que escuchen los gritos de los palestinos
que quieren un Estado independiente.
4
Durante la peregrinación, Michael Nuttall, que después se convertiría en un estrecho colaborador de Tutu, describió su posición
como «número dos de Tutu» y expresó la esperanza en que ellos
podrían ser un icono para las personas a quienes estaban visitando. Tutu retomó el tema con los monjes franciscanos, custodios
de los lugares santos de Jerusalén.
91
Dios no es cristiano
S
i en Sudáfrica puede suceder que a un negro y a un blanco
se les pida que sean conjuntamente líderes de una Iglesia de
Dios –en un país que está atormentado por el odio y la animosidad racial–, entonces eso mismo puede suceder en todas partes. Si en Sudáfrica vemos las posibilidades de reconciliación,
entonces ciertamente la reconciliación debería darse en otros
lugares, especialmente aquí, en el lugar donde nació aquel a
quien llamamos «Príncipe de la Paz».
5
En la víspera de Navidad, Tutu predicó en el marco de un concierto
de villancicos en Shepherd’s Field, en las afueras del pueblo de Beit
Sahour cerca de Belén, donde los habitantes mantenían una huelga
contra los impuestos de las autoridades israelíes como parte de la
primera intifada, la campaña palestina de desobediencia civil contra la ocupación israelí que había empezado en 1987. La celebración atrajo a miles de palestinos que, a pesar de la presencia de tropas israelíes, convirtieron el acontecimiento en una manifestación
de apoyo a la Organización para la Liberación de Palestina.
A
quella primera noche de Navidad sucedió en Belén algo
extraordinario y trascendental: el Mesías prometido por
Dios, el Hijo mismo de Dios, nació en Belén. ¿Y a quién se
anunció la buena nueva en primer lugar? No al sumo sacerdote, ni al rey ni a sus cortesanos, sino a los pastores que cuidaban del rebaño por la noche. A nuestro pueblo sudafricano le
encanta este relato porque dice que los pastores son de hecho
más importantes de lo que la gente piensa. Ciertamente los
92
Nuestra salvación viene de los judíos
pastores son importantes para Dios. Hay algo más maravilloso
aún: el relato dice que Dios cuida especialmente de aquellos
a quienes el mundo considera carentes de importancia, que
Dios se pone de parte de aquellos a quienes el mundo desprecia, que Dios se pone del lado de quienes son tratados de
forma brutal por el mundo, que Dios está con aquellos que
son oprimidos por el mundo.
6
En una conferencia de prensa después de la celebración litúrgica en la catedral de San Jorge en Jerusalén el día de Navidad,
Tutu y Nuttall hicieron un llamamiento en pro de unas «verdaderas negociaciones entre los auténticos representantes de israelíes y
palestinos». Tutu ofreció también sus ideas sobre la intifada.
S
impatizo con la intifada en la medida en que constituye una forma estrictamente no violenta y disciplinada
de buscar la justicia. Palestinos e israelíes tienen el mismo
derecho a reclamar justicia y autodeterminación. Pero con
la misma intensidad con que me identifico con la lucha de
los pueblos por la libertad, deploro el uso de la violencia, ya
se trate de la violencia de quienes quieren cambiar el statu
quo o de la violencia de quienes quieren mantenerlo. Es
necesario ir más allá de la vigorosa denuncia de la violencia. Debemos ir más allá insistiendo en la supresión de las
condiciones que conducen a la violencia.
93
Dios no es cristiano
7
El 26 de diciembre, cuando los obispos salieron de la catedral para
visitar el Yad Vashem, el Museo del Holocausto, pudieron comprobar
que durante la noche habían escrito en un muro exterior una pintada en la que podía leerse: «Tutu es un cerdo negro y nazi». Después
de visitar el museo, Tutu escribió sus impresiones en el libro de visitas.
E
s una experiencia desoladora y el mundo no debe olvidar nunca la falta de humanidad de unos para con otros.
Pedimos a Dios que bendiga a todo el pueblo judío para que
sea una luz para las naciones de modo que no vuelva a producirse semejante mal. Querido Dios, perdona a todas las
personas que oprimen a otros.
8
Algunos anglicanos palestinos se sintieron molestos porque Tutu
había visitado el Yad Vashem. Uno de ellos protestó diciendo que el
trato de los judíos por parte de los nazis no era «la otra cara de la
historia» del conflicto entre palestinos e israelíes: «Nosotros no somos
responsables del Holocausto». En un encuentro que tuvo lugar poco
después, una delegación israelí encabezada por Zevulun Hammer,
ministro de Asuntos Religiosos, se ofendió particularmente por las
comparaciones entre el trato que Israel daba a los palestinos y el
trato que los negros recibían del gobierno sudafricano. En el grupo
visitante se encontraban dos palestinos: Kafity y el teólogo anglicano
Naim Ateek. Tutu habló a los periodistas después del encuentro.
94
Nuestra salvación viene de los judíos
A
ún tengo la impresión de que algunas de las cosas que he
visto en la Cisjordania ocupada son cosas que he visto en
Sudáfrica. Pero quiero decir que es mucho más importante el
hecho de que nosotros, que hemos sufrido tanto, podríamos
tal vez ser usados por Dios para hacer posible que las personas que han experimentado dolor en el pasado, y que lo están
experimentando ahora, se escuchen mutuamente.
He dicho al ministro israelí de Asuntos Religiosos que comprendemos la ansiedad, el miedo y los temores de los judíos.
Lo he expresado muchas veces, diciendo que es importante
que los árabes y los palestinos reconozcan el derecho de Israel
a tener un Estado. Pero también espero igualmente que los
israelíes oigan la angustia y el grito de los palestinos, que tienen el mismo derecho al reconocimiento de sus aspiraciones a
un Estado soberano.
Quiero decir asimismo que cuando encuentro injusticia y
opresión en cualquier parte en el mundo, quienquiera que la
perpetre debe saber que yo la condenaré. Si soy acusado de
ser antisemita –y, en efecto, me acusan de ello con frecuencia–, ¡mala suerte! Pero espero que podamos ser instrumentos de reconciliación y que este encuentro haya permitido de
hecho que algunos árabes y algunos palestinos hablen a algunos judíos israelíes.
9
Contra el apoyo prestado por Tutu a la causa palestina se desató
una ola de críticas, particularmente por parte de grupos judíos
de los Estados Unidos. En la investidura de David Dinkins como
95
Dios no es cristiano
alcalde de Nueva York, poco después de la visita de Tutu a Jerusalén, un manifestante lanzó al podio un globo lleno de agua. Militantes de la extremista Liga de Defensa Judía en el Sur de California protestaron fuera de la iglesia de Todos los Santos en Pasadena mientras Tutu predicaba en ella algunos meses después4. En
mayo de 1990, durante una visita en el Día de los Caídos a Cincinnati, la diócesis del Sur de Ohio organizó un encuentro entre
Tutu y una delegación encabezada por Alfred Gottschalk, presidente del Hebrew Union College – Jewish Institute of Religion y
líder del Judaísmo Reformista. Después de escuchar cómo algunos miembros de la delegación expresaban preocupación por sus
ideas, Tutu ofreció una respuesta espontánea, de la que se toman
los siguientes extractos.
B
ien, de algún modo yo mismo estoy preocupado por el
hecho de que se piense que este encuentro es necesario, y
pienso que, evidentemente, es necesario. Primero, porque siempre hemos reconocido que el número de miembros de la comunidad judía que participan en la lucha por la justicia en nuestro
país es extraordinario –y no guarda proporción con el número
de personas que la forman–. Y quiero expresaros un cálido tributo por vuestra participación en la lucha –en algunas de las
formas que habéis detallado aquí: vuestra implicación personal
y la implicación de vuestras instituciones– y también por vuestra implicación en el movimiento en pro de los derechos civiles en este país, porque de muchas maneras hay una conexión
importante. Las relaciones antes cálidas entre las comunidades
judía y afroamericana no son quizá tan estables; quiero decir
que se encuentran en peligro, según mi modo de ver la situación, debido a la cuestión del gobierno israelí.
96
Nuestra salvación viene de los judíos
Pienso que será decisivo para nosotros en nuestros debates
establecer una distinción importante entre el gobierno israelí
y los judíos. Es muy importante. Es decisivo porque las acciones del gobierno israelí están siendo sometidas a un examen
detallado a propósito de la cuestión palestina y también a propósito de la relación del gobierno israelí con el gobierno sudafricano. No podemos separar la consideración de las relaciones
sin dejar claro este tema, y pienso que es crucial.
Dicho esto, el siguiente punto consiste en afirmar que lo que
podríais llamar nuestros antecedentes judíos –si no queréis calificarlos así, podríamos denominarlos «antecedentes hebreos»–
son una parte muy importante de mi propio modo de ser. Ayer
mi sermón se basó –ciertamente al principio– de manera casi
exclusiva en una consideración de un pasaje clave del primer
libro de la Biblia hebrea: el relato de la creación de los seres
humanos a imagen de Dios. Pero no es solo eso, sino que mi
propio ser se nutre de la enseñanza de los profetas de Israel, a
quienes hemos adoptado como nuestros profetas. Mi condena
de la injusticia y la opresión se fundamenta sobre la base de lo
que es central en mi comprensión de la enseñanza de lo que llamamos el Antiguo Testamento: la Ley, los Profetas, etcétera.
En Sudáfrica he hablado como un líder religioso que ha
tenido esa formación. En otras partes de África y en otras partes
del mundo, mi campaña, mi pasión, mi celo al tratar de alzar
la voz contra el mal y la injusticia ha tenido esa base. Y después
de visitar Tierra Santa el año pasado, no puedo dejar de decir
lo que vi allí. Por eso afirmo que, si van a acusarme de ser antisemita por darlo a conocer, entonces ¡mala suerte! Y no es por
falta de sensibilidad, pero no estoy dispuesto a aceptar que haya
un gobierno en el mundo que pueda pretender ser infalible. Si
97
Dios no es cristiano
es un gobierno humano, entonces es probable que cometa errores y, por tanto, si comete errores, puede ser sometido a crítica.
Hablo como un negro que ha pasado por una experiencia
de sufrimiento por ser negro. Y, por tanto, sé lo que significa
sufrir. Mi pueblo lo sabe. No importa que yo ocupe el puesto
más alto en nuestra Iglesia; en el país donde nací no soy nada
por ser negro. Y, por tanto, hablo desde esa clase de experiencia de sufrimiento. En Tierra Santa he visto y me han contado cosas de las que se ha informado ampliamente y que
seguramente conoceréis. No lo he dicho en público, pero he
sido testigo de acontecimientos que me han impactado profundamente. En Sudáfrica se han cometido atropellos espantosos, pero, por lo que yo sé, no ocurre algo que sucede en
los territorios ocupados: cuando se sospecha o (digámoslo
así) se descubre que un niño ha arrojado piedras, la casa de
ese niño es arrasada o precintada. Como personas sensibles y
solícitas que sois, yo desearía preguntaros si aprobáis lo que
hace el gobierno israelí.
He hablado sobre uno de los acontecimientos admirables sucedidos en Israel. Me refiero a un suceso que tuvo
lugar después de los horrores de Chatila. En efecto, algo
que hemos mencionado con orgullo es que medio millón
de judíos se manifestaron contra la actuación de Israel.
Ahora bien, eso ciertamente no habría sucedido en Sudáfrica, por ejemplo, y lo hemos recordado al exponer cómo
pensamos que reaccionarían los judíos. Asumimos, debido
a vuestra experiencia peculiar y a vuestra idiosincrasia particular, que hay un sentido en el que hay acontecimientos que no esperábamos que pudieran suceder en Israel –y
podríais decir que este comentario es injusto–. Esto forma
98
Nuestra salvación viene de los judíos
parte de lo que he venido diciendo, y yo espero que condenéis conmigo lo que está mal en las acciones del gobierno
de Israel y no deis por supuesto que cuando una persona
afirma esto es porque se opone a los judíos. No niego que
he sostenido que no tenéis más que cambiar los nombres y
podríais pensar que os encontráis ante una descripción de
lo que sucedía en Sudáfrica. Estoy hablando como negro y
no estoy acusando a los judíos. Estoy acusando al gobierno
israelí. Y desearía saber si de hecho aprobáis las cosas que
suceden allí en nombre del pueblo de Israel.
Pero permitidme decir también, como sudafricano negro,
que Israel va a tener que determinar si está de nuestra parte
(o no) en la lucha en Sudáfrica. Israel ha contribuido a nuestra represión con lo que ha hecho en su cooperación con el
gobierno sudafricano en cuestiones de seguridad. No voy a
quedarme callado. No estoy atacando a los judíos. Estoy atacando a un gobierno que resulta ser judío. No voy a dejar de
decirlo. Y los negros en Sudáfrica necesitan que se les explique cómo es posible que un gobierno formado por personas
que sufrieron bajo el nazismo coopere con un gobierno –cuyos
miembros en su mayoría eran simpatizantes nazis– contrario a
los negros que lucharon contra Hitler. Desearíamos saber cuál
esperáis que sea nuestra actitud hacia ese gobierno.
La posición que adopto en la cuestión de Oriente Medio
y Palestina no es de hecho una posición personal o, dicho de
otro modo, mi posición personal coincide con la posición de
la Comunión Anglicana. La resolución tomada en la Conferencia de Lambeth en 1988 es una resolución que dice dos
cosas importantes: en primer lugar, deploramos, como vosotros, el hecho de que los países árabes durante un largo periodo
99
Dios no es cristiano
de tiempo se negaran a reconocer la existencia de Israel y trataran de destruirlo. Y así, reconocemos el derecho de Israel a
existir como Estado soberano e independiente cuya seguridad
está garantizada, cuya integridad territorial está garantizada
y reconocida internacionalmente. La otra parte de la resolución exige escuchar el grito de los palestinos que piden un
Estado independiente y soberano. Ahora bien, esto no quiere
decir que en otro tiempo no tuvieran la oportunidad de hacer
muchas cosas de aquellas que ahora piden a gritos. Pero eso es
agua pasada. Lo que estamos diciendo es que nos encontramos
en este punto. Y hablo con toda seriedad cuando deseo, si Elie
Wiesel lo desea también, que nos ofrezcamos, como galardonados con el premio Nobel de la Paz, y nos pongamos a disposición de cualquier modo que nos permita avanzar por el
camino hacia la reconciliación.
10
Después del encuentro, Tutu resumió sus ideas para los periodistas.
L
o importante es que donde hay injusticia tendríamos que ser capaces de decir juntos: «Sí, es un hecho
injusto», y no deberíamos precipitarnos para decir: «Porque fulano y mengano critican ese aspecto son antisemitas». Con esto quiero dar a entender que yo mismo critico
a Margaret Thatcher con bastante franqueza, pero normalmente no me han llamado antibritánico por hacerlo5.
En Sudáfrica caminamos codo con codo con los rabinos
cuando nos manifestamos contra el apartheid, y yo espero
100
Nuestra salvación viene de los judíos
que estemos de acuerdo en que las cosas que nos unen son
más, muchas más que las que conspiran para separarnos.
11
El alivio de la tensión en Oriente Medio después de la firma de
los Acuerdos de Oslo en 1993 estuvo seguido por una mejora en
las relaciones de Tutu con los israelíes y los judíos que le habían
criticado durante algunos años. Poco después de presidir la Comisión para la Verdad y la Reconciliación fue recibido amistosamente
tanto por los israelíes como por los palestinos cuando visitó en 1999
Tel Aviv –invitado por Shimon Peres, que también había recibido
el premio Nobel– y Cisjordania –invitado por el obispo anglicano
local–. En Jerusalén, fueron sobre todo los israelíes activistas por la
paz quienes quisieron escuchar sus comentarios sobre la reconciliación y el perdón en Sudáfrica. No obstante, las relaciones de Tutu
con quienes apoyaban al Estado de Israel, particularmente en los
Estados Unidos, empeoraron después del fracaso del proceso de paz
de Oriente Medio, hasta tal punto que el empezó a repetir, en los discursos que pronunciaba acerca de esta región, expresiones que usaba
en las amonestaciones dirigidas a los líderes del apartheid y a los
políticos de las administraciones sudafricanas, elegidos democráticamente. En 2002 fue invitado por los patrocinadores americanos del
Centro Ecuménico Sabeel de Teología de la Liberación de Jerusalén,
un grupo cristiano palestino fundado por Naim Ateek –uno de los
anfitriones de su peregrinación en la Navidad de 1989–, a pronunciar un discurso en la Old South Church de Boston. Tutu empezó
su exposición manifestando su disconformidad con el título que le
habían propuesto para su intervención: «La ocupación es opresión».
101
Dios no es cristiano
M
e gustaría cambiar el título y decir: «Dad una oportunidad
a la paz, porque la paz es posible». Ya veis que somos portadores de esperanza para los hijos de Dios en Tierra Santa, tanto
para el pueblo de Dios formado por los judíos israelíes como para
el pueblo de Dios formado por los árabes palestinos. Queremos
decirles que nuestros corazones se compadecen de todos los que
han sufrido como consecuencia de la violencia de los atentados
suicidas y de la violencia de las incursiones y represalias militares, y expresamos nuestra simpatía más profunda a todos los que
han resultado heridos o han perdido a sus seres queridos en los
horrendos acontecimientos de los últimos tiempos. Queremos
decir a todos los implicados en los sucesos de los últimos días que
la paz es posible. Los judíos israelíes y los árabes palestinos pueden
vivir amigablemente, unos al lado de otros, en una paz segura y,
como subraya continuamente el canónigo Naim Ateek, una paz
segura edificada sobre la justicia y la equidad. Esos dos pueblos
han sido elegidos por Dios y son amados por él, tienen un padre
común en la fe, Abrahán, y confiesan que creen en el único Dios
creador, el Dios del Salam y el Shalom.
Doy gracias por todo lo que he recibido como cristiano de
las enseñanzas del pueblo de Dios, de los judíos. Al oponernos
al cruel sistema del apartheid, el cual sostenía que lo que dotaba
de valor a las personas era un elemento biológico irrelevante –el
color de la piel–, nos volvimos a la Torá judía, que afirma que
lo que da a las personas su valor infinito es el hecho de que han
sido creadas a imagen de Dios. Así, en este aspecto, el apartheid
era antibíblico, absolutamente malo y, por tanto, anticristiano.
Y cuando nuestro pueblo se quejaba debido al peso de la opresión racista, invocamos a Dios, que se había dirigido a Moisés
desde la zarza ardiente. Dijimos a nuestro pueblo que nuestro Dios
102
Nuestra salvación viene de los judíos
–el gran Dios del éxodo, el Dios liberador– había oído su grito,
había visto su angustia, había conocido su sufrimiento e iba a bajar
como en el pasado para librarnos, como había liberado a Israel de
la esclavitud. Les dijimos que Dios sentía preferencia por quienes
no tenían poder –los pobres, los débiles, los hambrientos, los sin
voz–, como había mostrado cuando intervino, por medio del profeta Natán, contra el rey David a favor de Urías, el esposo de Betsabé. O cuando intervino, por medio del profeta Elías, a favor de
Nabot y contra el rey Ajab y la reina Jezabel cuando estos últimos
confiscaron la viña de Nabot y decidieron que fuera asesinado.
Dijimos a nuestro pueblo que este Dios no nos abandonaría
nunca, porque cuando fuimos arrojados en el horno de fuego de
la tribulación y del sufrimiento causados por el apartheid, estuvo
allí con nosotros como Enmanuel, «Dios con nosotros», al igual
que había estado con Daniel y sus compañeros. Dijimos que este
Dios rechazaba el culto que no cambiaba las vidas y la conducta
de los adoradores; que su voluntad era que estos cuidaran especialmente de las viudas, los huérfanos y los extranjeros, aquellos
que en la mayoría de las sociedades se encuentran entre las personas más vulnerables y menos influyentes; que este Dios prefería la
obediencia al sacrificio, la misericordia al sacrificio; que su voluntad era que la justicia fluyera como un río y que todos caminaran
humildemente con él. Que este Dios llamaba siempre a su pueblo
a recordar que habían sido extranjeros y esclavos en Egipto y que
este recuerdo les motivaría e inspiraría para ser, a su vez, compasivos y generosos con los extranjeros que vivían en medio de ellos.
Podríamos citar las Escrituras judías que afirman que este es
el Dios del mundo y, a pesar de todas las apariencias contrarias,
gobierna sobre él; podríamos decir que nuestro mundo es, por
consiguiente, un universo moral. Era imposible que pudiera ser
103
Dios no es cristiano
de otro modo; la injusticia, las mentiras y la opresión no podrían
nunca tener la última palabra en el universo de este Dios.
En nuestra lucha contra el apartheid, algunos de los partidarios más destacados habían sido judíos: Helen Suzman, Joe Slovo,
Albie Sachs y otras personas como ellos6. Como sucedió en este
país en el movimiento por los derechos civiles, los judíos casi instintivamente, casi espontáneamente –dadas sus tradiciones religiosas y su historia–, tenían que estar del lado de quienes habían
sido privados del derecho de voto, de quienes sufrían discriminación, de las personas sin voz, que luchaban contra la injusticia,
la opresión y el mal. Yo he seguido sintiéndome muy identificado con los judíos y con otras muchas personas premiadas con
el Nobel de la Paz. Soy miembro del consejo del Centro Peres
por la Paz en Tel Aviv. Soy patrocinador del Centro del Holocausto de Ciudad del Cabo. Creo que Israel tiene derecho a tener
sus fronteras seguras, reconocidas internacionalmente en un país
que goce de integridad territorial asegurada y con una soberanía reconocida como país independiente; que las naciones árabes
cometieron un grave error al negarse a reconocer la existencia del
Estado soberano de Israel y al prometer que trabajarían para destruirlo. Fue una política de miras cortas que causó el nerviosismo
de Israel y la situación extrema de vigilancia y preparación militar
para garantizar la continuidad de su existencia. Esto era comprensible. Lo que no era tan comprensible, ni justificable, era el trato
que Israel daba a otro pueblo para garantizar su propia existencia.
Me ha producido un profundo dolor en todas mis visitas a Tierra Santa el hecho de comprobar cómo muchas de las cosas que
tenían lugar allí me recordaban lo que solía pasarnos a los negros
en la Sudáfrica del apartheid. He visto la humillación de los palestinos en los controles policiales y militares, y ello me ha recordado
104
Nuestra salvación viene de los judíos
lo que era habitual en Sudáfrica: jóvenes y arrogantes oficiales de
policía blancos nos intimidaban y acosaban, y se burlaban de nosotros cuando teníamos que soportar sus impredecibles caprichos –y
nos preguntábamos si nos dejarían pasar– y cuando parecía que
se divertían sobremanera humillándonos. En Tierra Santa he visto
escenas como estas o me han hablado de ellas. Los controles en que
se exigía severa y descortésmente a los palestinos que mostraran sus
carnés de identidad me recordaban las infames redadas de las leyes
de pase establecidas por el cruel régimen del apartheid7.
En esas visitas vimos o leímos cosas que no sucedían ni siquiera
en la Sudáfrica del apartheid: la demolición de casas porque se sospechaba que un miembro de la familia era un terrorista, de modo
que todos los miembros de la familia sufrían las consecuencias en
esas acciones de castigo colectivo, que al parecer se han repetido en
fechas más recientes en los ataques contra los campos de refugiados árabes. No conocemos toda la verdad porque los israelíes no
permiten que los medios de comunicación tengan acceso a esos
lugares. ¿Qué están ocultando? Pero quizás una pregunta más seria
sea por qué no se alzan en este país protestas contra la censura de
sus medios de comunicación. Pues lo que va a suceder es que se
mostrarán con frecuencia las angustiosas imágenes de lo que han
hecho los atentados suicidas, que es algo que todos condenamos
sin paliativos, pero no van a mostrarnos lo que los tanques israelíes
hacen con las casas de la gente sencilla.
En una de mis visitas a Tierra Santa, un domingo acompañé
al obispo anglicano de Jerusalén en un viaje para celebrar un servicio litúrgico. Pasamos por la ciudad de Ramallah. Pude oír las
lágrimas en su voz cuando señaló los asentamientos judíos. Yo
pensé en el deseo de seguridad por parte de los israelíes, en la
angustia de los palestinos por la tierra que habían perdido y en
105
Dios no es cristiano
la ocupación que les decía que no eran nada, que no contaban
nada. Ese dolor y las múltiples humillaciones que habían sufrido
son terreno abonado para la desesperación de quienes cometen
atentados suicidas. Mientras yo caminaba por Jerusalén con el
canónigo Ateek, cuyo padre era joyero, él señaló un edificio y me
dijo: «Allí estaba nuestra casa. Nos expulsaron de nuestro hogar.
Ahora lo ocupan judíos israelíes». Después recordé cuántas veces
la gente de color señalaba en Sudáfrica, de una manera muy parecida, los lugares donde se encontraban sus antiguos hogares, de
los que habían sido expulsados y que a la sazón estaban habitados
por blancos. Me duele el corazón al recordarlo.
Y me pregunto: ¿por qué tenemos tan poca memoria? ¿Han
olvidado nuestras hermanas y hermanos judíos la humillación que
supuso para ellos llevar brazaletes amarillos con la estrella de David?
¿Han olvidado mis hermanas y hermanos judíos el castigo colectivo, la demolición de sus casas? ¿Han olvidado tan pronto su historia? ¿Han dado la espalda a sus profundas y nobles tradiciones
religiosas? ¿Han olvidado que su Dios, nuestro Dios, es un Dios
que está del lado de los pobres, los despreciados, los pisoteados?
¿Han olvidado que nuestro mundo es un universo moral, que las
pistolas no les darán nunca –nunca– verdadera seguridad ni les
mantendrán realmente a salvo? ¿Han olvidado que, en definitiva, la
verdadera paz solo se puede construir sobre la justicia y la equidad?
Condenamos la violencia de los atentados suicidas y, si a los
niños árabes se les enseña a odiar a los judíos, condenamos también la corrupción de las mentes jóvenes. Pero condenamos de
manera igualmente inequívoca la violencia de las incursiones y
represalias militares que no permiten que las ambulancias y el personal sanitario tengan acceso a los heridos; condenamos la violencia causada por una venganza sin precedentes, carente de todo
106
Nuestra salvación viene de los judíos
equilibrio, incluso si se tiene en cuenta la ley, contenida en la
Torá, del ojo por ojo –que fue concebida de hecho para limitar
la venganza del agraviado y quizá de quienes lo apoyaban–. La
humillación y la desesperación de un pueblo ocupado y desventurado son las causas principales de los atentados suicidas. Las
acciones militares de los últimos días –quiero predecirlo con una
certeza casi absoluta– no proporcionarán a los israelíes la seguridad y la paz que están deseando. Lo único que están haciendo es
intensificar el odio y el resentimiento, además de garantizar que
algún día se producirá un atentado suicida en busca de venganza.
Israel tiene tres opciones: volver al punto muerto del statu quo
reciente, plagado de tensión, odio y violencia; perpetuar el genocidio y exterminar a todos los palestinos; y, en tercer lugar –y esto es
lo que espero que elijan los israelíes–, luchar por la paz basada en
la justicia, basada en la retirada de todos los territorios ocupados.
Y los palestinos tienen que comprometerse también, y decir alto y
claro en todas las oportunidades que se les presenten, que también
ellos están comprometidos con esa paz. En Sudáfrica vivimos nosotros también en una situación en la que todos pensaban que se iba
a producir un baño de sangre. Pero no fue así. Tuvimos una transición relativamente pacífica. Y en vez de la venganza y la represalia tuvimos el destacable proceso de perdón y reconciliación de la
Comisión para la Verdad y la Reconciliación. Si nuestra locura y
nuestro problema insoluble pudieron terminar en un proceso de
transición pacífica, entonces creemos que ese proceso debe ser posible también en cualquier lugar del mundo. Porque Sudáfrica es,
ciertamente, un faro de esperanza, un faro de esperanza para el resto
del mundo. Si pudo suceder en Sudáfrica, puede suceder en cualquier parte. Si la paz pudo amanecer en Sudáfrica, entonces ciertamente puede hacerse realidad en Tierra Santa.
107
Dios no es cristiano
A veces la gente pregunta: «¿Quiere esto decir que estás “a favor
de” los palestinos?». Y mi hermano Naim Ateek ha respondido lo
que solíamos sostener también nosotros: «No estoy “a favor de”
este pueblo o de aquel otro. Yo estoy “a favor de” la justicia y “a
favor de” la libertad. Estoy “en contra de” la injusticia y “en contra de” la opresión dondequiera que tiene lugar». Pero vosotros
sabéis tan bien como yo que de alguna manera el gobierno israelí
está puesto sobre un pedestal, de modo que criticarlo implica ser
acusado inmediatamente de antisemitismo, como si los palestinos no fueran semitas. Yo no he estado ni siquiera «en contra de»
los blancos, a pesar de todo el sufrimiento que ese grupo alocado
ha causado a nuestro pueblo. ¡No! ¿Cómo iba yo a estar «en contra de» los judíos si ni siquiera he estado «en contra de» quienes
cometían tales injusticias contra nosotros? En realidad, la pregunta que deberían hacerme es esta: «¿Eres anti-judío?», y no:
«¿Eres anti-semita?». Y entonces se debería plantear la misma
pregunta a los profetas bíblicos, porque ellos fueron algunos de
los críticos más mordaces de los dirigentes de su tiempo. Nosotros no criticamos al pueblo judío. Nosotros criticamos, y criticaremos –cada vez que haya de ser criticado– al gobierno de Israel.
En este país, la gente tiene miedo de llamar a la injusticia
por su nombre, porque el grupo de presión judío es poderoso,
muy poderoso. ¿Y qué importa eso? ¡Claro que importa! ¡Este
es el mundo de Dios! ¡Por el amor de Dios, este es el mundo de
Dios! El gobierno del apartheid era muy poderoso, pero nosotros les dijimos: «¡Tened cuidado! Si incumplís las leyes de este
universo, vais a morder el polvo. Hitler era poderoso. Mussolini era poderoso. Stalin era poderoso. Idi Amin era poderoso.
Pinochet era poderoso. El gobierno del apartheid era poderoso.
Miloševic era poderoso.
108
Nuestra salvación viene de los judíos
¡Este es el mundo de Dios! La mentira, la injusticia y la opresión no prevalecerán nunca en el mundo de este Dios». Esto es
lo que dijimos a nuestro pueblo. Y también les asegurábamos:
«Esos han perdido ya». Tal vez nosotros no vivamos para contarlo, pero un gobierno israelí injusto, por muy poderoso que
sea, fracasará en el mundo del Dios del que estamos hablando.
No queremos que eso suceda, pero los poderosos tienen que
recordar la prueba de tornasol que Dios pone a los poderosos:
¿cómo tratáis a los pobres, a los hambrientos? ¿Qué trato dispensáis a los vulnerables, a los que no tienen voz? Estos son los
criterios que Dios emplea en su juicio.
Nosotros deberíamos dar un toque de trompeta: una llamada
de atención al gobierno del pueblo de Israel y un aldabonazo al
pueblo palestino. Deberíamos decirles: «¡La paz es posible! ¡La paz
basada en la justicia es posible!». Y nosotros nos reunimos hoy, y
seguiremos adelante en nuestro llamamiento por la paz. Por vuestro
propio bien, judíos israelíes; por vuestro propio bien, árabes palestinos. La paz es posible y nosotros haremos todo lo que esté en
nuestra mano para ayudaros a conseguir la paz que está a vuestro
alcance, porque el sueño de Dios es que seáis capaces de vivir juntos amistosamente como hermanas y hermanos, codo con codo,
porque sois miembros de la única familia de Dios. ¡Paz! ¡Paz! ¡Paz!
El Boston Globe aseguró después que los líderes judíos reaccionaron duramente contra las observaciones de Tutu. El periódico informó
de que Rob Leikind, director del New England Chapter de la Liga
Anti-Difamación, había pronunciado las siguientes palabras: «Es
trágico que una persona con sus credenciales morales las sacrifique
con una calumnia tan desagradable. Israel no está haciendo otra cosa
que mantener una lucha por la supervivencia. Es un día triste para
todos nosotros por haber oído semejante exageración».
109
TERCERA PARTE
Voz de los sin voz
en Sudáfrica
10
¿Por qué negra?
Una defensa de la teología negra
Una década antes de que el ministerio pastoral de Tutu asumiera
dimensiones internacionales, y veinte años antes de que fuera conocido
como un apóstol de la tolerancia y el perdón, se había hecho famoso en
primer lugar por sus ataques al apartheid. Uno de los primeros ejemplos de la pasión y la franqueza –e incluso la aspereza, según el reconocimiento del propio Tutu– por las que iba a ser conocido más tarde
se encuentra en un artículo sobre la teología negra que escribió para
una conferencia sobre el Sur de África celebrada en Gran Bretaña en
1973. Tutu creció en una familia y en una comunidad comprometidas con el ideal de una sociedad en la que la raza no debía determinar la forma de organización de la sociedad. Este compromiso se vio
fortalecido por una estancia en Londres a mediados de la década de
1960, durante la cual estudió teología en el King’s College de Londres.
No obstante, cuando regresó a su país para enseñar en una facultad de
teología sudafricana en 1967, encontró un nuevo fenómeno entre sus
estudiantes: la rápida difusión del movimiento de conciencia negra,
a través del cual jóvenes intelectuales como el estudiante de medicina
Dios no es cristiano
Steve Biko estaban tratando de revolucionar la sociedad negra. Si bien
el movimiento no rechazaba el objetivo de una sociedad no racial, sostenía que, como consecuencia de generaciones de discriminación –educativa y de otro tipo–, los sudafricanos negros estaban en desventaja
en la interacción con los blancos, y que iban a seguir estándolo a no
ser que se retiraran de las organizaciones multirraciales e incrementaran la confianza en sí mismos y en su base de poder hasta que pudieran relacionarse con los blancos como iguales. En el artículo escrito en
1973, Tutu rechazó como irrelevante, para sí mismo y para las personas a quienes servía pastoralmente, el movimiento de la «muerte de
Dios» que se había extendido por las instituciones teológicas occidentales a finales de la década de 1960, afirmando con orgullo su identidad negra e integrando en su reflexión los principios de la conciencia
negra. Al mismo tiempo, dentro de su argumentación se puede discernir su compromiso subyacente con una visión de una humanidad
compartida, que toma conciencia de la posibilidad de que el oprimido
sea tan propenso a pecar como el opresor y que cree que la liberación
de los negros está indisolublemente unida a la de los blancos. (En estos
primeros escritos es evidente también el lenguaje sexista al que Tutu se
refiere en el prólogo, que se ha respetado en la mayoría de los casos).
E
n el paisaje intelectual ha aparecido un extraño fenómeno que
ha causado una cierta consternación o ha despertado algún
interés entre quienes se han preocupado de percibir su aparición.
No obstante, muchas personas en Occidente se han limitado a
ignorarlo. El extraño fenómeno al que me refiero es la teología
negra. Algunas de las personas que lo han ignorado han preguntado, aparentemente de forma razonable: «¿Cómo podéis tener
una teología negra? ¿Acaso no es esto tan absurdo como hablar de
la física, la química o la matemática europeas o blancas?».
114
¿Por qué negra?
Estas preguntas retóricas no son tan aplastantes como pretenden
quienes las plantean. Es verdad que parece extraño aplicar epítetos
étnicos o raciales a determinados aspectos de la actividad humana
como la ciencia. Pero no es tan insólito discernir características
nacionales o raciales en otros ámbitos de la actividad humana y
describirlas apropiadamente. No se considera extraño, por ejemplo, hablar del arte, la música o la filosofía inglesas, alemanas o
europeas. No es insólito encontrar referencias a la teología alemana
o norteamericana. ¿Por qué debería parecer extraño a priori hablar
de la teología negra? La mayoría de las personas sospechan que
quienes reaccionan negativamente o con una cierta altivez poco
disimulada frente al término «teología negra» han decidido ya que
no puede existir semejante entidad absurda. Como alguien afirmó
acertadamente, cuando preguntan: «¿Qué es teología negra?», en
realidad están diciendo: «La teología negra… ¿acaso es teología?».
Trataré de responder a esta pregunta más adelante.
Abordemos por el momento la pregunta «¿Por qué negra?». La
mayoría de las reacciones frente a la negritud son negativas. Así
lo confirma en gran medida el lenguaje. «Ponerse negro» es estar
muy irritado; la «oveja negra» es la que difiere desfavorablemente
de las demás. En la mayoría de las obras de arte religioso cristiano,
los ángeles buenos son blancos; el diablo y sus ángeles son negros.
El negro está asociado generalmente con la muerte; el blanco, con
la pureza y la vida. De hecho, esto es verdad incluso en algunos
usos lingüísticos africanos. Para desear buen viaje, los motswana
dicen, en su lengua: «Que tengas un camino blanco».
El problema con todas esas reacciones y costumbres culturales
es con qué facilidad ayudan a condicionar a los humanos. Empieza
siendo una característica humana suficientemente inocente, pero
pronto se desarrolla, como ha sucedido con toda certeza en este
115
Dios no es cristiano
caso, para convertirse en una denigración de cosas negras y de personas negras. Cuando esto sucede durante un largo periodo de
tiempo, no hace falta mucho para que tú, una persona negra, te
preguntes si eres como te describen. Empiezas, en lo profundo, a
tener dudas sobre tu humanidad. Parece melodramático. Me gustaría que lo fuera. Lamentablemente, es demasiado cierto.
La cuestión es que los negros hemos sido definidos con
demasiada frecuencia según los criterios blancos, con términos
negativos: somos no blancos, somos no europeos. El lenguaje
tiene una poderosa relación con la realidad. Cuando se piensa o
se dice de nosotros que «no somos esto» o que «no somos aquello», terminamos siendo tratados como ceros a la izquierda. Tal
vez esto sea demasiado fuerte. Bueno, terminamos siendo tratados como humanos, pero no tan humanos como el hombre
blanco o, lo que equivale a lo mismo, somos tratados como personas inferiores, que no estamos en el mismo nivel que aquellos
que se dignan fijarse en nuestra existencia. Lo más grave es que
empezamos a pensar acerca de nosotros mismos del modo en
que se nos ha descrito comúnmente.
Adoptamos ahora el término «negro» deliberadamente con
el fin de describirnos de manera positiva. Es una afirmación de
nuestra condición de personas, de nuestra identidad por derecho propio, no solamente frente a otros o contra ellos. Nos
declaramos a nosotros mismos y declaramos a quien quiera
escucharnos que somos fundamentalmente sujetos, no objetos,
personas y no cosas. Cada uno de nosotros es un «yo», no un
«ello». Tenemos que decir esto una y otra vez para «librarnos
del lavado de cerebro» al que nos han sometido, hasta que nos
lo creamos y podamos actuar como si realmente creyéramos en
nuestra dignidad y en nuestra humanidad.
116
¿Por qué negra?
El problema es que el hombre blanco ha intentado hasta ahora
–tal vez inconscientemente pero sin lugar a dudas– determinar
nuestra existencia. Él ha dispuesto, digámoslo así, el programa
para nuestra vida. Hasta ahora hemos jugado un juego cuyas reglas
han sido determinadas por los blancos, y a menudo ellos han sido
incluso los árbitros. Por eso, aquí usamos «negro» como un epíteto
porque somos negros: porque cada uno de nosotros es una persona.
Importamos, estamos bien vivos y lo negro es hermoso.
La teología negra… ¿acaso es teología?
El hombre blanco ha creído con arrogancia que sus criterios
tenían validez universal. Normalmente esto no se ha afirmado
con tantas palabras. No, sino que se ha tomado como parte de la
naturaleza de las cosas, demasiado obvio para ser declarado. Sencillamente se ha dado por sentado. Esto ha incluido la reflexión y
la expresión teológicas. Muchas personas podrían alzar la voz contra esta acusación, pero sigue siendo cierto que el poder político y
el poder económico han dado al hombre blanco una considerable
influencia para ejercer el neocolonialismo cultural e intelectual
incluso donde ha habido descolonización política.
En general, lo que Occidente decide que cuenta para la excelencia académica, por ejemplo, eso es la excelencia académica para
el resto del mundo. Esto ha ocurrido también en la teología. La
teología negra es un rechazo de esta arrogancia occidental. La teología negra afirma con todas las consecuencias aquello que la teología anglosajona defiende de boquilla, a saber: que no puede haber
nunca una teología definitiva, porque la teología cambia cuando
cambian los distintos ingredientes de la mezcla: la experiencia de
117
Dios no es cristiano
vida de la comunidad particular, su autocomprensión, su manera
de expresarse y sus categorías de expresión. La teología anglosajona
tiende a atribuirse una universalidad que ella no puede poseer
nunca propiamente. Y no puede poseerla porque la teología es un
intento de dar sentido a la experiencia de vida de una comunidad
cristiana particular, una comunidad condicionada por el tiempo y
el espacio, y todo esto en relación con lo que Dios ha hecho o está
haciendo y hará –sabiendo que el punto de referencia fundamental es el hombre Jesús.
Toda teología tiene que tomar en serio el escándalo de su
propia particularidad. En ello residen sus puntos fuertes y sus
limitaciones. Toda teología habla desde un contexto específico
y se dirige a ese mismo contexto. En esa medida es contextual
y existencial. El problema es que la mayor parte de la teología
que los negros hemos asimilado en las instituciones teológicas ha
tratado de hablar a la situación del hombre blanco y con el lenguaje de este. Estoy preparado para admitir que todo el esfuerzo
invertido en debatir las preocupaciones eruditas de la teología
filosófica lingüística, o de la teología de la «muerte de Dios» se
emplee útilmente en tratar las cuestiones vitales que atormentan
al hombre blanco común. Esta es la preocupación legítima de la
teología blanca –«blanca» porque así es y así ha sido, a pesar de
que quienes la practican se preocupen por negarlo vehementemente–. De hecho, si tuvieran razón cuando sostienen que su
teología no es una teología blanca, entonces no tendrían derecho a ser teólogos cristianos, dado que no estarían haciendo su
trabajo, que consiste en reflexionar sobre la experiencia de una
comunidad particular a la luz de la revelación cristiana.
La idea que con tantos esfuerzos quiero dejar clara es que los
cristianos no comprenden los misterios de su fe exactamente de
118
¿Por qué negra?
la misma manera y que expresan su diferente comprensión de
distintas formas. Por consiguiente, habrá diferentes teologías
condicionadas por las limitaciones y distorsiones de sus situaciones particulares. Una buena teología tiene que reconocer
que es intrínsecamente provisional. Dios nos habla tal como
somos y nuestra teología pasa por el filtro de nuestra identidad.
La teología negra es una teología comprometida; no es una teología académica y desvinculada. Es una teología de buen nivel, que
aborda las preocupaciones reales, las cuestiones de vida o muerte
del hombre negro. Si el hombre blanco está hecho de tal forma
que encuentra verdaderas dificultades para comprender el sentido
de frases aparentemente sencillas como «Dios te ama», entonces
quizá se justifique que el teólogo blanco esté interesado en Wittgenstein –con su principio de verificación, etcétera–. El teólogo
negro puede interesarse por estos juegos filosóficos y semánticos
solo cerebralmente, gozando con la alegría que le produce ser capaz
de realizar hábilmente esta clase de gimnasia intelectual. Pero esto
no es lo que toca el corazón de la experiencia negra.
La teología negra intenta encontrar sentido a la experiencia
de vida del hombre negro –que es en gran medida una experiencia de sufrimiento negro a manos del desenfrenado racismo
blanco– y entenderla a la luz de lo que Dios ha dicho sobre sí
mismo, sobre el hombre y sobre el mundo en su Palabra definitiva. La teología negra reflexiona acerca de si es posible ser
blanco y seguir siendo cristiano; pregunta de qué parte está
Dios; se preocupa por la humanización de las personas, porque
quienes desfiguran a nuestra humanidad se deshumanizan a la
vez ellos mismos; se preocupa por la liberación de todos, blancos
y negros, porque la liberación del hombre negro es la otra cara
de la moneda de la liberación del hombre blanco. Es un toque
119
Dios no es cristiano
de trompeta para que el hombre se ponga de parte del Dios que
es el Dios del éxodo, el Dios libertador, que libra a su pueblo, a
todo su pueblo, de toda clase de esclavitud –política, económica,
cultural; de la esclavitud del pecado y la enfermedad– para introducirlo en la gloriosa libertad de los hijos de Dios.
Cuando practicamos la teología negra, ya no usamos «negro»
como un epíteto meramente étnico. Se refiere a todos los oprimidos de cualquier clase y que están dispuestos a apropiarse de las
intuiciones de la teología negra siempre y cuando sean relevantes
para su propia situación de vida. Así, la teología negra es la teología de los oprimidos y, en este sentido, es una teología de liberación. Ella trata de poner de manifiesto, para que todos lo vean,
que la actividad divina es, en último término, una y la misma:
Dios libera a su pueblo para que entre en la tierra prometida en
esta vida y no solamente en un vago futuro celestial. Sostiene que
Dios actúa siempre alterando el statu quo. El futuro de la humanidad no está determinado. Está abierto a la sorpresa divina, que
subvierte las estructuras deshumanizadoras que hacen que los
hijos de Dios sean menos que lo que él quiere que sean.
¿Pretende la teología negra poseer una universalidad que ha
condenado tan rápidamente en otras teologías? No, la teología
negra no trata de imponer a nadie sus formas, sus intuiciones,
sus aportaciones. No se engaña en lo que respecta a sus propias
limitaciones, que, por definición, son inherentes a su propia
naturaleza. No desea en modo alguno canonizar su necesaria
condición provinciana; no puede negar su particularidad y, sin
embargo, conserva su integridad.
Esto es lo que entendemos por teología negra, una teología
preocupada por reconciliar la sobrecogedora experiencia de los
negros con lo que –según aquello que los cristianos negros han
120
¿Por qué negra?
llegado a aceptar– son la naturaleza y la actividad de Dios tal y
como se han revelado supremamente en nuestro Señor y Salvador. En un sentido real, Jesucristo no fue un hombre cualquiera. Para ser real y verdaderamente hombre tenía que ser
un hombre concreto, nacido de una mujer concreta, en un
tiempo concreto y en un lugar concreto. Solo de esta manera
pudo ser universalizado, pero con considerable prudencia,
porque algunas de las cosas que dijo e hizo eran relativas, y se
ha hecho mucho daño a la misión cristiana al tratar de hacer
absoluto lo que era relativo. Para que Dios se encarnara, para
que pudiera hacerse hombre real y verdaderamente, tuvo que
producirse la divina kénōsis (auto-vaciamiento). Y Dios dejó
abierta siempre la posibilidad de ser mal comprendido.
Para nosotros, es una cuestión de vida o muerte en el sentido joánico que nos comprometamos en serio con la teología negra. En ello está en juego nuestra existencia cristiana.
Hemos de ver si Dios es, como lo describen las Escrituras, el
Dios del Magníficat, que colma de bienes a los hambrientos y
despide vacíos a los ricos (cf. Lucas 1,46-55); si, en efecto, es
el Dios que envió a su Hijo y sigue enviando a sus hijos «para
dar una buena noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la liberación a los cautivos y a
los prisioneros la libertad… para consolar a los afligidos; para
cambiar su ceniza en corona, su luto en perfume de fiesta, su
abatimiento en traje de gala» (Isaías 61,1-3).
Para nosotros, es una cuestión y tarea existencial. Y no dejaremos que nos impidan llevarla adelante aquellos que podrían despistarnos queriendo examinar la buena fe académica de nuestra
iniciativa. Francamente, ha pasado el tiempo en que teníamos que
esperar a que el hombre blanco nos diera permiso para hacer nues-
121
Dios no es cristiano
tro trabajo. Es prácticamente irrelevante que él acepte (o no) la
respetabilidad intelectual de nuestra actividad. Sea cual sea su postura, nosotros seguiremos adelante. Esto no significa que no tratemos de ser autocríticos. No, lo que está en juego es demasiado
importante y, por consiguiente, no puede ser tratado de manera
chapucera o a la ligera. Somos plenamente conscientes de que
las respuestas que la teología negra puede dar serán solo falsos
paliativos si presenta debilidades tales como la auto-contradicción
interna. La teología negra debe seguir los datos evidentes dondequiera que estos la lleven y debe afrontar las cuestiones y los problemas directamente sin amañar las soluciones. Pero nos negamos
a que nos digan cuáles son las cuestiones que hemos de afrontar,
o las formas en que podemos expresar los resultados de nuestra
reflexión y de nuestra forma de hacer teología. Se puede confiar en
que también nosotros tenemos alguna capacidad de captar las verdades cristianas y sabemos que lo que aporte la teología negra debe,
en último término, ser coherente con la revelación de la Escritura,
con lo que discernimos de Dios en el rostro de Jesucristo.
Pero la teología negra tiene que emplear su propia lengua para
hablar a aquellos a quienes se dirige primariamente: los negros. Es
posible que sus expresiones choquen a otros por ser desmedidas,
no académicas y extrañas como, por ejemplo, «Jesús es negro».
«Negro» contiene un rico y emotivo racimo de significados. No
dejaremos que nos rechacen por las arrogantes interpretaciones
erróneas del significado superficial de nuestros enunciados teológicos. No dejaremos que nos disuadan de hacer lo que tenemos
que hacer. No estamos suplicando que nos acepten ni tratando
de demostrar la respetabilidad académica de la teología negra.
No, sino que aquello que presentamos es una declaración sencilla, quizás estridente, sobre una realidad ya existente. La teología
122
¿Por qué negra?
negra existe. No estamos pidiendo permiso para que ella vea la luz.
Tal vez un día reciba la misma atención que se está prestando al
pentecostalismo, que ha devenido respetable porque ha sido asumido por muchos cientos de miles de occidentales y que desde
hace décadas es un fenómeno religioso en África, por ejemplo.
Las implicaciones de la teología negra
La teología negra desafía a la mayoría del resto de las teologías
a que sean realmente más bíblicas. Afirma que todas las formas
de teología tienen que comprometerse, en el sentido de que tienen que abordar las cuestiones vitales y candentes de la comunidad cristiana concreta cuya experiencia forma una parte integral
y auténtica de los datos de esa teología. Cuando examinamos la
Biblia, encontramos que la mayor parte de la teología que contiene, especialmente en el Nuevo Testamento, está, por decirlo
así, forjada en el fragor de la batalla y casi en el mismo campo
de batalla. Es ocasional en el sentido técnico de que ha sido ocasionada por un particular conjunto de circunstancias, y trata de
ser relevante para esas circunstancias. Trata de responder cuestiones apremiantes que plantean tales circunstancias; trata de aliviar
el dolor y la angustia que implica vivir en ellas; trata de incorporar el conocimiento de los intentos del ser humano de comprender otros aspectos de sí mismo y del universo que habita, y
de asimilarlo en un todo lo más coherente posible, de modo que
los miembros de esta comunidad puedan vivir con una razonable dosis de integridad. La mayor parte de los textos del Nuevo
Testamento fueron escritos para afrontar situaciones que producían una profunda perplejidad e incluso angustia. ¿Eres realmente
123
Dios no es cristiano
cristiano si no has sido circuncidado o estás fuera del sistema? ¿Se
puede esperar que un cristiano de origen judío fraternice con un
cristiano de origen gentil? La resurrección… ¿sucedió o no sucedió? Si el Antiguo Testamento transmitió todas aquellas profecías
sobre Jesucristo, ¿cómo pudo suceder que los judíos no fueran
capaces de reconocerlo? Al hacerse cristiano, ¿no perdía el judío
algo que era muy superior a la nueva religión que estaba abrazando? Si Dios era realmente el Señor de todo y Cristo había
vencido a todos los enemigos, ¿por qué el archienemigo de los
cristianos seguía siendo aún tan poderoso y por qué sufrían tanto
los cristianos? ¿Se debía a que Dios no actuaba, a que se mostraba
indiferente o a que era impotente?
La teología negra está tratando de hacer para un sector
importante del cristianismo precisamente aquello que los autores bíblicos hicieron para las comunidades a las que se dirigían.
Dado que las situaciones eran diferentes, las teologías que se
produjeron y recogieron en la Bibllia son también distintas.
Debido a su particularidad, tienen que mostrar necesariamente
una rica diversidad. ¿Quién puede sostener con seriedad que el
Nuevo Testamento se habría visto notablemente mejorado si los
cuatro evangelios hubieran sido totalmente armonizados en un
solo relato? ¿O que los libros de Job y Rut no añaden un contrapeso necesario a los libros de Esdras y Nehemías? ¿O que, en
general, no poseemos en la Biblia nada más maravilloso que la
profecía unida a la apocalíptica –cada género con su teología
particular? Nos arriesgamos a perder una espléndida riqueza si
criticamos la existencia de muchas teologías diferentes debido a
nuestro deseo de una universalidad y una unidad prematuras.
La unidad bíblica no procede de una uniformidad de estilo o de
comprensión, sino del hecho de que está centrada en la acción
124
¿Por qué negra?
de Dios en la historia humana, en la transmisión de esta actividad y de la manera en que el ser humano la ha comprendido, la
ha deformado y ha respondido a ella.
Otro nivel en el que la teología negra desafía a otras teologías a que sean bíblicas se encuentra en su preocupación por toda
la persona. La Biblia, al igual que lo mejor del cristianismo, es
materialista en sentido propio. Al parecer, los profetas eran tercamente incapaces de establecer una separación entre el mercado, o
la puerta de juicio del pueblo, y el templo y el santuario. Muchos
de los actuales cristianos, especialmente quienes viven lujosamente
o tienen poder político, parecen torpes en lo relativo al significado
de su fe para las condiciones políticas, económicas y sociales. El
cristianismo perderá toda la credibilidad que aún pueda poseer si
mantiene su alianza con las fuerzas opresoras políticas y económicas que sostienen un statu quo injusto. Entre las personas oprimidas puede haber algunas que usan el cristianismo como una forma
de escapismo de la dura realidad, pero son cada vez más las personas que ven cómo su fe se marchita por la decepción. Prometer
vanas esperanzas a quien se está muriendo es insultar a Dios.
La teología negra lanza un desafío a la llamada teología africana. Durante mucho tiempo ha parecido que la teología africana
estaba preocupada por mostrar que África tiene una herencia religiosa auténtica, por servir como puente entre la conciencia africana y el cristianismo. Pero esto no puede ser la suma total de la
teología africana. Ahora tiene que empezar a abordar con más
seriedad los problemas que afectan a África actualmente. Tiene
que afrontar los enormes problemas producidos por la independencia política. Ha de tener algo que decir sobre la teología del
poder, del subdesarrollo, de los golpes políticos, del elitismo.
Tiene que preocuparse por la intransigencia de la naturaleza
125
Dios no es cristiano
humana. La teología negra no es tan ingenua como para pensar
que la opresión blanca es la única esclavitud de la que los negros
han de ser liberados. El pecado y el mal son tan deshumanizadores como el racismo blanco, y cuando el opresor blanco es destronado en África, con demasiada frecuencia es sucedido por su
homólogo negro. La teología africana no ha aportado aún ninguna respuesta significativa a los principales problemas contemporáneos. Para empezar a hacerlo tendrá que aceptar el desafío de
la teología negra.
En suma, pues, a la teología negra le importa la totalidad
del hombre negro, le interesa ayudarle a lidiar con su propia existencia, hablar a su condición particular y ayudarle a
afirmar su propia condición de persona y a entrar en su inalienable herencia como hijo de Dios y heredero del reino de
los cielos. Trata de ayudarle a que sea cada vez más lo que
Dios quiere que sea: una persona humana liberada de todas las
formas de esclavitud que la han deshumanizado. Después de
todo, para esto vino Cristo: «He venido para que tengan vida,
y la tengan en abundancia» (Juan 10,10).
126
11
Estoy aquí ante vosotros
¿Por qué los cristianos deben
participar en la política?
Desmond Tutu se vio empujado por primera vez a la vida pública
cuando fue elegido, en un corto espacio de tiempo, como primer
deán negro de Johannesburgo (en 1975), como obispo anglicano del
Estado vecino de Lesotho (1976) y, después, como secretario general
del Consejo Sudafricano de Iglesias (1978). En una época en la que
las principales fuerzas que luchaban contra el apartheid habían
pasado a la clandestinidad o se habían exiliado, y sus líderes habían
sido encarcelados, los púlpitos de las iglesias proporcionaban plataformas públicas desde las cuales los sudafricanos negros podían
hablar libremente, y los encuentros de sus dirigentes eran uno de los
pocos foros en los que negros y blancos podían debatir casi en condiciones de igualdad. Desde el comienzo de su vida pública, Tutu
sobresalió inmediatamente por su defensa incondicional de las aspiraciones de los sudafricanos negros, en la que no se dejó atrapar por
los eufemismos y fue valiente frente al aparato de un Estado policial,
pero al mismo tiempo fue sensible a las preocupaciones de los demás
Dios no es cristiano
líderes eclesiales blancos. En un momento en que Nelson Mandela
–que estaba en la cárcel– y su amigo y antiguo socio en asuntos legales Oliver Tambo –el líder exiliado del Congreso Nacional Africano
(CNA)– eran demonizados por el gobierno del apartheid como
terroristas, Tutu se encontraba entre una pequeña minoría de voces
que deseaban defender sus ideales pública, audaz y apasionadamente, ante auditorios tanto negros como blancos.
1
Tutu preparó este discurso para un público blanco a finales de
1978, dos años después del hito constituido por la rebelión juvenil
nacional desencadenada por los alumnos de Soweto.
E
stoy aquí ante vosotros como una persona que profesa la
fe cristiana. Este es el punto de partida para todo lo que
soy; es la inspiración de todo lo que digo y de todo lo que
hago. Como cristiano, por consiguiente, sitúo, como aquello
que merece mi absoluta lealtad y ocupa el lugar más importante en mi vida, el culto y el servicio a Dios. Quiero subrayar
que mi prioridad es dar gloria y alabanza a Dios. He de mantener una relación auténtica en primer lugar con Dios a través
de la oración, a través de la lectura de la Biblia, a través de la
meditación y la celebración de los sacramentos de la Iglesia.
Por tanto, considero que lo espiritual tiene una importancia
fundamental en mi vida. Esta es la llamada dimensión vertical
de la vida humana, la relación con Dios.
Pero esto no es el final, no puede ser el final. La autenticidad de esta relación vertical, de la relación espiritual con Dios,
128
Estoy aquí ante vosotros
se expresa y se pone a prueba en mi vida en la relación con mi
prójimo. Esta es la llamada dimensión horizontal. Hay que
mantener unido lo vertical y lo horizontal. Nuestro Señor y
maestro Jesucristo dijo: «“Amarás al Señor tu Dios con todo
tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente”. Este es
el precepto más importante; pero el segundo es equivalente:
“Amarás al prójimo como a ti mismo”» (Mateo 22,36-40).
Para Jesús, el amor a Dios era inconcebible y no podía existir
sin su corolario: el amor al prójimo. Uno de los evangelistas
resume la enseñanza de la Biblia sobre esta cuestión preguntando: «¿Cómo puedes decir que amas a Dios, a quien no ves,
si odias a tu hermano, a quien ves?» (1 Juan 4,20).
Lo que estoy diciendo es que no soy un político. Lo que
me lleva a involucrarme en la vida sociopolítica no es la política, sino mi fe cristiana. La motivación es que también yo
pienso que he tenido un encuentro con Jesucristo en la oración, en la lectura de la Biblia, y es precisamente este encuentro lo que me obliga a decir y hacer las cosas que digo y hago.
Por obediencia al imperativo del evangelio de Jesucristo, al
mandamiento de Dios y a las enseñanzas de la Biblia, estoy
comprometido en cuestiones sociopolíticas y económicas. Por
eso no pido disculpas. Rechazo todas las falsas dicotomías: por
ejemplo, entre lo sagrado y lo profano, entre las cosas llamadas
religiosas y las consideradas meramente seculares. Pienso que
la religión se preocupa por todas las dimensiones de la vida
y no solo por determinados aspectos de ella. El Dios a quien
adoro es el Dios de toda la vida. No hay ningún aspecto de la
existencia humana que no esté bajo su mandato.
En una parábola sobre el juicio final, Jesucristo enseña
que se juzgará si merecemos el cielo o el infierno aplicando
129
Dios no es cristiano
el criterio de si hemos hecho (o dejado de hacer) determinadas cosas. Resulta interesante que todas estas cosas no puedan ser llamadas religiosas en sentido estricto: dar de comer a
los hambrientos, visitar a los enfermos, vestir a los desnudos,
visitar a los encarcelados.
No pretendo tener una infalibilidad que en realidad ningún ser humano puede poseer y, por consiguiente, admito
que puedo estar equivocado. Pero tengo que decir rotundamente que en cuanto veo con claridad cuáles son las exigencias del evangelio de Jesucristo en una determinada
situación, entonces no puedo hacer otra cosa; y, por consiguiente, por obediencia a lo que yo entiendo que es la
voluntad de Dios, haré y diré todo lo que pienso que se ha
de hacer o decir. No busco un enfrentamiento con las autoridades, pero una vez que tomo una decisión, ya no estoy
pendiente de continuo para ver si tengo (o no) la aprobación de las autoridades, o de otros cristianos que podrían
pensar de otra forma y podrían ser poderosos. Prefiero obedecer a Dios antes que a los hombres.
Anhelamos que nuestro llamamiento, nuestro grito
del corazón, sea escuchado por nuestro gobierno y por
los sudafricanos blancos. Hablo movido por un profundo
amor a mi querido país y por la solicitud por mis compatriotas blancos. Y digo: «Por favor, sentémonos juntos,
blancos y negros, todos los líderes auténticos y reconocidos
de las diferentes secciones de nuestra comunidad –he dicho
“reconocidos” y no “impuestos”–; pongámonos a debatir
entre nosotros antes de que la causa del cambio razonablemente pacífico se haya perdido irreparablemente». B.J.
Vorster, ex primer ministro sudafricano, aconsejó certera-
130
Estoy aquí ante vosotros
mente a Ian Smith1 que empezara a hablar con los líderes
negros, que liberara a los detenidos y que tratara de poner
todo el empeño en conseguir un acuerdo negociado. Vorster
aconsejó a los líderes de Namibia que se sentaran en torno a
una mesa de negociaciones y hablaran con el fin de buscar juntos un acuerdo justo en ese territorio. ¿Por qué piensa que esta
manera de hacer las cosas debería valer solo para exportarla?
Hemos de preguntarnos por qué no hacemos esas cosas también aquí, en Sudáfrica, mientras tenemos una remota posibilidad de luchar todos nosotros, negros y blancos juntos, por la
clase de futuro que queremos para nuestro país: presentar un
proyecto para una sociedad más abierta, más justa, más equitativa, donde las personas cuentan porque son seres humanos
hechos a imagen de Dios y no en virtud de rasgos históricos y
biológicos como la cantidad de melanina que hay en su piel.
Sabéis que los líderes negros más sobresalientes desde tiempo
inmemorial han declarado que no quieren arrojaros a vosotros,
los blancos, al mar porque todos, negros y blancos, pertenecemos a nuestra madre Sudáfrica, y todos ellos tendieron una
mano solidaria a los blancos. Pero hasta ahora no han recibido
más que rechazo tras rechazo. El milagro de Sudáfrica consiste
en que los negros hablan aún a los blancos después de lo que
nos ha sucedido a lo largo de tres siglos: un trato horrible que ha
empeorado desde la introducción formal del apartheid en 1948.
Hablad con nosotros y dejad de hablar sobre nosotros.
Tengo que lanzar una advertencia con la mayor sobriedad y
responsabilidad. Si la situación actual se mantiene en Sudáfrica,
entonces, con la misma seguridad que el día sigue a la noche,
tendremos un baño de sangre en este hermoso país. Por favor,
no puede haber seguridad real y duradera para los blancos en
131
Dios no es cristiano
Sudáfrica mientras la inmensa mayoría de los habitantes de este
país no sean libres. Los blancos no pueden tener seguridad real y
duradera basada en el poder militar y policial mientras la inmensa
mayoría de los ciudadanos sudafricanos vean cómo los numerosos recursos de la tierra en que nacieron son distribuidos tan
injustamente. No puede haber libertad real en este país hasta que
los negros sean libres, porque los blancos tienen que gastar una
cantidad enorme de recursos para tratar de salvaguardar su libertad exclusiva, y la libertad, amigos míos, es indivisible.
Como cristiano creo que a Dios le preocupa la justicia, la rectitud, lo correcto y lo incorrecto, la explotación, la opresión. Y sé
que el modo de vida sudafricano, el actual orden social, es injusto
e inmoral. Es opresor y perverso. Si los blancos no piensan así,
¿podrían, por favor, intercambiar con los negros el puesto que
ocupan durante unos días? Que abandonen sus casas de lujo y se
instalen en Soweto y usen los inadecuados medios de transporte;
que aguanten los controles policiales; que sean sometidos a las
múltiples leyes vigentes para los negros solo durante unos días y
veamos si están de acuerdo en que este sistema es malo, injusto e
inmoral, y por esta razón se derrumbará necesariamente. Porque
es odioso a los ojos de Dios. No os engañéis. Es un sistema anticristiano, aborrecible para las conciencias cristianas en el resto del
mundo, y se vendrá abajo como todos los demás sistemas inmorales anteriores –que parecía que iban a durar para siempre.
Vosotros, hermanas y hermanos míos blancos, debéis saber
que os están pidiendo que apoyéis un sistema que es totalmente
indefendible. Abandonadlo antes de que sea demasiado tarde.
Vosotros, hermanas y hermanos míos blancos, debéis saber que
una vez que un pueblo decide que quiere ser libre, entonces nada,
absolutamente nada, en el mundo puede impedir que alcance la
132
Estoy aquí ante vosotros
meta de la autodeterminación –ni siquiera el poder militar y policial en el mundo–. Vietnam lo ha demostrado recientemente.
Las ex colonias portuguesas lo han puesto también de manifiesto.
Pero, mucho más cerca de nosotros, los afrikáners son una prueba
viva de esto en su propia historia. ¿Por qué piensan que nosotros,
los negros, seremos la excepción a una regla universal?
El cambio –no alteraciones cosméticas, sino el cambio real
y radical– se está produciendo. Esto es indudable. Lo que aún
se cuestiona es cómo y cuándo sucederá este cambio y vosotros,
hermanas y hermanos blancos, sois los únicos que debéis responder a estas preguntas.
Apelo a vosotros: por favor, escuchadnos. Lo único que queremos es que reconozcáis que somos seres humanos como vosotros: reímos y lloramos; amamos y nos casamos como vosotros;
queremos justicia al igual que vosotros; queremos paz; queremos reconciliación. Como vosotros, queremos evitar el derramamiento de sangre. Pero los líderes negros que hablamos sobre
paz y reconciliación vemos cómo nuestra credibilidad se ve rápidamente erosionada porque, mientras hablamos, vuestros líderes responden con perros policía, gas lacrimógeno, balas y
muerte. Eso lleva a la destrucción de todos nosotros, negros
y blancos, conjuntamente. Unámonos y caminemos erguidos hacia el maravilloso futuro que puede ser nuestro, negros
y blancos juntos, un futuro maravilloso para nuestros hijos,
negros y blancos juntos. No esperéis hasta que sea demasiado
tarde; no esperéis hasta que se cumpla la horrenda profecía contenida en Cry, the Beloved Country2 [Llora, mi querido país]:
«Cuando ellos quieran empezar a amar, descubrirán que el odio
se ha apoderado de nosotros». Por favor, escuchadnos antes de
que sea demasiado tarde.
133
Dios no es cristiano
2
A principios de 1979, Tutu presidió una celebración litúrgica en
la iglesia católica Regina Mundi de Soweto, un importante lugar
de reunión para las manifestaciones de protesta de jóvenes activistas
que conmemoraban a las víctimas de la masacre de Sharpeville en
1960. Las matanzas de Sharpeville, en las que los policías causaron
la muerte por disparos de más de 70 personas que se manifestaban
contra las leyes del apartheid, desencadenaron una serie de acontecimientos –incluida la declaración de estado de emergencia, la prohibición de los movimientos de liberación, el recurso de estos movimientos
a la lucha armada y el encarcelamiento de Nelson Mandela y otros
líderes– que terminaron en la supresión de la acción militante contra el apartheid durante una década. Con la sublevación de Soweto
en 1976, los jóvenes a quienes Tutu dirigió las siguientes palabras en
Regina Mundi a principios de 1979 pusieron fin a esta era.
E
stoy ante vosotros como obispo de la Iglesia de Dios –una,
santa, católica y apostólica– y, por tanto, estoy ante vosotros
como líder cristiano. Quiero insistiros en ello hoy, amigos míos,
porque somos acusados con demasiada frecuencia de mezclar la
política con la religión. Estoy ante vosotros como alguien que ha
intentado, y sigue intentando, ser fiel a nuestro Señor y maestro
Jesucristo. Estoy ante vosotros como alguien que sostiene que lo
que dice y hace no está dictado ni determinado por su filosofía
política. Estoy ante vosotros hoy como alguien que no tiene afiliación política. Estoy ante vosotros hoy como alguien que declara
que no tiene ambiciones políticas. Estoy ante vosotros hoy para
declarar que no me considero como el arzobispo Makarios, que
era presidente de Chipre, ni como el obispo Abel Muzorewa3.
134
Estoy aquí ante vosotros
Estoy ante vosotros hoy para declarar que aquello que
determina lo que hago y lo que digo no es mi política, sino mi
fe. Es mi compromiso y mi obediencia a nuestro Señor Jesucristo lo que determina aquello que hago o digo. Sé que si el
obispo Tutu dijera hoy que piensa que el apartheid o este «sistema de desarrollo separado»4 o comoquiera que se llame, si
yo dijera que este sistema no es malo, ¿sabéis que, asombrosamente, nadie me acusaría de mezclar la política con la religión? ¿No es extraño que cada vez que uno declara que un
sistema injusto y opresor es malo y perverso, entonces se diga
que uno mezcla la política con la religión?
Nosotros declaramos que el Dios al que adoramos es el
Señor de toda la vida, no solo de algunas partes de la vida –las
llamadas «religiosas» o «sagradas»–. ¿Y la economía, y la política? ¿Queremos decir que Dios no se preocupa de ellas? Lo
siento, pero no es esto lo que dice la Biblia. Escuchemos el
siguiente pasaje del profeta Isaías:
«– ¿Para qué ayunamos, si no lo ves?
¿Para qué nos afligimos, si no te enteras?
– Mirad, cuando ayunabais lo hacíais por interés,
y a todos vuestros obreros explotabais.
Es que ayunáis para litigio y pleito
y para dar de puñetazos a malvados.
No ayunéis como hoy,
para hacer oír en las alturas vuestra voz.
¿Así ha de ser el ayuno que yo elija?
Día de humillarse el hombre, sí,
135
Dios no es cristiano
¿pero agachando como un junco la cabeza?
Y el saco; y esparcir la ceniza.
¿A eso llamáis ayuno y día grato a Yahvé?
¿No será este el ayuno que yo elija?:
deshacer los nudos de la maldad,
soltar las coyundas del yugo,
dejar libres a los maltratados,
y arrancar todo yugo.
¿No será partir al hambriento tu pan,
y a los pobres sin hogar recibir en casa?
¿Que cuando veas a un desnudo le cubras,
y de tu semejante no te apartes?
Entonces brotará tu luz como la aurora,
y tu herida se curará rápidamente.
Te precederá tu justicia,
la gloria de Yahvé te seguirá».
Isaías 58,3-8
Isaías condena las prácticas religiosas si no guardan relación
con la esfera social, política y económica, si no tienen implicaciones en ella. El profeta sostiene que semejante religión constituye un insulto a Dios y es, por tanto, blasfema. Es como si
las personas religiosas trataran de sobornar a Dios: «Oh Dios,
haremos esto por ti si nos dejas hacer lo que nos agrada». Dios
dice: «¡Ni hablar!».
También sabemos que cuando Jesús, el Hijo mismo de
Dios, caminó en esta tierra, no dijo a los enfermos: «¡No
136
Estoy aquí ante vosotros
importa! Tendréis una vida mejor en el cielo». No, sino que
sanó a los enfermos, abrió los ojos de los ciegos, dio de comer
a los hambrientos. Cualquier persona que trata hoy de decir a
los oprimidos, a quienes viven en chabolas y tugurios, a quienes se ven llevados de acá para allá, a los desalojados de sus
hogares que han de dormir en tiendas de campaña o en la calle
por el color de su piel, a quienes reciben un salario bajo y son
mano de obra barata, a quienes viven como sardinas enlatadas
con iluminación insuficiente, calles sin pavimentar e instalaciones deportivas inadecuadas, a quienes tienen que levantarse
a las cuatro de la mañana para empezar a trabajar a las siete
o a las ocho porque el sistema de transporte es inadecuado, a
quienes no pueden educar a sus hijos porque tienen que pagar
esa educación mientras los ricos de este país tienen educación
gratuita y obligatoria para sus hijos… si alguien puede decir a
quienes viven en estas condiciones que no se preocupen porque tendrán una vida mejor en el cielo, entonces esa persona
se burla de la religión de Jesucristo.
En el relato que Jesús cuenta sobre el juicio final, dice
que nosotros mismos determinamos si vamos al cielo o al
infierno dependiendo de si hemos hecho (o dejado de hacer)
determinadas cosas. En la lista que ofrece, en ningún lugar
afirma: «Iréis al cielo porque habéis rezado o porque habéis
ido a la iglesia». Ahora bien, no digáis que he dicho que él
no pensaba que esas cosas eran importantes, pero es significativo que no las mencione y, sin embargo, menciona el dar
de comer a los hambrientos, vestir a los desnudos, visitar a
los enfermos y a los encarcelados. ¿A cuántas personas excluidas por el gobierno has visitado? ¿Cuántas veces has asistido
a juicios políticos? Jesucristo asegura que no puedes amar a
137
Dios no es cristiano
Dios a quien no has visto si no amas a tu hermano a quien
conoces y ves, porque dice: «Amarás al Señor tu Dios con
todo tu corazón… y a tu prójimo como a ti mismo» (Lucas
10,27). Es mi relación con Jesucristo y con Dios lo que me
impulsa a involucrarme en la política, en la economía, en la
lucha por la liberación de nuestro pueblo; y me temo que
nadie puede cambiarlo, porque para mí eso es lo que significa ser hoy cristiano en Sudáfrica.
Hace diecinueve años nuestro pueblo protestó pacíficamente en Sharpeville contra las leyes de pase5. ¡Hace diecinueve años! ¿Qué ha pasado desde entonces? Se dice que las
cosas están cambiando en Sudáfrica. ¡No me hagáis reír! ¡Claro
que están cambiando! Hace diecinueve años, la policía solía
acosarnos para exigirnos los pases, y solíamos ver a nuestros
padres y hermanos esposados, en un «cocodrilo», desfilando
por las calles. Actualmente la policía ha intensificado los controles de las leyes de pase. El año pasado hubo un incremento
de cien mil personas en el número de arrestados. No ha habido
cambios y, ciertamente, no para mejor. Cualquier cambio es
para peor. Nuestros compatriotas son arrestados para que no
se vea cuántos negros carecen de empleo. No son considerados
seres humanos, sino «apéndices superfluos» –como los llamó
en una ocasión un ministro de gobierno– en los bantustans.
«Ojos que no ven, corazón que no siente».
Con toda la autoridad que tengo como líder cristiano y
con toda la pasión de que dispongo como ser humano, quiero
hacer este llamamiento y lanzar esta advertencia. Las acciones
de la policía son muy provocativas. Detenedlas, por favor; de
lo contrario, un día tendremos un grave estallido social. También nosotros somos seres humanos con sentimientos.
138
Estoy aquí ante vosotros
Somos seres humanos creados por Dios. Tenemos dignidad. No sigáis comportándoos como lo hacéis: humillándonos
diariamente. No nos hagáis desesperar, porque «la paciencia
tiene un límite», como se suele decir. Y las personas desesperadas usarán medios desesperados.
Hago un llamamiento a los sudafricanos blancos. Esas cosas
se hacen en vuestro nombre. Rechazadlas si queréis tener un
futuro del que podáis sentiros orgullosos en una Sudáfrica no
racial. No os engañéis: los negros tendrán un día poder político en este país. Nada ni nadie impedirá que eso suceda. Así
pues, poneos de parte de los vencedores.
Nuestra lucha es una lucha justa. Nuestra lucha es una
lucha moral y por esa razón es seguro que tendrá éxito. Los
blancos saben que están sosteniendo un sistema injusto, opresor y malvado. Nadie puede burlarse de Dios. Él es el Dios de
la justicia, la bondad y el amor –y está de nuestra parte, porque somos oprimidos–. Él derrotará el mal y la injusticia. Él
quiere que todos sus hijos, negros y blancos, sean libres. Nosotros queremos una Sudáfrica no racial donde cuenten todos,
negros y blancos, no por el color de su piel, sino porque todos,
los negros y los blancos, han sido creados a imagen de Dios.
«Ante esto ¿qué diremos? Si Dios está por nosotros ¿quién
contra nosotros?
El que no perdonó ni a su propio Hijo, antes bien le
entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará con él
graciosamente todas las cosas?
¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Dios es quien
justifica. ¿Quién condenará? ¿Acaso Cristo Jesús, el
139
Dios no es cristiano
que murió; más aún el que resucitó, el que está a la
diestra de Dios, e intercede por nosotros?
¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la
desnudez?, ¿los peligros?, ¿la espada?
Como dice la Escritura: Por tu causa somos muertos todo
el día; tratados como ovejas destinadas al matadero.
Pero en todo esto salimos más que vencedores gracias a
aquel que nos amó.
Pues estoy seguro de que ni la muerte ni la vida ni los
ángeles ni los principados ni lo presente ni lo futuro
ni las potestades ni la altura ni la profundidad ni
otra criatura alguna podrá separarnos del amor de
Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro».
Romanos 8,31-39
140
12
Totalmente diabólico
Llamamiento a la moralidad de un cristiano
El apartheid convirtió a los sudafricanos negros en unidades de
trabajo, tolerados en la zona interior industrial y agrícola del país
solo mientras estuvieran al servicio de la economía dirigida por
los blancos y continuamente sujetos a las deportaciones a enclaves
rurales de base étnica (llamados bantustans o «territorios nativos») donde la mayoría negra podía ejercer sus derechos políticos. Después de alcanzar el poder en 1948, los arquitectos del
apartheid empezaron, en su deseo de imponer la pureza racial y
étnica, a desplazar a las personas por todo el país, trasladando a
los negros que vivían en áreas consideradas demasiado próximas a
los barrios blancos, a nuevos lugares fuera de las ciudades, u obligándoles a establecerse en los bantustans creados para sus supuestos grupos étnicos. Según una estimación de 1978, el gobierno
había desalojado por la fuerza a 2,1 millones de personas de sus
hogares y planeaba aún desalojar a 1,7 millones. La observación
de los efectos de los desplazamientos provocó el primer enfrentamiento serio de Desmond Tutu con el gobierno. Él se había dado
Dios no es cristiano
a conocer primeramente en la comunidad blanca por advertir –
en un editorial de un periódico y en una muy difundida carta
abierta al primer ministro B.J. Vorster seis semanas antes de la
rebelión de Soweto– que sentía un «creciente miedo de pesadilla»
a una «confrontación sangrienta» si el apartheid no era abandonado. Tres años más tarde escribió otra carta –que permaneció
inédita durante más de tres décadas– al sucesor de Vorster, P.W.
Botha, que al asumir el cargo había sugerido que estaba dispuesto
a considerar la introducción de reformas limitadas para responder
a las necesidades de los negocios de los blancos.
Honorable Primer Ministro
Sr. P.W. Botha
Valija privada X193
Ciudad del Cabo, 8000
5 de julio de 1979
Asunto: Esquemas de reasentamiento de la población
Querido Sr. Primer Ministro:
Te escribo como un líder sudafricano a otro, como un
sudafricano a otro. Pero, de un modo más fundamental,
te escribo como un cristiano a otro. Te escribo con
confianza porque has sido muy comunicativo y cortés en la
correspondencia que hemos mantenido hasta ahora sobre
otras cuestiones.
142
Totalmente diabólico
Te escribo con confianza sobre este asunto que desde la
semana pasada se ha vuelto casi obsesivo para mí, porque
creo que no eres consciente de las condiciones que tanto
me hicieron sufrir durante mi visita a la zona oriental de
Ciudad del Cabo. Estoy convencido de que si conocieras
cuáles han sido las consecuencias de los masivos esquemas
de reasentamiento de la población sobre otros seres
humanos y sobre tus compatriotas sudafricanos, entonces
hace mucho tiempo que tú y tus colegas en el Partido
Nacionalista habríais puesto fin a algo que produce
resultados tan angustiosos.
Escribo con confianza porque estoy seguro de que estás
intentando llevar a este país de la política de la confrontación
a la del diálogo y la coexistencia. Y acepto tu buena fe a
este respecto. Creo que quieres introducir una nueva
administración, pero tienes que moverte prudentemente,
porque muchos piensan que es muy probable que se
produzca una reacción violenta de la derecha. En este
momento es irrelevante decir que pienso que este es un
miedo extremadamente exagerado, a pesar de los datos que
han arrojado recientemente algunas elecciones parciales
sobre un supuesto aumento del apoyo al HNP1. Yo creo
que la comunidad blanca en nuestro querido país anhela
seguirte en un camino hacia un futuro cuya seguridad
no esté garantizada primariamente por el poder policial y
militar, sino porque todos los habitantes de nuestra amada
patria reconocen que están interesados en ella. Y dirigen la
mirada hacia ti para demostrar en realidad que el apartheid
está, de hecho, ya moribundo si no muerto2.
Te escribo para decirte que la política de desplazamiento
y reasentamiento de población es totalmente indefendible
sobre la base de razones morales y pragmáticas. Personas
143
Dios no es cristiano
que han estado trabajando tal vez a tiempo completo o
como trabajadores eventuales son reasentadas en lugares
muy alejados de posibles puntos de empleo. Anteriormente
tenían alojamiento adecuado en sus casas y después han sido
arrojadas en lugares dejados de la mano de Dios, donde
a menudo no se les proporciona alojamiento y servicios
alternativos adecuados. Esto es un derroche carente de
sentido. Al final se quedan sin trabajo, frustradas y pasando
hambre. Hay que encontrar fondos para realojarlas de una
manera o de otra en un momento en que hay ya una grave
escasez de viviendas y todos los recursos disponibles para ello
se deberían invertir en realizar esta tarea pendiente.
Pero es el aspecto moral lo que me parte el corazón y creo
que tus colegas y tú no sois conscientes de ello: las personas
humanas son tratadas como si fueran menos de lo que son en
realidad. Tengo que poner cuidado para no usar un lenguaje
emotivo, pero señor Primer Ministro, no puedo dejar de
hablar sobre una práctica en la que el gobierno se deshace
de las personas como si fueran cosas, sin preguntar siquiera
qué piensan ellas de la situación, y en la que casi con toda
seguridad se presta escasa atención al modo en que se sienten.
Estoy convencido de que ese trato no es coherente con el
evangelio de Jesucristo, que dijo: «Cuanto dejasteis de hacer
con uno de estos hermanos míos más pequeños, también
conmigo dejasteis de hacerlo» (Mateo 25,45).
Estoy tratando de ser lo más comedido posible porque
quiero confesarte que en este momento en que te escribo
estoy profundamente agitado y enojado por lo que he visto.
Sé que un ministro del gobierno anterior calificó a nuestras
madres y a nuestros padres, cuando ya no podían ser útiles
para los blancos, como «apéndices superfluos». No hemos
olvidado este apelativo. Y ahora los negros en la llamada
144
Totalmente diabólico
Sudáfrica blanca son trasladados a áreas rurales para que se
cumpla el refrán «ojos que no ven, corazón que no siente»,
como dicen algunos, de modo que ellos y otros constituyan
una reserva de mano de obra barata bajo el sistema de trabajo
para inmigrantes.
Pienso que no sabes lo que la política gubernamental ha
hecho y está haciendo a personas creadas por Dios Padre,
redimidas por Jesucristo y santificadas por el Espíritu
Santo. Pienso que no sabes que las mujeres barren las
calles de Sada por 6 rands3 al mes, mientras que su renta
ha pasado de 1 a 2 rands por habitación al mes y, si tienen
alquiladas tres habitaciones, gastan todo su salario mensual
en el pago de esa renta que ha aumentado. Pienso que no
sabes que un hombre mayor en Glenmore podía ganar
2,50 rands al día cerca de su casa y ahora tiene que pagar
6,50 rands por el viaje de vuelta al mismo lugar. Si puede
trabajar durante cuatro días, de su salario de 10 rands gasta
ahora en transporte más del cincuenta por ciento. Pienso
que no conoces lo que le sucede a la niña de Zweledinga,
que decía que su madre, su hermana y ella vivían de la
comida prestada y, si no podían conseguirla, bebían
agua para llenar sus estómagos –¡en un país que exporta
comida!–. No, pienso que no conoces nada de esto, porque
si lo conocieras, estoy seguro de que tu conciencia cristiana
difícilmente te permitiría soportar algo tan perverso como
son sus consecuencias para los hijos de Dios. Y pondrías fin
de inmediato a estos esquemas de reasentamiento.
El Dr. Koornhof 4 y tú actuasteis con valentía al detener
la demolición de Crossroads en Ciudad del Cabo y de
Alexandra Township en Johannesburgo. Apelo a vosotros
en nombre de nuestro Señor Jesucristo: por favor, poned fin
hoy mismo a los traslados de negros; entonces la gente creerá
145
Dios no es cristiano
que en las proclamaciones gubernamentales sobre la muerte
del apartheid hay algo más que expresiones retóricas. Yo
seguiré siempre obsesionado por esa niña que he mencionado
y prometo hacer todo lo posible para ver el final de lo que
yo creo que es totalmente diabólico e inaceptable para la
conciencia cristiana. No me cabe ninguna duda de que una
vez que hayas comprendido lo que esos traslados significan,
compartirás mi sensación de urgencia y pasión para que se
detengan inmediatamente.
Queremos justicia, paz y reconciliación en nuestro país,
y estas se producirán si nos esforzamos por poner fin a todo
aquello que hace que las personas sean menos que lo que
Dios quiere que sean. Seremos libres juntos o no lo seremos.
Pido para que Dios me haya dado las palabras que te
transmitan la angustia de tantas personas y para que te dé
la gracia y la fuerza necesarias para detener esos esquemas
de reasentamiento. Al afrikáner le ha resultado difícil
olvidar los campos de concentración donde algunos de
sus antepasados fueron encarcelados por los británicos5.
Los recuerdos de los negros en las aldeas y los campos de
reasentamiento podrían ser igualmente imborrables. Este
es un asunto urgente y grave. Y pido que, aun cuando
tu agenda esté muy apretada, respondas, por favor, a mi
solicitud lo antes posible.
El evangelista san Juan nos exhorta apasionadamente:
«Hijos míos, no amemos de palabra ni con la boca, sino con
obras y según la verdad». Después nos hace esta petición:
«Queridos, amémonos unos a otros, porque el amor es
de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a
Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es
amor». Anteriormente el mismo san Juan nos requiere: «Si
alguno que posee bienes del mundo ve a su hermano que está
146
Totalmente diabólico
necesitado y le cierra sus entrañas, ¿cómo puede permanecer
en él el amor de Dios?» (1 Juan 3,18; 4,7-8; 3,17).
Puesto que todos somos hijos de Dios, comportémonos
unos con otros como corresponde a nuestro elevado estatus.
Seguimos orando para que la bendición de Dios
descienda sobre vosotros y vuestros colegas, de modo que
podáis ser instrumentos de su divina y graciosa voluntad en
este hermoso país que todos amamos tan profundamente.
Atentamente,
Obispo Desmond Tutu
Secretario General
Consejo Sudafricano de Iglesias
147
13
Antibíblico, anticristiano, inmoral
y perverso
Cuando las leyes humanas chocan
contra la ley de Dios
Como respuesta a la petición de Desmond Tutu (véase el capítulo anterior), el primer ministro Botha reconoció que los sudafricanos negros estaban siendo realojados, pero dijo que la política
del gobierno no consistía en «deshacerse» de la gente. «Aunque se
admita que el traslado de personas de sus domicilios permanentes
pueda causar molestias en algunos casos», dijo Botha, «las ventajas a largo plazo son muchas más que las desventajas iniciales». A
pesar del rechazo, Tutu trató de nuevo repetidamente de implicar
a Botha en un diálogo fructífero. Pero no lo consiguió y la confrontación entre las Iglesias y el Estado siguió creciendo de forma
constante, intensificándose particularmente después de la rebelión
interna final –y en último término exitosa– de la nación contra el
apartheid, iniciada en 1984.
Dios no es cristiano
1
A principios de 1987, la policía decretó una orden bajo las normas del
estado de emergencia que prohibía la participación pública en cualquier campaña a favor de la liberación de los detenidos, y declaraba
ilegales los encuentros de oración en las iglesias para rezar por la liberación de personas que permanecían arrestadas sin juicio. La policía
se echó atrás ante las protestas de la Iglesia, pero no antes de la celebración de un encuentro para el que Tutu había preparado esta respuesta.
E
n este encuentro de oración vamos a rezar por los detenidos que no han sido juzgados, para pedir a Dios que
les fortalezca en su tiempo de desolación, y reclamaremos con
urgencia a las autoridades que liberen a esos detenidos o los lleven ante un tribunal con el fin de celebrar un juicio público.
Ahora bien, estas son acciones verdaderamente inofensivas y
tenían lugar en este país con bastante frecuencia, sin conflictos y sin
que nadie tuviera problemas por realizarlas. Así ha sido hasta el viernes pasado, cuando el jefe de policía publicó en el boletín oficial una
serie de restricciones que, al parecer, declaraban ilegal tal actividad
bajo las estipulaciones del estado de emergencia. Ahora quiero aseguraros, en caso de que os hayan llevado a pensar de otra manera,
que no estáis detrás del Telón de Acero o en algún otro Estado policial totalitario, ni en la Alemania nazi, donde tales restricciones serían
lo más normal. Estamos celebrando un encuentro de oración por los
detenidos, que ha sido considerado ilegal en la República de Sudáfrica, un país cuya constitución más reciente, promulgada en 1984,
invoca de hecho en su preámbulo el nombre de Dios. Las autoridades afirman que ellas son personas cristianas que han tomado la
determinación de mantener aquello que ordinariamente se considera
150
Antibíblico, anticristiano, inmoral y perverso
que son los valores e ideales cristianos occidentales, y que Sudáfrica
pertenece a la familia de las naciones occidentales.
Este país asegura que entre los valores y las instituciones de la civilización occidental que él mantiene se encuentran la libertad de culto
y la libertad religiosa. Las disposiciones de las últimas restricciones son
una abrogación intolerable y de todo punto inaceptable de esa libertad
y del gobierno de la ley. Muchas de nuestras Iglesias incluyen, en sus
intercesiones habituales, oraciones por los detenidos y sus familias, y es
frecuente que tengan algún miembro afectado íntimamente por este
estado de emergencia. Y nuestras comunidades pondrán de manifiesto
su solidaridad con las personas que se han visto afectadas de ese modo.
¿Han de ser declarados ilegales todos nuestros encuentros de oración y
han de ser prohibidas como ilegales las publicaciones parroquiales que
piden oraciones y otras formas de apoyo a los detenidos y a sus familiares? No está claro si tales encuentros de oración serán interpretados
como una «asamblea» en el sentido que este término tiene en las estipulaciones. Nosotros estamos mostrando nuestra solidaridad con los
detenidos cuando oramos como grupo, y no como individuos, para
que sean fortalecidos y liberados, porque en nuestra Iglesia decimos
después de cada petición: «Roguemos al Señor…» y la comunidad responde: «Escucha nuestra (no mi) oración».
Creemos que Dios mismo nos ha encomendado un ministerio
de reconciliación: ser embajadores de Cristo. Al realizar este ministerio, tratamos de dirigirnos a los partidos implicados en la lucha.
Y sugerimos algunos de los pasos que nosotros creemos que cada
partido debería dar con el fin de hacer que la reconciliación sea más
probable, con el fin de crear el clima apropiado para la negociación.
Así, entramos en diálogo con el CNA y hacemos determinadas
propuestas que, según pensamos, ayudarán a alcanzar un acuerdo
negociado de la grave crisis por la que atraviesa nuestro querido
151
Dios no es cristiano
país. Bajo esta luz hay que ver los llamamientos de nuestra Iglesia
y de otras Iglesias, en los que decimos que las condiciones mínimas e irrenunciables para crear un clima que lleve a la negociación
deberían ser: poner fin al estado de emergencia, liberar a los detenidos y prisioneros políticos, levantar la prohibición que pesa sobre
las organizaciones políticas negras y, después, entablar un diálogo
con los auténticos líderes y representantes de cada sección de nuestra sociedad. Creemos que esto forma parte de la realización de
un mandato divino que hemos recibido. Y ahora el gobierno, afirmando que es cristiano, quiere imponernos precisamente el modo
en que deberíamos realizar la tarea que Dios nos ha encomendado.
Un gobierno tiene la obligación de velar para que las personas disfruten de sus derechos de tal modo que no violen los de los demás,
y que no socaven un orden social legítimo que cuenta con la conformidad de la mayoría de los gobernados. A nadie que esté en su
sano juicio se le ocurrirá sostener que las peticiones para la liberación
de los detenidos encajan en esa categoría. ¿Puede alguien explicar de
qué manera la petición para que se levante la prohibición que pesa
sobre las organizaciones políticas negras no debería ser vista como
subversiva mientras que la petición a favor de la liberación de detenidos debería ser considerada subversiva? Ello nos convierte en habitantes del mundo de «Alicia en el País de las Maravillas». Nadie que
esté en sus cabales podría interpretar los llamamientos, peticiones,
telegramas e incluso campañas no violentas a favor de la liberación
de detenidos como actos subversivos –de hecho, dirían que constituye un trabajo por una administración más justa.
Las autoridades quieren arrogarse un derecho que puede pertenecer solo a Dios y cuando tiene lugar un conflicto entre las
leyes del hombre y las leyes de Dios, entonces para un cristiano no
puede haber debate ni discusión sobre quién debe ser obedecido.
152
Antibíblico, anticristiano, inmoral y perverso
Nuestro Señor respondió a quienes le preguntaron: «Dad al césar
lo que es del césar y a Dios lo que es de Dios» (Mateo 22,21). El
césar no puede nunca ser Dios. Es siervo de Dios y ha de velar para
que prevalezca el bien y el orden justo. El césar no puede pretender que tiene una autoridad absoluta sin hacerse blasfemo. Y las
últimas órdenes gubernamentales son blasfemas. Si los cristianos
las obedecen, deshonran necesariamente a Dios al dar al hombre
aquello que le pertenece por derecho a Él. Tenemos que obedecer
a Dios antes que a los hombres, como dijeron los apóstoles al sanedrín, el consejo supremo judío. Nosotros somos normalmente personas cumplidoras de la ley, pero si el honor de Dios está en juego,
entonces desobedeceremos todas las leyes inicuas e injustas.
Por el amor de Dios, tengamos presente la importante distinción entre lo que es legal y lo que es moralmente recto. Las últimas
normas draconianas del estado de emergencia son legales, pero
es indudable que son inmorales y totalitarias. Son propias de un
Estado policial. A mi padre le complacía mucho recordarme este
dicho: «Los dioses enloquecen a aquellos a quienes van a destruir».
Pienso que en esta última orgía de restricciones las autoridades,
según parece, han perdido el juicio. Su poder sin límites se les ha
subido a la cabeza. Como es sabido, el poder tiende a corromper y
el poder absoluto tiende a corromper absolutamente.
Yo soy negro y hay muchas veces en que me pregunto si Dios se
preocupa realmente de los negros cuando veo algunos de los sufrimientos de nuestro pueblo. Cuando las Fuerzas de Defensa Sudafricanas
bombardearon Maputo y Maseru hace unos años1, nos dijeron que
no podíamos celebrar funerales. Pero yo los celebré porque pensaba
entonces –y pienso ahora– que una autoridad secular no tiene derecho a imponerme los actos litúrgicos que puedo celebrar. Ellos matan
a nuestros hijos y después nos prescriben cómo podemos enterrarlos,
y piensan que no nos duele ¿Qué es lo que piensan que nos sucede?
153
Dios no es cristiano
Para el gobierno, realmente somos menos que seres humanos y nos llaman «esa gente». Nuestro dolor y nuestra angustia estallarán un día en un torrente incontenible. Por el amor
de Dios, no nos hagáis esto. Ahora nos decís que no debemos
pedir la liberación de nuestros hijos, ni siquiera de los niños de
once años detenidos, porque eso sería subversivo. Ciertamente lo
subversivo es el sistema político que hace posibles tales prácticas
abominables. ¿Arrestarán las autoridades a una madre que eleva
públicamente esta petición: «Por favor, liberad a mi hijo»? Si una
familia se reúne y pide la liberación de un hermano, un hijo,
etcétera, ¿será arrestada? Si un grupo de madres cuyos hijos están
detenidos se reúnen y gritan de todo corazón: «Por favor, liberad
a nuestros hijos», ¿serán sentenciadas a diez días de arresto o a
multas de 20.000 rands? Si llevan camisetas en las que se puede
leer: «Por favor, devolvedme a mi hijo», ¿serán arrestadas?
Estoy firmemente decidido a no limitarme a hacer un llamamiento por la liberación de los detenidos, sino a motivar a otros
para que comprendan hasta qué punto es totalmente escandaloso y atroz que los niños, por ejemplo, permanezcan detenidos.
Y a exhortar con urgencia a los cristianos de nuestra Iglesia a que
condenen rotundamente un sistema tan injusto y a que hagan
todo lo posible para que las autoridades conozcan que se oponen
a él. Si ya no podemos manifestarnos pacíficamente a favor del
cambio en un sistema perverso e injusto, entonces ¿está diciendo
el gobierno que la única alternativa es la violencia? ¿Qué otra
cosa puede hacer el pueblo? ¿Está diciendo el gobierno que todas
las demás protestas pacíficas están prohibidas en este momento?
No permitamos que empleen juegos de palabras con normas
enrevesadas sobre cuyo significado parecen perplejos incluso los
abogados eminentes.
154
Antibíblico, anticristiano, inmoral y perverso
Amigos, los miembros de nuestro gobierno se han vuelto locos.
Es posible que no sepan lo que realmente están haciendo. Permitidme que les diga algo. No voy a dejar de pedir la liberación de los
detenidos en la iglesia y fuera de ella, en una celebración litúrgica
o en una asamblea, porque creo que esto forma parte de mi vocación como cristiano. Y sean cuales sean las consecuencias, pido con
urgencia a las autoridades que liberen a todos los detenidos o que
les juzguen inmediatamente, y espero que me apoyéis en este llamamiento. Si las autoridades me arrestan y me acusan, cuando regrese,
volveré a reclamar la liberación de los detenidos si aún queda alguno
arrestado. Exhortaré con insistencia a mis comunidades y a otras
personas a que se comprometan en una campaña pacífica y no violenta, cualesquiera que sean las consecuencias para mí.
Voy a lanzar de nuevo una advertencia al gobierno, como hice
cuando Louis le Grange, predecesor de Adriaan Vlok en el cargo
de ministro de policía, lanzó acusaciones infundadas contra el
Consejo Sudafricano de Iglesias, cuando yo era su secretario general: vosotros no sois Dios. Tal vez seáis poderosos, quizás incluso
muy poderosos, pero no sois Dios. Sois meros mortales. Cuidado
con enfrentaros a la Iglesia de Dios. Otros lo intentaron antes
y fracasaron rotundamente. Mordieron el polvo, y de manera
ignominiosa: Nerón, el emperador romano, Hitler, Amin y otros
muchos. Terminaréis siendo parte de los restos de naufragio de la
historia; apenas seréis una nota al pie en las páginas de la historia.
Por favor, oíd nuestro grito. Liberaos del monstruo que
habéis creado, el apartheid, y tendremos una nueva Sudáfrica:
justa, no racista y democrática, donde blancos y negros convivirán unos al lado de otros amigablemente en su patria como
miembros de una familia, la familia humana, la familia de Dios.
155
Dios no es cristiano
2
En febrero de 1988, después de que el gobierno hubiera introducido
nuevas restricciones a las actividades de las organizaciones políticas, los líderes eclesiales se reunieron en Ciudad del Cabo y decidieron enfrentarse a la prohibición que pesaba sobre una manifestación
pública de clérigos que tenían como objetivo realizar una marcha
con el fin de entregar una petición al Parlamento. En las turbulentas
semanas siguientes, los dirigentes comunitarios de Ciudad del Cabo
formaron un nuevo comité ad hoc de las organizaciones cuya actividad había sido restringida, el gobierno prohibió ese comité, los dirigentes comunitarios convocaron una concentración de protesta en un
campus universitario y el gobierno prohibió la concentración. Tutu
respondió convocando un encuentro de oración en la catedral de San
Jorge el mismo día y a la misma hora en que se había anunciado la
concentración. Las siguientes palabras, dirigidas a un público formado por personas de diferentes religiones, fueron percibidas como
un llamamiento a la resistencia.
N
os hemos reunido hoy para rezar por nuestro país, que
afronta una crisis cada vez más intensa, para reflexionar
sobre los acontecimientos que están teniendo lugar y sobre nuestro papel como creyentes: como cristianos, como musulmanes,
como judíos o como miembros de otras religiones. ¿Cuál debería ser nuestro papel en esta crisis? En medio de la oscuridad que
nos rodea, cuando las luces de la libertad se extinguen una tras
otra, a pesar de que son muchas las cosas que parecen indicar lo
contrario, hemos venido aquí para decir que el mal, la injusticia,
la opresión y la explotación –encarnados en la esencia misma, en
la naturaleza misma, del apartheid– no pueden prevalecer. En la
Biblia se nos dice que hablemos de cosas espirituales. San Juan
dice: «La luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la vencie-
156
Antibíblico, anticristiano, inmoral y perverso
ron» (Juan 1,5). Hemos venido para fortalecer nuestra esperanza en que esto es así. Humanamente hablando, al dirigir una
mirada a nuestra situación, nos parece que esta es desesperada.
Pero tenemos que afirmar, y debemos hacerlo con toda confianza, que este es el mundo de Dios, que Dios está al frente.
Hemos de decir a nuestros gobernantes, especialmente a los
gobernantes injustos como los de este país: «Tal vez seáis poderosos, e incluso muy poderosos, pero no sois Dios. ¡Sois simples mortales! Nadie puede burlarse de Dios, del Dios al que adoramos. ¡Ya
habéis perdido! ¡Ya habéis perdido! Permitidnos decíroslo amablemente. Ya habéis perdido; os invitamos a que os unáis al grupo vencedor. ¡Venid! Venid y uníos al grupo vencedor. Vuestra causa es
injusta. Estáis defendiendo algo que es fundamentalmente indefendible, porque es perverso. Es indudablemente perverso. Es inmoral.
Es indudablemente inmoral. Es anticristiano. Por eso, ¡morderéis el
polvo! ¡Y lo morderéis con todas las consecuencias!».
3
Diez días después, bajo la presión de la primera ministra británica
Margaret Thatcher y del Secretario de Estado estadounidense George
Shultz, Botha accedió a reunirse con Tutu para escuchar una petición de amnistía para seis personas que estaban a punto de ser ahorcadas por participar en la revuelta en que había muerto un funcionario local en Sharpeville en 1984. Furioso por la manifiesta
desobediencia civil de los dirigentes de las Iglesias más importantes
del país, Botha usó el encuentro –y una carta que entregó a Tutu
como respuesta a su petición– para reprender al arzobispo por haber
encabezado una marcha ilegal y para acusarlo de formar parte de
una campaña del CNA y del Partido Comunista Sudafricano en pro
del establecimiento de «un Estado marxista ateo». A continuación se
reproducen extractos de la respuesta de Tutu a esa carta.
157
Dios no es cristiano
Q
uiero declarar de un modo totalmente categórico que mantengo todo lo que he dicho y hecho en el pasado con respecto a la aplicación del evangelio de Jesucristo a la situación de
injusticia, opresión y explotación que forman parte de la esencia
misma del apartheid, una política que vuestro gobierno ha llevado a cabo con una eficiencia implacable. No me avergüenzo de
mi posición en este asunto y tampoco voy a pedir disculpas por
ella. Sé que mi postura corresponde a la corriente principal de
la tradición cristiana. Mi posición teológica procede de la Biblia
y de la enseñanza de la Iglesia. La Biblia y la Iglesia surgieron
muchos siglos antes del marxismo y el CNA.
¿Podría poner algunos ejemplos? La Biblia enseña que lo que
dota a cada persona de valor infinito no es este o aquel atributo
biológico escogido arbitrariamente, sino el hecho de que cada
persona es creada a imagen de Dios (Génesis 1,26). El apartheid,
la política de vuestro gobierno, sostiene que lo que hace que una
persona esté capacitada para el privilegio y el poder político es ese
elemento biológico irrelevante: el color de la piel y los antecedentes étnicos. El apartheid afirma que esto es lo que hace que una
persona sea importante. Esto contradice claramente la enseñanza
de la Biblia y la enseñanza de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
De ahí la crítica de la Iglesia según la cual vuestras políticas de
apartheid son no solo injustas y opresoras, sino también rotundamente antibíblicas, anticristianas, inmorales y perversas.
El apartheid sostiene que, en último término, las personas
están destinadas a vivir separadas. Vosotros habéis llevado a
cabo políticas contenidas en la Ley del Registro Población, la
Ley sobre las Zonas Reservadas, la segregación en la enseñanza,
la salud, etcétera. La Biblia enseña de manera bastante inequívoca que las personas son creadas para vivir juntas, en compa-
158
Antibíblico, anticristiano, inmoral y perverso
ñía, no para vivir alejadas, apartadas, enemistadas y divididas
(Génesis 2,18; Génesis 11,1-9; Hechos 17,26; Romanos 12,3-5;
1 Corintios 12,12-13; Gálatas 3,28).
Yo podría demostrar que el apartheid enseña que las personas son fundamentalmente irreconciliables porque pertenecen
a razas diferentes. Esto contradice la enseñanza central de la fe
cristiana sobre la obra de reconciliación de nuestro Señor y Salvador Jesucristo: «Dios estaba en Cristo reconciliando consigo
al mundo», declara san Pablo (2 Corintios 5,19), recapitulando
una enseñanza contenida en otras partes del Nuevo Testamento
(Juan 12,32; Efesios 1,10; Efesios 2,14, etc.). Podría demostrar
también que, al tratar a los seres humanos como si no fueran
personas creadas a imagen de Dios, y al inflingirles sufrimientos
indecibles e innecesarios –como ha sucedido con vuestras crueles políticas de traslados forzosos de la población–, habéis contravenido principios éticos fundamentales. Podría proporcionar
más pruebas para demostrar que vuestras políticas de apartheid
son antibíblicas, anticristianas, inmorales y perversas. Por estas
y otras razones, nuestra Iglesia y otras Iglesias han declarado que
el apartheid es una herejía.
Cuando aplicamos la Palabra de Dios, tal como nosotros la
entendemos, a la situación en que nos encontramos, no estamos
innovando. Nuestros precursores son los profetas de antaño, que
dijeron a los gobernantes y a los poderosos de su tiempo: «Así
dice el Señor…». Ellos hablaron sobre la necesidad de que la
religión mostrara su autenticidad por la forma en que afectaba
a la vida diaria de las personas, y especialmente por la forma en
que los ricos, los poderosos, los privilegiados y los gobernantes
trataban a los menos privilegiados, los pobres, los hambrientos,
los oprimidos, las viudas, los huérfanos y los extranjeros.
159
Dios no es cristiano
Isaías dijo que Dios rechazaba todas las observancias religiosas, aunque fueran minuciosas y muy precisas. Y exhortó a
los adoradores con estas palabras:
«Quitad vuestras fechorías de delante de mi vista, desistid de hacer el mal, aprended a hacer el bien, buscad
lo justo, dad sus derechos al oprimido, haced justicia al
huérfano, abogad por la viuda»
Isaías 1,16-17
En otro lugar insistió en que a Dios no le agradaban sus
ayunos religiosos. Dios declaró por medio del profeta:
«¿No será este el ayuno que yo elija?:
deshacer los nudos de la injusticia,
soltar las coyundas del yugo,
dejar libres a los maltratados,
y arrancar todo yugo.
¿No será partir al hambriento tu pan,
y a los pobres sin hogar recibir en casa?
¿Que cuando veas a un desnudo le cubras,
y de tu semejante no te apartes?».
Isaías 58,6-7
160
Antibíblico, anticristiano, inmoral y perverso
Elías se enfrentó al rey por la injusticia cometida con
Nabot, una persona sin importancia a los ojos del monarca,
pero defendida por Dios (1 Reyes 21). Natán no tuvo miedo
de declarar a David culpable de sus pecados (2 Samuel 12).
Esta clase de relación entre la religión y la política, y la costumbre de los profetas de proclamar un mensaje relativo a la
situación sociopolítica y económica, se puede atestiguar como
práctica común en la Biblia, la cual nos proporciona nuestra
misión y nuestro paradigma.
La orden de ponernos en marcha procede de Cristo mismo
y no de un ser humano. La misión que tenemos encomendada viene de la Biblia y de la enseñanza de la Iglesia, no de
una ideología o grupo político, sea marxista o de otro género.
Nuestro Señor mismo adoptó como descripción de su programa aquello que había sido esbozado por Isaías:
«El espíritu del Señor Yahvé está sobre mí,
por cuanto que me ha ungido Yahvé.
Me ha enviado a anunciar la buena nueva a los pobres,
a vendar los corazones rotos;
a pregonar a los cautivos la liberación,
y a los reclusos la libertad;
a pregonar un año de gracia de Yahvé,
un día de venganza de nuestro Dios;
para consolar a todos los que lloran»
Isaías 61,1-2
161
Dios no es cristiano
Jesús cita este texto en su primer sermón, según la descripción de san Lucas (4,16-21). Y se sitúa en la tradición profética cuando enseña qué criterios serán usados para juzgar a las
naciones: no la observancia de deberes religiosos estrictamente
definidos, sino hechos concretos como dar de comer al hambriento, vestir al desnudo, visitar a los enfermos y encarcelados,
etcétera (Mateo 25,31-46).
Nosotros somos cumplidores de la ley. Las buenas leyes
hacen posible la sociedad humana. Cuando las leyes son injustas, entonces la tradición cristiana enseña que no es obligatorio
obedecerlas. Nuestro Señor no quebrantó la ley humana, sino
que quebrantó la ley de Dios –y esto era considerado más grave–
con el fin de satisfacer una necesidad humana, como cuando
transgredió la ley de la observancia sabática (Juan 5,8-14). Mostró el debido respeto al gobernante secular en la persona de Poncio Pilato, pero después cuestionó la autoridad secular cuando
se negó a responder las preguntas de Pilato (Marcos 15,3-5).
Cuando caminábamos hacia el Parlamento, estábamos
haciendo realidad una tradición santificada de acción no violenta. Y también teníamos presente lo que los apóstoles dijeron
al sanedrín judío: que hay que obedecer a Dios antes que a los
hombres (Hechos 4,19; 5,29).
Aceptamos incondicionalmente la enseñanza de san Pablo en
Romanos 13, según la cual debemos someternos a los gobernantes terrenos (vv. 1-2). Sin embargo, su autoridad no es absoluta.
También ellos están bajo el juicio de Dios como siervos suyos.
Ellos tienen la misión de infundir terror a quienes obran mal,
pero no a quienes obran bien (Romanos 13,3). El gobernante es
ministro de Dios para bien de los súbditos (Romanos 13,4). Las
autoridades gobiernan para el bien de los gobernados.
162
Antibíblico, anticristiano, inmoral y perverso
Estas expresiones no proceden de un manifiesto político,
sino de la Sagrada Escritura. El corolario es que no debéis
someteros a un gobernante que subvierte vuestro bien. Esta
es la razón por la que admiramos a quienes se oponen a los
regímenes injustos: por ejemplo, los gobiernos comunistas
totalitarios. La Biblia enseña, con el lenguaje simbólico de su
último libro (Apocalipsis 13), que los gobiernos pueden convertirse en bestias. Muchos gobiernos y sus apologistas que
usan Romanos 13 con alegría no son tan entusiastas con todas
sus implicaciones.
Quiero expresar algo que es evidente: soy un jefe religioso
cristiano. Esto significa seguramente, por definición, que
rechazo el comunismo y el marxismo como doctrinas ateas y
materialistas. Trato de trabajar por la extensión del reino de
Dios que, al final, tendrá gobernantes como los descritos en
Isaías 11,1-9 y en el Salmo 72,1-4.12-14:
«Confía, oh Dios, tu juicio al rey,
al hijo de rey tu justicia:
que gobierne rectamente a tu pueblo,
a tus humildes con equidad.
Produzcan los montes abundancia,
justicia para el pueblo los collados.
Defenderá a los humildes del pueblo,
salvará a la gente pobre
y aplastará al opresor…
Pues librará al pobre suplicante,
al desdichado y al que nadie ampara;
163
Dios no es cristiano
se apiadará del débil y del pobre,
salvará la vida de los pobres.
La rescatará de la opresión y la violencia,
considerará su sangre valiosa»
Salmo 72,1-4.12-14
Yo trabajo por el reino de Dios. ¿Por qué reino trabajas tú
con tu política de apartheid? Rezo por ti, y por los miembros
de tu gobierno, y pido todos los días por cada uno de vosotros.
164
CUARTA PARTE
La conciencia
de Sudáfrica
14
Debemos exponernos a la luz pública
Sobre el odio, la venganza
y la cultura de la violencia
Bajo el apartheid, Tutu se veía a sí mismo como un «líder interino» en la arena política, que desempeñaba el papel de guía solo
porque otros muchos líderes estaban encarcelados, exiliados o bajo
arresto domiciliario. Después de que F.W. de Klerk, sucesor de
Botha, levantara la prohibición que pesaba sobre los movimientos
de liberación y liberara a Nelson Mandela y a otros líderes presos
en febrero de 1990, Tutu adoptó una postura de «solidaridad crítica» hacia ellos, apoyando sus reivindicaciones para el establecimiento de la democracia, pero reservándose el derecho a criticarlos. Cuando los movimientos de liberación devinieron más poderosos durante las negociaciones en torno a una constitución democrática, se derrumbaron los viejos modelos de influencia y privilegio y dieron paso a la inestabilidad y a la violencia intracomunitaria en las comunidades negras, fomentada por miembros del
gobierno del apartheid que luchaban por retener el poder.
Dios no es cristiano
1
En septiembre de 1990, Tutu y sus obispos hicieron una visita pastoral a Sebokeng, en el sur de Johannesburgo, una comunidad muy
agitada después de que más de treinta personas hubieran resultado
muertas en ataques perpetrados por vigilantes armados por unidades del apartheid que luchaban contra la insurgencia. En medio de
las manifestaciones en el lugar mismo de los asesinatos, en la iglesia
local y allí donde grupos numerosos de jóvenes enfurecidos se reunían en las calles, Tutu exhortaba insistentemente a la calma.
H
ermanas y hermanos míos, mis hijos queridos, no permitamos que el enemigo nos divida. El enemigo está haciendo
todo lo posible para dividirnos. ¡No debemos permitir que el enemigo se interponga entre nosotros! ¡No permitamos que el enemigo nos llene de odio! Nos han herido; sí, nos han herido. Pero
hemos venido aquí para verter ungüento sobre vuestra herida.
Sabed que vuestras heridas son nuestras heridas. No estáis sufriendo
solos. Vuestras heridas son nuestras heridas. Los obispos blancos y
los obispos negros lloran. Lloran cuando tienen noticia de las cosas
que les han sucedido a sus hijos. Vuestro dolor es nuestro dolor.
Pero hemos venido aquí para decir: «Hijos de Dios, mostremos que somos hijos de Dios manifestando que no estamos
llenos de odio. Que no nos llene el deseo de venganza». Sabéis
que en el Antiguo Testamento hay una ley que dice: «Ojo por
ojo». Ahora bien, Martin Luther King, Jr., dijo algo maravilloso: «¿Podéis imaginar lo que sucedería si aplicáramos la ley
del ojo por ojo? Muy pronto todos estaríamos ciegos».
No debemos permitir que eso suceda. Nuestra libertad está
aquí. Nuestra libertad está aquí –estamos a punto de tocarla– y
168
Debemos exponernos a la luz pública
hay personas que se sienten celosas, que dicen que no quieren
que seamos libres. No les permitáis que nos arrebaten nuestro
premio. No se lo permitáis. ¡Aferraos unos a otros! ¡Aferraos con
firmeza unos a otros! Decid: «Sabemos que el Dios al que adoramos es un Dios que libera a su pueblo de la esclavitud y lo conduce a la tierra prometida». Este es el Dios a quien adoramos.
Adoramos a un Dios que nos liberará de la esclavitud del apartheid, de la esclavitud de la división, y nos introducirá en la tierra prometida, donde negros y blancos y todos nosotros seremos
una sola familia, la familia de Dios.
Y nosotros, que somos cristianos, tenemos un gran privilegio;
tenemos el gran privilegio de decir a la gente: «Sí, llorad, llorad,
llorad por todo lo que ha sucedido, pero no permitáis que el odio
anide en vuestros corazones». El odio es como un ácido. Una vez
que te toca, te quema la piel. El odio y la venganza son como un
ácido que te devora… y un día descubrirás que estás vacío. Y así,
venimos aquí, diciendo que no nos cabe duda de que vamos a ser
libres, todos nosotros. Digamos: «¡Vamos a ser libres!».
2
Se estima que catorce mil personas fueron asesinadas entre la fecha de
la liberación de Mandela y su subida al poder en 1994 –más del doble
de las personas que habían muerto en el levantamiento final contra el
apartheid–. La transición se puede comparar con una pelea al borde
de un acantilado, en la que los protagonistas, de manera alternativa, se
movían hacia adelante, se detenían, se movían hacia atrás, a veces estaban a punto de caer por el precipicio, pero siempre evitaban el desastre
cuando la nación se encontraba más amenazada. Tutu llegó a ser muy
conocido en este periodo por lo que Mandela llamaba «su mente inde-
169
Dios no es cristiano
pendiente», reflejada de modo muy elocuente en este sermón, predicado
en la catedral de San Jorge, Ciudad del Cabo, en 1991.
P
arece como si la cultura de la violencia estuviera echando
raíces en nuestra sociedad. Estamos cada vez más brutalizados y casi anestesiados para aceptar lo que es totalmente inaceptable. Si continúa esta clase de violencia que sigue estallando en
intervalos regulares, entonces la nueva Sudáfrica podría amanecer –y esto es dudoso–, pero podría amanecer y habría muy
pocas personas para disfrutar de ello; y quienes sobrevivan lo
conseguirán solo porque son fuertes, según las leyes de la selva:
supervivencia de los mejor adaptados, comer o ser comidos,
siempre salen perdiendo los más débiles.
Amigos míos, sí, la violencia que padecemos tiene muchas
razones. En periodos de transición hay violencia debida a la inestabilidad propia de esa etapa de cambio, como hemos visto en
algunas partes de la Europa del Este. Sí, Sudáfrica no ha tenido
nunca realmente una cultura de la tolerancia. El gobierno y sus
partidarios han usado para tratar a los oponentes métodos viles
e inicuos, que van desde el desprecio y la burla (como sucede
aún en la radio y la televisión sudafricanas [SABC = South African Broadcasting Corporation] y en programas que apoyan al
gobierno) hasta la eliminación física de personas, como la perpetrada por los escuadrones de la muerte –por ejemplo, el CCB1–.
Por consiguiente, la gente ha aprendido que quienes no están de
acuerdo de nosotros son nuestros enemigos y que la única manera
de tratar con los enemigos es liquidarlos.
Sí, es verdad. Algunas formas de violencia se deben a la privación sociopolítica y económica, y los sociólogos nos dicen que
cuando pensamos que nuestra vida terminará en un callejón sin
salida, que no conseguiremos llegar a la meta en la carrera por la
170
Debemos exponernos a la luz pública
supervivencia, entonces el nivel de nuestra frustración aumenta y
estallamos de manera violenta. (Recuérdese lo que sucedió en Gran
Bretaña en las revueltas contra los impuestos de capitación. Una
gran parte de la violencia fue provocada por los blancos que pensaban que iban a ser olvidados en la carrera por la supervivencia).
Sí, es verdad. También es verdad que estamos recogiendo la
horrible cosecha del apartheid a través del sistema de trabajo
para inmigrantes y sus horribles albergues para personas de un
solo sexo2. El hecho de alojar a hombres varoniles en tales albergues, situados junto a municipios donde veían a otros varones
que llevaban una vida normal con sus familias creó una situación explosiva. Y quienes se alojaban en los albergues estaban
marginados de las comunidades de esos municipios.
Sí, todo esto es verdad. Es verdad que la policía y las fuerzas
de seguridad se han comportado, en general, escandalosa y vergonzosamente, y que han sido acusadas por todas partes de falta
de profesionalidad porque, pese a ser tropas encargadas de mantener la paz, no han actuado con total imparcialidad, y a veces
algunas de ellas trataron de fomentar la violencia.
Sí, esto ha sido como añadir leña al fuego. Sí, todo esto es verdad.
Pero no es toda la verdad. Una buena parte de la violencia se debe a
la rivalidad política. Los grupos políticos en la comunidad negra se
pelean entre sí por conseguir partidarios, y parece que no saben –o
ciertamente parece que algunos de sus seguidores no saben– que un
principio fundamental de la democracia es que las personas deben
ser libres para elegir libremente a quién quieren apoyar. Coaccionar
e intimidad es admitir que nuestra política no puede persuadir por
su propia fuerza. Las personas tienen que ser libres para elegir libremente si desean participar o no en los boicots, en las movilizaciones.
Este es un aspecto irreducible e incontrovertible de la democracia.
171
Dios no es cristiano
Algo funciona rematadamente mal en la comunidad negra.
Por supuesto, nosotros, los negros, debemos señalar todas las
causas de la violencia que he apuntado y otras a las que no me he
referido. Pero, al final, hemos de exponernos a la luz pública. No
podemos permanecer siempre culpando al apartheid. Naturalmente, este es responsable de muchos de los males. Pero, en definitiva, nosotros somos seres humanos y hemos dado pruebas de
ello en la resiliencia que hemos mostrado en la lucha por la justicia. No hemos permitido que el desánimo y la deshumanización
se apoderaran de nosotros. Hemos sido capaces de reír; hemos
sido capaces de perdonar. Nos hemos negado a que la amargura
se adueñara de nosotros en los peores momentos de la lucha.
¿En qué nos hemos equivocado hasta tal punto que parece que
hemos perdido nuestro respeto a la vida cuando, por ejemplo,
los niños pueden danzar alrededor de alguien que está muriendo
ahorcado del modo más espantoso? Algo marcha rematadamente
mal cuando nuestros líderes no son escuchados por sus seguidores.
Hay muchas cosas que admirar en nuestras organizaciones políticas, pero hay también otras muchas que no están bien. Algunas de
las personas que pertenecen a esas organizaciones no tienen ninguna disciplina, y no se puede llevar adelante una lucha si uno no
se entrega a ella y es disciplinado. Nuestras organizaciones necesitan volver a las bases e inculcar disciplina desde las filas más bajas.
Me parece que los negros, la comunidad negra, hemos perdido
nuestro sentido del ubuntu: nuestra humanidad, solicitud, hospitalidad, nuestro sentido de relación, el sentido de que mi humanidad está unida a tu humanidad. Estamos perdiendo el respeto
a nosotros mismos y, en mi opinión, esto se demuestra del modo
más gráfico por la horrible manera en que las basuras y los desperdicios se extienden en nuestros municipios. Por supuesto, vivimos
en la miseria y en barrios paupérrimos. Pero no somos basura. ¿Por
qué parece que estamos diciendo que eso es lo que somos por la
forma en que tratamos nuestro ya pobre entorno?
172
Debemos exponernos a la luz pública
Quiero sugeriros que hagamos varias cosas. La primera es
que todos nosotros debemos ayudar a desarrollar la cultura
de la tolerancia: «Vive y deja vivir». Practiquemos este lema:
«No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta
la muerte tu derecho a decirlo». Aprendamos a aceptar que
podemos estar en desacuerdo. Quienes no están de acuerdo
con nosotros no son necesariamente enemigos; de lo contrario,
¡habría pocos maridos y pocas mujeres!
En segundo lugar, nuestras organizaciones políticas han de
poner orden en sus asuntos, inculcar disciplina a sus miembros, adoptar al menos un código mínimo de conducta que
diga: «Estos son los parámetros que no debemos sobrepasar en
la dirección de nuestra actividad política».
En tercer lugar, las autoridades tienen que desarmar a todos los
grupos. Es absurdo y completamente inaceptable que se hable de
«armas tradicionales»3. Las armas tradicionales matan. Y es un grave
error permitir que ciertos grupos se muevan armados libremente.
En cuarto lugar, que la policía se convierta en una fuerza encargada de mantener la paz que sea verdaderamente profesional y que
defienda la ley y el orden sin miedo ni favoritismos. Y es de esperar que puedan empezar a ser flexibles. Porque lo que sucedió en
Daveyton –el asesinato de dieciocho personas– se debió a la insistencia de la policía en la observancia de una ley relativa a las asambleas y las manifestaciones4 que muchos miembros de nuestro
pueblo se niegan a obedecer.
En quinto lugar, reclamo con urgencia que todos los líderes
políticos dejen de emplear un lenguaje violento; que dejen de
hacer declaraciones beligerantes y belicosas que incitan a otros a
la violencia, cualquiera que sea la intención del orador. Hay ya
una legislación disponible y exhorto con urgencia al gobierno a
cumplirla. ¿Por qué permitimos que personas como el Dr. Andries
173
Dios no es cristiano
Treurnicht5 salgan impunes después de usar tan abiertamente un
lenguaje violento? ¿Podéis imaginaros qué les habría sucedido a los
negros si hubieran dicho las cosas que se le han permitido decir
a él? Tenemos a nuestra disposición una legislación con la que se
puede impedir que organizaciones como el AWB6 hagan observaciones despectivas, denigrantes, insultantes y racistas que hieren a
las personas. El gobierno debería poner fin a semejante acción –y
hacerlo firme y rápidamente.
En sexto lugar, quiero sugerir que los municipios, ayuntamientos, localidades, Iglesias, organizaciones comunitarias y
grupos políticos participen en una campaña con los habitantes de los municipios negros para limpiar esos lugares. Quizá
nuestro pueblo pueda empezar entonces a recuperar la autoestima, el respeto a sí mismo y el orgullo que está perdiendo.
Y sugiero finalmente, junto con otras personas, que todos
nosotros hagamos una pausa, tal vez a mediodía, para orar no
solo por nuestro país, sino por todo el continente africano. Hay
una oración sencilla que muchos de nosotros rezamos, y yo me
atrevería a sugerir que es una oración que todos deberían aprender. Es una oración sincera compuesta por Trevor Huddleston7:
«Dios bendiga a África,
guarde a sus hijos,
guíe a sus gobernantes
y le dé la paz».
3
La mayoría de los asesinados durante la transición eran residentes
de barrios negros pobres, pero hubo incidentes aislados también en
174
Debemos exponernos a la luz pública
barrios blancos de clase media. En julio de 1993, varios hombres
armados irrumpieron una tarde en una celebración litúrgica que
tenía lugar en la iglesia de Santiago, en Ciudad del Cabo, y atacaron a la comunidad multirracial con rifles automáticos y granadas de mano. Murieron once personas. Desmond Tutu presidió una
celebración interreligiosa en el ayuntamiento de Ciudad del Cabo
durante la semana posterior al ataque.
E
l mal se está extendiendo cada vez más. Personas malvadas
perpetran acciones viles de oscuridad, violencia y muerte
con una impunidad pasmosa. Han alcanzado el punto más
bajo de la depravación atacando y profanando un lugar de
adoración y culto divinos: el santuario de Dios.
Un pesimismo que va en aumento y un sentido de impotencia pretenden cubrir nuestro hermoso país como nubes oscuras
y amenazantes. Debemos impedir que esto suceda. Nosotros,
los habitantes de Ciudad del Cabo, decimos no a esta situación.
Impidamos que esto suceda. Dios no permitirá que suceda.
Nuestro Dios es un Dios experto en tratar el mal, la oscuridad y la muerte. A partir de la oscuridad y el caos anteriores a la
creación, nuestro Dios hizo la luz, la vida y la bondad. Y cuando
contempló el orden creado, declaró que era «muy bueno». Y a
partir de la desesperación, el mal, la oscuridad y el sufrimiento
de la esclavitud, Dios, nuestro Dios, realizó la gran liberación,
el éxodo. Dios, nuestro Dios, creó, a partir de una multitud
de esclavos desorganizados, su pueblo especial, al que sacó de
la esclavitud e introdujo en la tierra prometida, porque Dios,
nuestro Dios, es un Dios de libertad. Nuestro Dios es un Dios
de justicia, de paz y de bondad.
Dios, nuestro Dios, llevó a término perfectamente su obra
en la terrible situación de la cruz, con su violencia, su oscuri-
175
Dios no es cristiano
dad y su muerte. Porque a partir de este horrendo instrumento
de muerte y destrucción, nuestro Dios realizó la gloriosa victoria de Jesucristo en la resurrección: la victoria de la vida sobre
la muerte, de la luz sobre las tinieblas, del bien sobre el mal.
Y vosotros y yo hemos de comprender ese hecho, a saber, que
tenemos un Dios de victoria, como reza la canción: «¡Qué
poderoso es nuestro Dios!».
Solíamos decir en medio de la oscuridad de la represión,
en los días más horribles de la opresión del apartheid: «Moenie
worry, alles sal regkom» [No te preocupes, todo saldrá bien].
Porque nuestro Dios es un Dios que saca justicia de la injusticia. Y ellos pensaban que estábamos soñando. «Nou hier’s dit!»
[¡Y ahora, aquí estamos!]. ¡Vamos a tener una nueva Sudáfrica!
¡Vamos a tener una Sudáfrica donde todos nosotros, negros y
blancos, seremos verdaderamente libres!
Y nosotros, los habitantes de Ciudad del Cabo, unidos
hoy de este modo contra esa atrocidad, estamos diciendo no
a la violencia. ¡A toda forma de violencia! Porque veneramos
a todos y cada uno de los seres humanos. Una muerte es un
número excesivo de muertes. Decimos no a la intimidación.
¡Decimos sí a la libertad! ¡Decimos sí a la paz! ¡Decimos sí a la
reconciliación!
Y nosotros, como hemos sostenido siempre, somos el
«pueblo arco iris» de Dios. Somos hermosos porque somos
el «pueblo multicolor» de Dios y somos imparables. Somos
imparables, negros y blancos, en este camino que recorremos
juntos hacia la libertad, la justicia, la democracia, la paz, la
reconciliación, la sanación, el amor, la risa y la alegría, cuando
decimos: «Esta Sudáfrica nos pertenece a todos nosotros,
negros y blancos».
176
15
Nada para vuestra comodidad
Una crítica a los camaradas y amigos
Unos meses después de que Nelson Mandela jurara el cargo de presidente, Desmond Tutu se vio obligado a pedir cuentas al primer
gobierno de Sudáfrica elegido democráticamente y criticó a los parlamentarios por aprobar para ellos mismos incrementos salariales, y a la
administración por no haber clausurado definitivamente la industria
armamentística del apartheid. Cuando Mandela le devolvió el golpe
acusándole de ser un demagogo y diciéndole que debería plantearle
sus preocupaciones en privado, Tutu trató al nuevo presidente como si
fuera un ministro del gabinete del apartheid, y dijo que o bien Mandela se había olvidado o estaba mintiendo, porque habían hablado de
esos temas en un desayuno privado en la residencia del presidente en
Ciudad del Cabo. Después de retirarse como arzobispo de Ciudad del
Cabo –y de presidir la Comisión para la Verdad y la Reconciliación a
petición de Mandela–, Tutu sometió a Thabo Mbeki, sucesor de Mandela, a un escrutinio similar. Tutu fue particularmente crítico con
Mbeki por su fracaso en la campaña contra la devastadora difusión
del VIH y del sida, y porque no había denunciado con más fuerza al
Dios no es cristiano
gobierno del país vecino Zimbabue, presidido por Robert Mugabe, que
se apoyaba en la supresión violenta de la oposición para mantenerse en
el poder. Tutu expresaba sus críticas normalmente en intervenciones
de un solo párrafo que trataban sobre otros temas. Esto cambió a finales de 2004, cuando –al comienzo del segundo mandato de Mbeki–
Tutu pronunció, en un intervalo de pocos meses, dos discursos programáticos. En ellos, aunque alabó extensamente al gobierno del CNA,
abordó también lo que él identificaba como tendencias inquietantes,
entre las cuales incluía las siguientes: un programa de rearme militar
cuyo presupuesto ascendía a cuatro mil millones de dólares estadounidenses, la negativa de Mbeki a reconocer la naturaleza y el alcance de
la crisis del VIH y el sida, y el dominio sobre la vida pública ejercido
por líderes del grupo lingüístico sudafricano nguni1.
1
Este primer discurso fue una conferencia inaugural en honor de
Trevor Huddleston, mentor de Tutu, pronunciada en la iglesia de
Cristo Rey, Sophiatown, a la que Tutu había asistido en su adolescencia y donde Huddleston había ejercido el ministerio. La serie de
conferencias se llamó «Nada para tu comodidad» –como el título
del libro de Huddleston, con el que se había merecido en el extranjero la fama de activista contra el apartheid2–. Después de rendir
homenaje a Huddleston y su comunidad religiosa, Tutu habló sobre
Sudáfrica en el siglo XXI.
N
uestras habilidades se perfeccionaron en la lucha contra el
apartheid: como Iglesia, declarábamos que el reino de Dios
exigía una Sudáfrica libre y democrática donde todas las perso-
178
Nada para vuestra comodidad
nas contaran. Actuábamos sobre todo «a la contra», y el apartheid
era un enemigo evidente que estaba ahí fuera, nos hacía entrar en
acción y nos unía a todos. Pero hemos alcanzado nuestra meta:
una Sudáfrica libre, democrática, no racista y no sexista.
¿Sabéis una cosa? Es mucho más fácil estar «contra» que «a
favor de». He dicho que Dios actuó con inteligencia al permitir que yo me retirara una vez que habíamos realizado la transición de la represión a la democracia, del estar «contra» al
actuar «a favor de».
La Iglesia es siempre agente del reino de Dios. Ninguna
administración política, por muy ideal que sea, puede coincidir con ese reino. Siempre hay un aspecto «todavía no». Ahora
la Iglesia no es ya el adversario del gobierno. Tiene que trabajar en solidaridad con el gobierno, pero no debe ser manipulada por él. Tiene que mantener una distancia crítica, de
modo que pueda decir siempre: «Así dice el Señor», sin que se
cuestione su patriotismo y su lealtad a Sudáfrica.
Hemos de elogiar al gobierno por todo el bien que ha realizado, y hay muchos motivos para estar agradecido. A pesar
de la delincuencia, tenemos un nivel de estabilidad que es la
envidia de otros países. Nuestro presidente es tenido en alta
estima en los organismos internacionales. ¡Qué cambio! Un
país considerado como un paria universal ha tomado la iniciativa con el NEPAD y la Unión Africana3. Vamos a ser anfitriones del Parlamento Africano, lo cual constituye un gran éxito
para nuestro país. El repugnante gusano se ha convertido en
una hermosa y atractiva mariposa.
Pero ya veis que todos somos falibles, incluso los mejores de
nosotros. Todos sentimos la tentación de abusar del poder, ya sea
en el gobierno o en la sociedad civil –y, en efecto, incluso en la
179
Dios no es cristiano
Iglesia–. La Iglesia debería permanecer vigilante para llamar la
atención sobre las tentaciones de abuso de poder y de corrupción, sobre las tentaciones de nepotismo. A quien hemos de rendir cuentas es, en definitiva, a Dios. Todos hemos salido de la casa
de esclavitud del apartheid. Algunos, unos pocos miembros de
la élite, han cruzado el Jordán y han entrado en la tierra prometida. Otros –un número muy elevado– siguen aún en el desierto
de la pobreza degradante y deshumanizadora; son demasiados los
que viven aún en la miseria y la privación. Se ha hecho mucho.
Tienen agua potable y electricidad personas que no habían disfrutado nunca de ellas, pero estamos sentados en un barril de pólvora, porque la brecha entre ricos y pobres se está haciendo cada
vez mayor, y algunos de los más ricos son ahora negros.
La Iglesia debe estar siempre ahí a favor de los pobres, los vulnerables, que estarán siempre con nosotros. Nosotros no podemos
–ni nos atrevemos a– esperar que el gobierno lo haga todo. Nosotros podemos ser generosos y compasivos. Podemos compartir con
los demás y cuidar de ellos. La preocupación por otros es la mejor
forma de interés por nosotros mismos. Muchos de nosotros podemos adoptar al menos a una familia pobre. Podemos donar cada
mes 100 o 200 rands a una familia. Algunos de nosotros podemos
adoptar a un hijo de una familia pobre y pagar su matrícula escolar. Hagámoslo siempre que podamos. Podríamos vernos arrollados por una sublevación de los pobres y entonces no tendríamos
nada que compartir. Pongamos una sonrisa en el rostro de Dios.
Deberíamos estar implicados en la regeneración moral de nuestra nación. Deberíamos recuperar el espíritu de profundo respeto
hacia la vida humana. Alcémonos contra los criminales y secuestradores, contra los responsables de crímenes de guante blanco.
Deberíamos tratar de infundir en nuestro pueblo el amor a nues-
180
Nada para vuestra comodidad
tro país, el orgullo por nuestra hermosa patria, de modo que no la
contaminemos ni la ensuciemos arrojando basura. Contaminar y
arrojar basura es un pecado y un delito. Todos deberíamos estar
alerta. Solo lo mejor es suficiente para nosotros, para Sudáfrica.
El apartheid forzó a las diferentes confesiones, y también a
las diferentes comunidades de fe, a cooperar frente a un enemigo común. Ahora que ese enemigo ha sido vencido, hemos
tendido a retirarnos en nuestros guetos confesionales y ya no
somos tan entusiastas como antes para comprometernos en la
cooperación y el diálogo interreligiosos. Los recientes acontecimientos en Oriente Medio han afectado especialmente a las
relaciones entre musulmanes y judíos en perjuicio de nuestro
país. Deberíamos promover con entusiasmo el diálogo y la cooperación entre las Iglesias y entre las confesiones.
Un fenómeno angustioso en Sudáfrica es el aumento de
la xenofobia. Es comprensible que a los residentes en nuestro
país les moleste la escasez de empleos y alojamientos, pero
esa escasez no puede justificar nunca la xenofobia. ¿Podemos olvidar tan pronto cómo han sido precisamente otros
países africanos los que han soportado lo más duro de las
persecuciones y los ataques transfronterizos perpetrados por
las Fuerzas de Defensa Sudafricanas? ¿Hemos olvidado cómo
algunos países pobres han dado refugio y asilo a nuestros exiliados y han alojado a nuestros movimientos de liberación,
corriendo con ello un gran riesgo? Como Iglesia, nosotros
debemos hablar contra este mal. Sí, por supuesto, algunos de
estos solicitantes de asilo y refugiados podrían ser criminales y traficantes de droga, pero ciertamente nosotros sabemos
que es muy doloroso sufrir bajo los estereotipos. No todos
los nigerianos se dedican a vender droga4.
181
Dios no es cristiano
Cuando presidí la Comisión para la Verdad y la Reconciliación, me sentí consternado por un llamativo fenómeno, a saber:
parecía como si los ngunis gobernaran este país. Yo era xhosa; los
presidentes de la Comisión de Derechos Humanos, de la Comisión Electoral, de la Comisión de Género, el entonces defensor
del pueblo y el director nacional del ministerio fiscal… todos
eran ngunis. Basta con que contéis el número de personas de
lengua nguni en el gabinete. Hemos de ser muy precavidos. El
genocidio en Ruanda tuvo lugar porque los tutsis habían dominado casi siempre sobre los hutus5. Nigeria está sacudida por la
lucha étnica y está también detrás de las atrocidades cometidas
en Darfur, Sudán. Gran parte de la política en Kenia está basada
en la afiliación tribal. En Zimbabue, los ndebele y los shona han
tendido a pertenecer a diferentes formaciones políticas. Deberíamos tener cuidado de no atizar el resentimiento que podría
llegar a estallar algún día. Sudáfrica no debería convertirse en
una especie de nguni-cracia. Deberíamos tomar en serio observaciones semi-graciosas como: «Antes no era suficientemente
blanco; ahora no soy suficientemente negro». En broma se han
dicho muchas verdades. Deberíamos guardarnos de un resentimiento creciente que podría explotar algún día.
Sí, precisamente porque estamos orgullosos de muchas de
las cosas que nuestro gobierno ha hecho y se ha comprometido
a hacer, deberíamos exigirle un nivel de comportamiento elevado. Deberíamos cuestionar si es apropiado gastar en armas
tanto como estamos gastando. No tenemos enemigos externos
reales. Nuestros verdaderos enemigos son internos: pobreza,
crimen, enfermedad y corrupción. Estos plantean a nuestro
país una amenaza mucho más grave que cualquiera de los enemigos externos que se divisen en el horizonte.
182
Nada para vuestra comodidad
Lo que es importante subrayar es que una democracia
vibrante es aquella donde el debate vigoroso, el disentimiento,
el desacuerdo y la discusión son bien recibidos. Nadie tiene el
monopolio de la sabiduría y la habilidad. Debemos evitar la
adulación servil como si se tratara de la peste. Si las políticas son
buenas, entonces pueden resistir el examen riguroso y el disentimiento. Nadie es infalible. Hemos de alentar a quienes hacen
preguntas extrañas, ya que nuestros gobernantes son nuestros
gobernantes porque nosotros los hemos elegido, y tienen que
dar cuentas ante nosotros. A los gobernantes del apartheid solíamos decirles: «Vosotros no sois Dios». Ningún gobierno puede
ser Dios. A mi padre le gustaba decir: «No levantes la voz; es
preferible que mejores tus argumentos». Aquellos a quienes
hemos elegido y a quienes apoyamos deberían tener la confianza
en sí mismos necesaria para estar abiertos al examen y al debate,
y especialmente para ser capaces de admitir sus errores cuando
los cometan.
Deberíamos exigir que nuestro gobierno pusiera en práctica políticas de las que pudiéramos estar orgullosos y que
estuviéramos dispuestos a defender tenazmente. Nuestra política hacia Zimbabue no encaja en esta categoría.
Sudáfrica puede tener un gran éxito. Somos, de manera
extraordinaria, ya ahora un símbolo de esperanza para muchos
países desgarrados por conflictos. Nuestra transición razonablemente pacífica y nuestra búsqueda del perdón y la reconciliación están inspirando a otros países que desean imitarnos.
Nosotros podemos y debemos tener éxito por el bien del
mundo de Dios; y la Iglesia como agente de Dios debe ser
capaz de decir como los profetas: «Así dice el Señor».
183
Dios no es cristiano
2
La conferencia pronunciada en Sophiatown (véase supra) suscitó
poca publicidad. Tres meses después, Tutu lanzó un mensaje emitido por radio y televisión para conmemorar el legado de Nelson
Mandela, en el que repitió el elogio a los éxitos del gobierno, pero
después abordó sus desafíos y fracasos y se centró más bruscamente
en Mbeki y en el hecho de que los miembros y jefes del CNA no
cuestionaran las ideas de su presidente.
E
stamos celebrando diez años, toda una década, de libertad
y ello constituye una oportunidad para que dirijamos la
mirada al pasado con el fin de valorar nuestros logros y observar nuestros fracasos mientras avanzamos hacia el glorioso
futuro que se abre ante nosotros. Esta es la razón por la que he
elegido como título unas palabras tomadas del profeta Isaías:
«Fijaos en la peña de la que fuisteis tallados» (Isaías 51,1).
¿Qué hemos conseguido?
Sabéis que tengo fama de ser repetitivo. He dicho una y otra vez
que a los sudafricanos no nos gusta presumir de nuestros logros.
Parece que nos sentimos incómodos con nuestros éxitos. Hemos
crecido con una actitud indiferente, dando por sentados algunos
logros muy notables y sin concedernos suficiente crédito a nosotros
mismos. El resultado es que hemos tendido a estar abatidos, que
hemos dado la impresión de que detrás de cada rayo de sol tenía
que haber una nube invisible –no hay más que esperar lo suficiente
y pronto aparecerá–. Naturalmente, tenemos problemas –graves y,
184
Nada para vuestra comodidad
en efecto, abrumadores problemas–; pero, por favor, ¿podríais señalar algún país del mundo que no tenga problemas actualmente?
No, pienso que deberíamos cambiar nuestra perspectiva. Si estamos siempre fijándonos en nuestras deficiencias y en nuestras faltas, entonces se generalizará un estado de ánimo pesimista y, en
cierto modo, crearemos el entorno que favorece nuevos fracasos.
¿No es cierto que se dice: «Juzga con severidad aquello que quieres destruir»? Si esperas poco de las personas, entonces no te sorprendas si no superan tus bajas expectativas. Muchas personas han
sobresalido casi solo porque alguien tuvo fe en ellas, creyó en ellas
y, de este modo, les infundió una nueva fe en sí mismas, una nueva
autoconfianza y una nueva autoestima. Ciertamente lo mismo se
puede decir de una nación, que es una comunidad de individuos.
El mundo no se ha recuperado aún de la sorpresa que supuso
el hecho de que nosotros tuviéramos una transición razonablemente pacífica de la represión a la democracia. ¿Habéis olvidado
tan rápidamente cómo estuvimos al borde del desastre completo,
cuando la mayoría de las personas creían que íbamos a vernos
arrollados por un espantoso baño de sangre racial? ¿Habéis olvidado tan rápidamente lo que sucedió durante la transición a la
democracia, cuando nadie podía garantizar que si uno salía a trabajar por la mañana pudiera regresar vivo por la tarde, ya que se
producían asesinatos indiscriminados en los trenes, en los taxis y
en los autobuses? Seguro que recordáis cómo, cuando anunciaban las estadísticas de las veinticuatro horas anteriores y decían
que habían sido asesinadas seis, siete u ocho personas, a menudo
suspirábamos aliviados y decíamos: «Solo han sido asesinadas siete
u ocho personas». La situación era muy desesperada… ¿Recordáis
los ataques que tenían lugar en los albergues? Pensad simplemente
en las matanzas que se producían en intervalos regulares. Hubo
185
Dios no es cristiano
muchas ocasiones en las que parecía que todo pendía de un hilo,
y no hubo nada más horrible que el asesinato de Chris Hani6.
Aquel fue uno de los momentos más terribles para muchos de
nosotros. Faltó muy poco para que se desencadenara una catástrofe total. Yo dije: «Si sobrevivimos a esto, podríamos sobrevivir
a cualquier cosa». Sí, parecía que estábamos al borde del desastre
y la conflagración sangrienta. Pero no fue así. Por el contrario, el
mundo se maravilló, quedó impresionado por el espectáculo de
las largas, muy largas filas de sudafricanos de todas las razas que
avanzaban lentamente hacia los colegios electorales aquel 27 de
abril de 1994, un día inolvidable y mágico.
Realmente tenemos mucho que celebrar y mucho por lo
que estar agradecidos. Fijaos en nosotros… ¿qué otro país tiene
un coloso moral que pueda compararse con Nelson Mandela?
Somos la envidia de todas las naciones de la tierra. Mandela se
ha convertido en un icono de perdón, compasión, magnanimidad y reconciliación para el mundo entero. ¡Qué bendición
hemos recibido por el hecho de que él llevara el timón para
guiar el barco de nuestro país por las tempestuosas aguas de
la transición! Deberíamos aclamar también a F.W. de Klerk,
que mostró un excepcional coraje moral cuando anunció, el
2 de febrero de 1990, aquellas impresionantes iniciativas que
pusieron en marcha el proceso para evitar la revolución.
Habida cuenta de nuestra historia y de nuestros antecedentes, es asombroso que podamos tener la estabilidad de la que
disfrutamos. Rusia vivió la transición de la represión a la democracia casi al mismo tiempo que nosotros. El Muro de Berlín
cayó en noviembre de 1989. Nelson Mandela fue liberado en
febrero de 1990. Pero ¿qué está sucediendo hoy en Rusia? El
nivel de delincuencia controlada por la mafia y el conflicto con
186
Nada para vuestra comodidad
Chechenia –recordemos los terribles ejemplos de masacres como
el desastre de los rehenes en el teatro y, más recientemente, la
catástrofe de los rehenes en la escuela de Beslán– hacen que lo
que sucede en Sudáfrica parezca una merienda escolar.
A menudo me paro para mirar a los niños del instituto cercano a nuestra casa del barrio de Milnerton en Ciudad del
Cabo. Antes era un centro escolar solo para blancos; hoy, en
los recreos, se ve reflejada en él nuestra demografía. Hace solo
unos pocos años esto hubiera sido un delito. Algunos decían
que sucedería toda clase de desgracias si los centros escolares admitían a miembros de todas las razas. Hasta donde
yo puedo ver, el cielo sigue estando en su sitio. Uno habría
podido pensar que en Sudáfrica los niños habrían tenido que
ir a la escuela escoltados por policías y soldados armados hasta
los dientes. Pero no, no es en Sudáfrica donde esto ha sucedido, sino en Belfast, en Irlanda del Norte.
¿Recordáis cómo los policías se subían a los árboles para asomarse a los dormitorios con la esperanza de sorprender a parejas que pudieran estar contraviniendo la Ley de Inmoralidad7,
apresurándose a sentir la temperatura de las sábanas, haciendo
miserable lo que debería haber sido hermoso –el amor entre dos
personas–, y cuántas carreras y vidas fueron destruidas cuando
la gente tenía que enfrentarse a acusaciones bajo esta legislación
abominable? Y ahora tengo la impresión de que soy la única persona que mira con los ojos desorbitados a todas esas parejas mixtas
que se pasean de la mano sin ninguna preocupación, llevando un
cochecito con un bebé de color indeterminado. Aún me parece
sentir que un policía podría arrojarse sobre ellas por transgredir la
ley. Acordaos también de la humillación de la clasificación racial
con sus toscas pruebas: le pinchaban a uno de repente con un alfi-
187
Dios no es cristiano
ler y, dependiendo de si gritaba «Eina» o «Aitsho» (que significan
«¡Ay!»), era clasificado como «de color» –o mestizo– o «bantú». Y
de los trastornos que causaba en la vida familiar el hecho de que
los hermanos pudieran ser asignados a diferentes grupos raciales
porque unos eran más morenos que otros. ¿Recordáis que la gente
se suicidaba por causa de la clasificación racial? Otros querían ser
identificados como blancos y evitaban a los miembros de su familia que tenían un aspecto menos caucásico.
Acordaos del horror de las injustas leyes de pase y del sistema de
trabajo para inmigrantes y sus albergues para personas de un solo
sexo, y los trastornos que ello causó a las familias negras en un país
que, sin ningún sentido de la ironía, celebraba el día de la familia
como día festivo público. ¿No es extremadamente extraño que Nelson Mandela tuviera que esperar a cumplir 26 años para votar por
primera vez en su propia patria, mientras que los blancos podían
votar una vez cumplidos los 18 años? Cuando fui consagrado arzobispo en 1986, constituía un delito que yo viviera en la residencia
oficial del arzobispo en Bishopscourt, Ciudad del Cabo, debido a
la Ley sobre las Zonas Reservadas. Le dije al gobierno que yo era el
arzobispo y que iba a vivir en mi residencia oficial, que ellos podían
hacer lo que quisieran, pero yo no iba a pedirles permiso. Afortunadamente, no hicieron nada. Pero esto forma parte de nuestra historia: casi tres millones de personas fueron desplazadas a la fuerza,
como les sucedió a los habitantes de Sophiatown, cuyo nombre fue
reemplazado por el muy sutil apelativo de Triomf, o Triumph. Para
poner sal en la llaga, Triomf conservó muchos de los nombres de
las calles de la antigua Sophiatown. ¡Es una maravilla que se haya
puesto fin a la iniquidad: Triomf es de nuevo Sophiatown!
Forman parte igualmente de nuestra historia aquellos carteles públicos en los que se podía leer: «No se permite la entrada a
188
Nada para vuestra comodidad
nativos y perros». Y también: «Conduzca con cuidado. Aquí cruzan nativos [Natives cross here]», que los negros cambiaban de este
modo: «Conduzca con cuidado. Aquí (hay) nativos muy enfurecidos [Natives very cross here]». O cuando, en tiempo de elecciones, solían mostrar imágenes de un negro desaliñado y, para
disuadir a los blancos de votar a los negros, preguntaban: «¿Queréis que vuestra hija se case con este hombre?». Y los negros, a su
vez, replicaban: «¡Enseñadnos antes a vuestra hija!».
Con tales antecedentes, uno podría pensar que los titulares
sobre Sudáfrica iban a ser a buen seguro como este: «Atroces
disturbios raciales en…». Pero, aunque parezca increíble, no
fue en Sudáfrica donde se produjeron disturbios raciales, sino,
en fechas más recientes, en la ciudad británica de Manchester.
Éramos los parias más despreciados del mundo entero. Los
sudafricanos teníamos que escondernos y ocultar nuestra nacionalidad. Y ahora pienso que somos aún la admiración de todos.
Nuestro país, a través del presidente Thabo Mbeki, ha estado en
la primera línea de la creación de la Unión Africana y en la concepción y promoción del NEPAD y del resurgimiento africano.
Esto constituye un notable cambio de rumbo. Los sudafricanos
proclaman con orgullo su identidad nacional. Muchos llevan la
nueva bandera en la solapa y en su equipaje. Quieren que todos
sepan que proceden del país de Madiba8. Nuestra constitución es
ampliamente aclamada como una de las más liberales y de las más
avanzadas. Fijaos en el destacable papel que está desempeñando
nuestra nación en la construcción de la paz en el continente africano: en Costa de Marfil, en Burundi, en la República Democrática del Congo y en otros lugares. La prestigiosa publicación
londinense The Economist propuso con convicción que el presidente Mbeki fuera galardonado este año con el Nobel de la Paz
189
Dios no es cristiano
por sus esfuerzos a favor de la paz en muchas zonas conflictivas de
África. Esto constituye un gran éxito para él y para nuestra nación.
Y, dicho sea de paso, no hay muchos países que puedan
decir, como el nuestro, que cuatro de sus hijos han sido premiados con el Nobel de la Paz. Tenemos también dos galardonados con el Nobel de Literatura. En Sudáfrica se realizó el
primer transplante de corazón. Nuestras hazañas deportivas
no son nada despreciables. Hemos sido campeones del mundo
de rugby y dejamos bastante alto el listón como anfitriones de
la Copa del Mundo de Rugby en 1995. Salimos airosos como
anfitriones de la Copa Mundial de Críquet y de la Copa Mundial de Golf, en la que resultamos vencedores. Fijaos en las
magníficas hazañas de golfistas como Retief Goosen y Ernie
Els. Hemos ganado en una ocasión la Copa de África y podemos volver a lograrlo. Y en 2010 seremos los anfitriones del
mayor espectáculo deportivo: la Copa Mundial de Fútbol.
Actualmente son más de siete los millones de personas que tienen acceso al agua potable, que antes se les negaba. Y un millón
cuatrocientas mil personas tienen ahora electricidad en sus hogares. Disponemos de una prensa independiente y que se hace oír, y
también de un poder judicial sobresaliente. Deberíamos celebrar
y pregonar estos logros mucho más de lo que lo hacemos.
Sí, también tenemos problemas. El más grave es la destrucción causada por los estragos de la pandemia del VIH/sida. Hay
más de cuatro millones de sudafricanos infectados. Se estima que
casi cuatrocientos mil de nuestros compatriotas morirán de sida
este año. Es un dato sobrecogedor. Y, sin embargo, quiero decir
que tenemos algo que celebrar incluso en esta horrible situación,
a saber: la mayoría de las víctimas son negros y uno habría podido
pensar (habida cuenta de nuestro pasado) que los blancos iban
190
Nada para vuestra comodidad
a decir: «Que se vayan con viento fresco». Todo lo contrario; la
mayoría de los trabajadores más entregados y más comprometidos en las campañas contra el VIH/sida son blancos. Esto es algo
que hemos de celebrar y pregonar al son de trompetas, y quiero
rendiros el más cálido homenaje a vosotros, nuestros compatriotas blancos, por vuestra destacable generosidad y dedicación.
Pero esto no es todo. Hay muchos sudafricanos blancos que
están haciendo un trabajo fantástico. Pienso en los bailarines y
bailarinas de ballet blancos que tomaron la decisión de enseñar
ballet a los niños y niñas que vivían en los municipios negros.
Empezaron hace diez años y formaron una organización llamada
«Danza para Todos». Pienso también en Angela Rackstraw, una
joven blanca y terapeuta artística que puso en marcha un proyecto, el Programa de Terapia Artística Comunitario, para trabajar con jóvenes traumatizados, aislados y que habían sufrido
abusos, con el fin de ayudar a rehabilitarlos. Estoy seguro de que
hay otras muchas personas como las mencionadas y os doy la
enhorabuena por vuestro entusiasmo y dedicación.
¿Cuáles son los fracasos y los desafíos?
Uno de los indudables dones que estamos aportando al
mundo es nuestra diversidad y nuestra capacidad de celebrar y
afirmar nuestra diversidad, de modo que hoy tenemos once lenguas oficiales. Tenemos un himno nacional políglota en cuatro
lenguas. Afirmamos que cada uno de nosotros es importante y
que nos necesitamos unos a otros según el espíritu del ubuntu,
que solo podemos ser humanos en relación, que una persona es
persona solo a través de otras personas. Nuestra diversidad, que
nosotros debemos afirmar y celebrar, es diversidad de raza, de len-
191
Dios no es cristiano
gua, de cultura, de religión y de puntos de vista. Queremos que
nuestra sociedad se caracterice por el debate y la disconformidad, donde el desacuerdo sea parte integrante de una comunidad
que vibra, una comunidad en la que nos enfrentemos al argumento, no a la persona que lo defienda, y en la que no pensemos
que quienes no están de acuerdo, quienes expresan su disconformidad, son ipso facto desleales o antipatriotas. Un partido irreflexivo, acrítico, servil y conformista es fatal para una democracia
vibrante. Me preocupa ver cuántas personas se han sentido, al
parecer, fácilmente acobardadas y obligadas a obedecer por intimidación. Estoy seguro de que la representación proporcional ha
sido una cosa muy buena, pero debería haber estado vinculada a
la representación de los electores9. Temo que las listas electorales
hayan tenido un impacto perjudicial en las personas, aunque no
fuera esa la intención. Estar en una lista electoral es lucrativo. Las
recompensas son sustanciosas y si el hecho de cuestionar las posiciones del partido pone en peligro las posibilidades que uno tiene
de entrar a formar parte de la lista, entonces son muy pocos los
que se arriesgan y, por el contrario, casi todos optan por el silencio
y nunca rompen la disciplina de partido.
En los días de lucha constituía un estímulo que se hablara
de «mandato»: tenías que justificar tu posición con argumentos
sólidos. Parece que ya no es así. Se tiene la impresión de que el
servilismo se ha adueñado del país. Yo hubiera deseado que se
hubiera debatido abiertamente mucho más sobre las ideas del
presidente acerca del VIH/sida en el CNA, por ejemplo. La verdad no sufre si es cuestionada y examinada. Seguramente no
habría habido unanimidad desde el principio. Yo no estoy de
acuerdo con el presidente, pero esto no me convierte en enemigo suyo. Él sabe que es muy estimado por mí, pero ninguno
192
Nada para vuestra comodidad
de nosotros es infalible; y por eso somos una democracia, y no
una dictadura. El gobierno tiene que dar cuentas, como todas
las personalidades públicas, ante el pueblo. Yo esperaba que
hubiera habido más debate y discusión.
Fijémonos en la peña de la que fuimos tallados. Deberíamos
bajar la temperatura en nuestro discurso público con la esperanza de que así haya más luz. No deberíamos impugnar los
motivos de otros, sino aceptar la buena fe de todos. Si nosotros
creemos en algo, entonces seguramente estaremos dispuestos a
defenderlo de manera racional, con la esperanza de persuadir
a quienes se oponen para que cambien su punto de vista. No
deberíamos aprovecharnos con demasiada facilidad de nuestro rango superior para exigir una conformidad acrítica, servil y
sumisa. Necesitamos encontrar formas de implicar a las llamadas
«masas», al pueblo, en el discurso público por medio de indabas,
«foros en los ayuntamientos», de modo que nadie se sienta marginado, sino que, por el contrario, sienta que su punto de vista
importa y cuenta. Entonces desarrollaremos un consenso nacional. Deberíamos debatir más abiertamente, sin usar un lenguaje
emotivo, cuestiones como la acción afirmativa, la transformación en el deporte, el racismo, la xenofobia, la seguridad, el crimen, la violencia contra las mujeres y los niños. ¿Qué queremos
que haga nuestro gobierno en Zimbabue? ¿Estamos satisfechos
con nuestra diplomacia silenciosa en ese país? A buen seguro, las
violaciones de derechos humanos deben ser condenadas como
tales, cualesquiera que sean las credenciales de quien las comete.
Debería ser posible que habláramos como adultos sobre esos
temas sin enzarzarnos en disputas airadas.
¿Qué es el empoderamiento económico negro cuando parece
que no beneficia a la gran mayoría, sino a una pequeña élite que
193
Dios no es cristiano
tiende a reciclarse? ¿No estamos incrementando excesivamente
un resentimiento del que tal vez nos arrepintamos después? No
tiene sentido decir que la gente no se quejaba cuando los blancos se enriquecían. ¿Cuándo fueron nuestros criterios los criterios del antiguo régimen? Y recordad que algunos de los valores
más influyentes decían que «el pueblo compartirá»10. Estábamos comprometidos en la lucha porque creíamos que evolucionaríamos hacia una nueva forma de sociedad: una sociedad
solícita y compasiva. En este momento, muchos, demasiados
miembros de nuestro pueblo viven en una pobreza penosa,
degradante y deshumanizadora. Ciertamente tenemos que
trabajar con todas nuestras fuerzas para erradicar la pobreza.
Deberíamos hablar acerca de si gastar tanto dinero en armas es
moralmente justificable frente a la pobreza que plantea la amenaza más inmediata a nuestra seguridad. Deberíamos discutir como nación si realmente, como parece, el «Ingreso Básico
Universal» para los pobres es una salida viable.
No deberíamos sentirnos intimidados por decretos impuestos desde arriba. No podemos hablar, con el estómago lleno y
con facilidad sospechosa, sobre las limosnas para quienes se van
muchos días a la cama con hambre. Es extremadamente cínico
hablar sobre limosnas cuando la gente se puede hacer rica de un
plumazo. Si no son limosnas masivas, entonces ¿qué son? Son
muy pocos los pobres que quieren limosnas; tienen su orgullo,
pero también necesitan que se les eche una mano. Deberíamos
ser capaces de decir que, aun cuando ha sido importante que se
haya construido más de un millón de viviendas, muchas de ellas
son sencillamente inaceptables. La gente las llama «Unos», como
el automóvil italiano. Son nuestra siguiente generación de chabolas. Los esquemas públicos han proporcionado algunos modelos
194
Nada para vuestra comodidad
que se han de tener en cuenta. «Hábitat para la Humanidad» ha
mostrado que es posible. Un millonario irlandés contrata cada año
a trescientos irlandeses aproximadamente y ellos construyen en
una semana cincuenta casas, cada una de las cuales cuesta 48.000
rands. ¿Por qué no pueden hacer lo mismo los sudafricanos?
Queremos una nueva sociedad: compasiva, amable y solícita. La clase de sociedad donde el presidente se sienta en el
suelo para hablar al pueblo en su modesta casa; donde el presidente lleva en uno de los automóviles del desfile presidencial
a una mujer con el fin de que pueda asistir a una recepción
ofrecida por el presidente a Charlize Theron, que ha recibido
un Óscar –acciones recientemente realizadas por nuestro presidente, el cual dice que no solo tiene cabeza sino que también
tiene corazón–. Es la clase de sociedad en la que una viuda rodea
con las palmas de las manos el rostro del presidente y le mira a
los ojos después de que este haya hablado de manera conmovedora en afrikáans en el funeral de su admirable esposo, Beyers
Naudé11. La imagen de ambos habla del modo más elocuente
sobre la clase de nación que queremos ser: una nación de la que
todos somos miembros y sabemos que lo somos; donde todos
nos sentimos en casa y nadie es excluido; donde todos somos
ciudadanos de este extraordinario país, de la «nación arco iris».
Sí, nuestro relumbrante éxito va a tener lugar de un momento
a otro. Tendremos éxito porque Dios quiere que lo tengamos
por el bien de su mundo. Porque somos, aunque parezca increíble, un faro de esperanza para el resto de la humanidad.
Al responder a Tutu en un boletín informativo de la página web
del partido, Mbeki dio origen a más titulares con un enérgico
contraataque. Negó el silenciamiento de la disensión, defendió
las políticas de su gobierno, acusó a Tutu de insultar de manera
195
Dios no es cristiano
injustificada a los miembros del CNA y cuestionó la familiaridad
de Tutu con los hechos y su «respeto a la verdad». La controversia
continuó durante varias semanas: el partido publicó una serie de
diez artículos sobre «La sociología del discurso público en Sudáfrica». La discusión fue descrita por el CNA como «posiblemente,
el debate político más intenso del año», más candente que el que
se desarrolló con ocasión de la campaña de las elecciones generales.
196
16
¿Qué te ha pasado, Sudáfrica?
El precio de la libertad es
la vigilancia permanente
En 2006, dos años después de la controversia que ponía fin al
capítulo anterior, Tutu centró sus críticas en otros líderes sudafricanos. En 2005, Mbeki destituyó a Jacob Zuma, vicepresidente de Sudáfrica, después de que un cómplice hubiera sido
encarcelado por sobornar a Zuma durante las negociaciones con
industrias armamentísticas europeas que presentaron ofertas
de contrato para el programa de rearme militar del gobierno.
Zuma no fue procesado inmediatamente por tráfico de armas,
pero en 2006 fue acusado de haber violado a una mujer seropositiva treinta años más joven que él. Fue absuelto después de
declarar que el sexo había sido consentido, pero el juez le criticó por no haber tomado precauciones para evitar ser infectado. Cuando el partido gobernante empezó a tratar el tema del
sucesor de Mbeki, las fuerzas que estaban decepcionadas de él
–incluidos los aliados del CNA en los sindicatos y en el Partido
Comunista– se unieron en torno a Zuma.
Dios no es cristiano
1
En una conferencia pronunciada en agosto de 2006, cuando los fiscales estaban investigando las acusaciones de corrupción contra Zuma,
Tutu intervino en el debate acerca de quién debería suceder a Mbeki1.
N
uestra atmósfera política, que ha sido notablemente
estable dados nuestros antecedentes poco propicios, se
ha visto convulsionada recientemente por la crisis sucesoria
en el CNA, con las sospechas de complot y conspiraciones y
todas las repercusiones que han dado origen a una gran turbulencia. He pensado que no sería del todo inapropiado hablar
sobre el liderazgo: el verdadero y real liderazgo.
Hay un episodio de los evangelios cristianos en el que los
discípulos de Jesús discuten sobre los primeros puestos. Los dos
hermanos Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, querían estar por
encima de los otros diez discípulos, así que se adelantaron a sus
compañeros, se acercaron a Jesús y le pidieron que les concediera puestos prominentes, sentándose cada uno a un lado de
Jesús en su gloria. No podían pedir nada más elevado. Sus diez
compañeros estaban furiosos, pero no por la falta de humildad
de Santiago y Juan. ¡Ni hablar! Estaban molestos porque aquellos dos habían presentado sus pretensiones en primer lugar y,
por decirlo así, se les habían adelantado. Fue un incidente desagradable, porque discutieron públicamente acerca de quién iba
a llevar la voz cantante. Tendemos a pensar que las personas
que habían acompañado a Jesús se caracterizarían por cualidades atractivas, como la humildad y la modestia. Entonces Jesús
les llamó para darles una profunda lección sobre la verdadera
grandeza y el verdadero liderazgo. Escuchemos:
198
¿Qué te ha pasado, Sudáfrica?
«Al oír esto los otros diez, empezaron a indignarse contra
Santiago y Juan. Jesús, llamándoles, les dice: “Sabéis que
los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos y sus grandes las oprimen con
su poder. Pero no ha de ser así entre vosotros, sino que el
que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros,
será esclavo de todos, que tampoco el Hijo del hombre ha
venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como
rescate por muchos”».
Marcos 10,41-45
Pero ¿qué clase de consejo es este? Muy poco realista, sentimental y utópico. Nos harían pedazos en un mundo cruel
y cínico donde unos despedazan a otros, solo sobreviven los
mejor adaptados y cada uno busca su propio interés en un contexto de competitividad encarnizada. Pero ¿es realmente esa
clase de éxito la que la gente de hecho admira y respeta profundamente? La Madre Teresa ha sido sumamente estimada,
y hasta venerada, por muchos de nuestros contemporáneos.
Se podrían decir muchas cosas de ella, pero lo que indudablemente no se podría decir es que su conducta fuera prepotente.
No es venerada porque tuviera éxito. En muchos sentidos se
podría decir que fracasó en su intento de detener la marea de
pobreza a cuyas víctimas sirvió tan desinteresadamente y, sin
embargo, ya en vida fue considerada una santa. Muchas de estas
cosas se podrían decir de Nelson Mandela, del Dalai Lama,
de Mahatma Gandhi, de Martin Luther King, Jr., de Dietrich
Bonhoeffer. Por tanto, no podemos excluir a priori ese consejo
aparentemente extraño. La gente estaba asombrada de las segui-
199
Dios no es cristiano
doras de la Madre Teresa porque se habían entregado desinteresadamente y habían puesto su vida al servicio de los demás.
Dirigir por el bien de los dirigidos
Resulta claro que la fórmula que Jesús propuso no era tan
utópica y carente de realismo. Casi todos los que han llegado
a ser líderes excepcionales han demostrado este destacado atributo del altruismo desinteresado. El líder no está ahí para sacar
partido de su posición elevada. No, el líder real y verdadero sabe
que la función de su posición es permitirle que sirva a los dirigidos. No es una oportunidad para sus aires de grandeza, sino
para el servicio a los dirigidos. Y este atributo se demuestra casi
siempre del modo más claro por el hecho de que quien aspira a
dirigir sufre por la causa, por las personas. Es la prueba de fuego
de la sinceridad del líder, el sello inequívoco de la autenticidad de sus credenciales. La Madre Teresa hizo voluntariamente
el voto de pobreza y dejó la comodidad de su hogar europeo
para vivir en la miseria de su nuevo convento en un suburbio
de Calcuta. El Dalai Lama ha vivido en el exilio durante cuatro
décadas. Aung San Suu Kyi, una mujer delicada y pequeña, ha
hecho que hombres maduros y armados hasta los dientes temblaran llenos de agitación y, por eso, la han mantenido durante
diez de los últimos diecisiete años bajo arresto domiciliario en
su país, Birmania. Mahatma Gandhi dejó las comodidades de
una práctica legal exitosa para entregarse a la búsqueda de la verdad (satyagraha), vestido de un modo muy sencillo, y ayudó a
la India a conseguir la independencia. Podríamos seguir en esta
línea, multiplicando los ejemplos.
200
¿Qué te ha pasado, Sudáfrica?
Debido a este principio –según el cual el sufrimiento de alguna
forma da validez a la autenticidad del dirigente, cuya misión no es
servirse a sí mismo, sino a los dirigidos–, casi siempre los líderes
de movimientos de liberación ganaron fácilmente, una vez conseguida la independencia, las primeras elecciones en su país. Habían
demostrado su altruismo siendo encarcelados o exiliados, o comprometiéndose de otras formas en la lucha por la liberación. Así,
un Nkrumah, un Nyerere, un Kenyatta, un Machel, un Seretse
Khama, un Nujoma, un Mugabey y un Mandela ganaron las elecciones fácilmente. Superaron con éxito la primera prueba de un
verdadero líder –el altruismo desinteresado–. Paradójicamente, a
los regímenes coloniales u opresores les salió el tiro por la culata,
porque cada vez que emprendían una acción contra un líder que
luchaba, ponían un sello de autenticidad sobre su víctima.
Integridad
Los dirigidos –el pueblo, las llamadas «masas»– tienden a ser
crédulos, porque casi nunca pueden pensar que sus líderes no sean
personas íntegras que defienden valores morales elevados. Tengo
que confesar que yo he sido bastante ingenuo. Durante los días
que duró nuestra lucha, nuestro pueblo fue extraordinariamente
altruista. Teníamos una causa noble y casi todos los implicados
estaban movidos por ideales elevados y nobles. Cuando decíamos,
incluso a los jóvenes, que podían lanzarles gases lacrimógenos o
golpearles con quirts2, que podían ser atacados por perros crueles, detenidos, torturados e incluso asesinados, respondían con
un espíritu valiente y casi arrogante: «¿Y qué? No me preocupa lo
que pueda sucederme siempre y cuando ello sirva para el éxito de
201
Dios no es cristiano
nuestra causa». Decían que su sangre regaba el árbol de nuestra
libertad. Era verdaderamente impresionante: realmente pensaban
que la causa era lo único que importaba y estaban dispuestos a
sacrificarlo todo e incluso a dar la vida por la causa. Mi ingenuidad consistió en que yo creía que aquellas nobles actitudes e ideales exaltados se trasladarían automáticamente, una vez llegada la
liberación, al gobierno de la nueva administración. Nosotros, los
sudafricanos, somos una estirpe especial, y yo creía que podríamos mostrar al mundo, atormentado especialmente en África
por el azote de la corrupción, que estábamos por encima de los
demás. ¡Vaya! ¡Qué absoluta decepción! En cuanto empezamos
a recorrer los pasillos del poder, parecía que queríamos recuperar
el tiempo perdido. Caímos en las mismas tentaciones que aquellos de quienes habíamos pensado que eran inferiores a nosotros,
aquellos que parecían congénitamente incapaces de no robar. Al
menos podemos decir que ello demuestra que somos bastante
humanos, que no estamos libres del pecado original.
¡Qué decepción tan despreciable y completa! Ha habido
cargos llamados civil servants («funcionarios del Estado»), que
han resultado no ser ni civil (civiles) ni servants (servidores),
que de hecho han robado a los más necesitados adueñándose
de sus subsidios de asistencia social. Las víctimas han sido los
ancianos, privados de las pensiones que necesitan desesperadamente y que a menudo constituyen el único ingreso en
hogares donde aquellos que son tradicionalmente el sostén de
la familia están desempleados. Tales personas corruptas han
mostrado que están desprovistas del sentido de la vergüenza
y de la decencia. ¡Qué saludable ha sido que el ministro responsable haya actuado decididamente y haya pedido cuentas
a los culpables con una eficacia casi brutal. Después ha habido
202
¿Qué te ha pasado, Sudáfrica?
también todas las insinuaciones y alegatos sobre los posibles
aspectos oscuros a propósito del tráfico de armas, algunos relacionados con nuestro anterior vicepresidente, pero no solo con
él. Circulan noticias según las cuales algunos fiscales de Alemania y Francia están iniciando una investigación sobre el tráfico de armas, y nosotros esperamos que esta sea una rigurosa.
La semana pasada, un periodista dijo que pensaba que era un
error excluir a Jacob Zuma de la carrera por la sucesión simplemente porque había estado implicado en un caso de violación,
había admitido que había cometido adulterio y, posiblemente,
no tenía educación universitaria. El periodista sostenía que se
sabía que bastantes líderes políticos habían tenido aventuras y
carecían de títulos universitarios, pero esto no les había impedido continuar una carrera política a menudo exitosa. Así, si
Jacob Zuma era absuelto en el juicio por corrupción, debía permitírsele participar en la carrera por la presidencia del país tratando primero de conseguir la presidencia del CNA. Estoy de
acuerdo en que la falta de un título universitario no debería
ser un obstáculo para que fuera presidente. Pero no estoy de
acuerdo en que el delito sexual no constituya un obstáculo. Por
lo que yo sé, ningún político ha hecho campaña para alcanzar
un cargo público después de haber declarado de antemano un
delito sexual. Es más común que alguien haya sido declarado
culpable o sospechoso de ello después de haber asumido el cargo.
Ciertamente, no pienso que el delito como tal descalifique necesariamente a un candidato. Después de todo, Dios
no se resistió a servirse de un adúltero, el rey David, para ser
el antepasado por excelencia del Mesías. La diferencia fundamental es que en el caso de David hubo contrición y petición
de perdón. No tengo noticia de que Jacob Zuma haya pedido
203
Dios no es cristiano
perdón por estar involucrado en lo que él sostiene que fue
sexo consentido, una versión aceptada por el tribunal que lo
absolvió. Tuvo relaciones promiscuas con una mujer treinta
años más joven que él en una época en la que dirigía el Movimiento de Regeneración Moral del gobierno sudafricano.
Pidió disculpas por haber sostenido la eficacia de la ducha
como medio para protegerse del VIH/sida cuando encabezaba la campaña del gobierno contra el VIH/sida.
Pero todo esto palidece frente a la conducta de sus defensores fuera del tribunal. Esa conducta ha sido abominable y
bastante vergonzosa. Hasta donde yo puedo saber, parece que
en ningún momento se ha sentido desconcertado o incómodo
por ello. Sus defensores exigían con razón que su líder fuera
considerado inocente mientras no se demostrara lo contrario.
Sin embargo, no reconocían el derecho correspondiente a la
demandante, sino que la despreciaron e insultaron. La intimidaron hasta tal punto que tuvo que usar un pseudónimo
para ocultar su identidad y la policía temió por su vida hasta
el extremo de proporcionarle escolta durante las veinticuatro
horas. No sé si habrá abandonado nuestro país, porque nadie
podía garantizar que no fuera atacada e incluso asesinada por
los encolerizados partidarios de Jacob Zuma. Nuestra constitución, que el presidente del país promete guardar y defender, nos garantiza a todos el derecho a tener nuestro punto
de vista. Aprecio a Jacob Zuma como una persona cálida y
muy accesible, pero no hizo nada para detener a sus defensores. Yo, por mi parte, no sería capaz de llevar la cabeza alta
si una persona con tales partidarios llega a ser presidente de
mi país. ¿Qué clase de ejemplo estaría dando? Pido para que
alguien sea capaz de aconsejarle que lo más digno y lo más
decoroso –lo mejor que podría hacer por un país al que ama
204
¿Qué te ha pasado, Sudáfrica?
profundamente– es declarar públicamente que toma la decisión de no seguir participando en la carrera por la sucesión en
su partido. Apelo a su indudable patriotismo, que ha demostrado en su distinguido papel en la lucha. La prueba de fuego,
como he dicho al principio, es el bienestar, el bien del pueblo,
y no los aires de grandeza del líder.
¿Qué impediría al nuevo presidente recurrir a los imperativos de la cultura zulú para poner en apuros a las doncellas si
él considera que están excitadas sexualmente3? Seguramente
sea una conducta que podría ser tolerada en seres inferiores,
pero debería ser inadmisible en un jefe de Estado. Decimos
que este necesita gravedad (isithunzi, una presencia). Queremos tener la experiencia de que nuestro jefe de Estado tiene
carácter de presidente, porque no es una persona ordinaria.
El pueblo quiere que su líder tenga carisma, que sea regio y
eminente, digno, casi divino, porque expresa lo mejor sobre
su conciencia e identidad colectiva idealizada. Pero nuestros
compatriotas quieren también que su líder sea una persona
de carne y hueso, no distante, sino con los pies en el suelo, en
contacto con ellos, conocedora de sus aspiraciones, angustias y
necesidades, y que sepa dónde les aprieta el zapato.
Es más probable que esta gran exigencia se cumpla si el sistema es transparente y da cuentas ante el pueblo. La forma
actual de elegir a nuestro presidente4 y a nuestros representantes en el parlamento y en las administraciones provinciales y
locales nos ha servido bien durante el periodo de transición.
Hemos celebrado tres elecciones que han sido declaradas libres
y justas. Los observadores extranjeros apenas pueden ocultar
su aburrimiento por la monotonía de la rutina con que se han
desarrollado. Necesitamos hacer que los elegidos se sientan más
205
Dios no es cristiano
responsables ante el electorado que ante los jefes de partido que
controlan las listas electorales. Ya es hora de que nuestro presidente sea elegido directamente por el pueblo. Ya va siendo
hora de que los electores maduren plenamente, de modo que
los representantes sepan que deben su lealtad y responsabilidad
primaria a los electores antes que a los jefes de partido. Nuestra
democracia sería aún más vibrante y más comprometida, porque sigue siendo cierto que «quien paga, manda». El poder ejecutivo estaría más controlado que ahora por el poder legislativo.
Las listas electorales tienden a fomentar la aquiescencia y una
adulación servil y abúlica. Se nos ha dicho innumerables veces
que el precio de la libertad es la vigilancia permanente. El poder
es insidioso. Puede subvertir lo mejor de nosotros y necesitamos
ayuda para impedir que sus atributos de corrupción corrompan
incluso lo mejor de nosotros.
Un universo moral
Habitamos en un universo moral donde, al final, el derecho, la bondad y la justicia, la verdad y la libertad prevalecerán siempre sobre sus horribles contrarios. Es el mundo
de Dios y Dios está al frente. Los más destacados mensajeros de Dios han declarado que Dios siente una clara preferencia por los pequeños de este mundo: los despreciados,
los oprimidos, los marginados, representados en la Escritura
por la tríada formada por la viuda, el huérfano y el extranjero. Los profetas nos dijeron que Dios siente una debilidad
especial por los pisoteados y actúa siempre a favor de ellos
y contra los opresores, los poderosos, los crueles, los duros
206
¿Qué te ha pasado, Sudáfrica?
de corazón; y así, Dios liberó a un grupo de esclavos y actuó
para defender a Nabot, que no contaba nada, frente al rey.
El Dios de los cristianos envió a su Hijo, nacido en un establo, hijo del carpintero de la aldea y su esposa adolescente.
Este Hijo no buscó la compañía de presidentes y arzobispos,
sino de prostitutas y pecadores, y subrayó que seríamos juzgados como dignos o indignos del cielo según la manera en
que tratáramos a los hambrientos, los sedientos, los desnudos –y, asombrosamente, declaró que aquello que les hiciéramos o dejáramos de hacer a ellos se lo hacíamos o dejábamos
de hacer a él.
Sí, el poder es siempre juzgado por la manera en que trata a
los preferidos de Dios, como vemos en el Salmo 72:
«Confía, oh Dios, tu juicio al rey,
al hijo de rey tu justicia:
que gobierne rectamente a tu pueblo,
a tus humildes con equidad.
Produzcan los montes abundancia,
justicia para el pueblo los collados.
Defenderá a los humildes del pueblo,
salvará a la gente pobre
y aplastará al opresor.
Durará tanto como el sol,
como la luna de edad en edad;
caerá como lluvia en los retoños,
como rocío que humedece la tierra.
Florecerá en sus días la justicia,
207
Dios no es cristiano
prosperidad hasta que no haya luna;
dominará de mar a mar,
desde el Río al confín de la tierra.
Ante él se doblará la Bestia,
sus enemigos morderán el polvo;
los reyes de Tarsis y las islas
traerán consigo tributo.
Los reyes de Sabá y de Seba
todos pagarán impuestos;
ante él se postrarán los reyes,
le servirán todas las naciones.
Pues librará al pobre suplicante,
al desdichado y al que nadie ampara;
se apiadará del débil y del pobre,
salvará la vida de los pobres.
La rescatará de la opresión y la violencia,
considerará su sangre valiosa;
(que viva y le den el oro de Sabá).
Sin cesar rogarán por él,
todo el día lo bendecirán.
La tierra dará trigo abundante,
que ondeará en la cima de los montes;
sus frutos florecerán como el Líbano,
sus espigas como la hierba del campo.
¡Que su fama sea perpetua,
que dure tanto como el sol!
¡Que sirva de bendición a las naciones,
y todas lo proclamen dichoso!
Bendito Yahvé, Dios de Israel,
208
¿Qué te ha pasado, Sudáfrica?
el único que hace maravillas!
¡Bendito su nombre glorioso por siempre,
la tierra toda se llene de su gloria!
¡Amén! ¡Amén!».
Siempre, sin excepción, quienes usan el poder para su propio ascenso, su autoglorificación y su enriquecimiento personal
a costa de los preferidos de Dios, son derribados. Aun cuando
se pavoneen en el escenario del mundo como si fueran los
amos del lugar, siempre terminarán mordiendo el polvo. Stalin, Hitler, Franco, Amin, etcétera, ¿dónde está ahora? Quienes cometieron la injusticia del apartheid parecían invencibles
cuando estaban en la cima de su poder. Hoy resulta difícil
encontrar a alguien que admita que fue partidario del apartheid. Y así, apelamos a quienes tienen poder en el mundo, en
Oriente Medio, en Zimbabue: recordad quiénes son los preferidos de Dios y que, si actuáis contra ellos, un día morderéis el
polvo… hasta las últimas consecuencias.
Si queréis ser los más grandes, entonces tenéis que ser los
servidores de todos. Después de todo, no es en modo alguno
un consejo insensato. Tengamos cuidado de no convertirnos
en la sociedad cruel, materialista, codiciosa y ostentosa fustigada por el presidente Mbeki en la conferencia pronunciada
como homenaje a Mandela el mes pasado. Ojalá nos convirtamos en una sociedad solidaria y compasiva en la que cada persona importa, es querida y cuenta.
En diciembre de 2007, la conferencia nacional quinquenal del CNA
rechazó sin cortesías a Mbeki como líder del partido. Mbeki, que
no vio lo que un líder sindical describió como el «tsunami» que se
le echaba encima, trató de ser reelegido, y esperaba seguir siendo el
209
Dios no es cristiano
jefe del partido e influir en la elección del nuevo presidente del país.
Zuma lo derrotó en una victoria aplastante, pero el partido permitió a Mbeki concluir su mandato como presidente de Sudáfrica. Diez
días después, los fiscales formularon cargos contra Zuma, acusándolo
de estafa, blanqueo de dinero, corrupción y fraude. Así comenzó una
lucha legal de quince meses en la que sus abogados defensores trataron por todos los medios de excluir las pruebas e impedir el juicio alegando razones técnicas –y durante los cuales el partido retiró a Mbeki
de la presidencia y lo sustituyó por un presidente interino hasta la celebración de las elecciones nacionales en abril de 2009–. En un proceso
paralelo, el CNA y sus aliados abogaron por una mal definida «solución política» para evitar la posibilidad de que el nuevo presidente
asumiera el cargo teniendo que enfrentarse a graves cargos penales.
2
Este descontento de Tutu por la conducta de un movimiento de
liberación a cuyos líderes había respetado anteriormente, y a quienes había apoyado cuando sus voces habían sido silenciadas, culminó en las semanas previas a las elecciones de 2009. En marzo
de 2009, el gobierno prohibió que el Dalai Lama entrara en Sudáfrica para participar en una conferencia de paz organizada por
autoridades del mundo del fútbol como preparación para la Copa
Mundial de Fútbol en 2010. Trevor Manuel, popular y respetado
ministro de economía, reaccionó frente a las protestas contra la prohibición cuestionando las credenciales del Dalai Lama, diciendo
que las críticas dirigidas contra el líder tibetano eran vistas en
muchos lugares como «equivalentes a tratar de disparar a Bambi».
Tutu dijo en una entrevista en televisión que estaba atónito.
210
¿Qué te ha pasado, Sudáfrica?
Estoy teniendo una pesadilla. Y la causa es Sudáfrica –nosotros, que hemos dado un ejemplo magnífico–. Tenemos una
de las mejores constituciones del mundo –nosotros, que nos
hemos esforzado tanto, con el apoyo de la comunidad internacional, para tener una nueva clase de sociedad que respetara
los derechos humanos–. ¡Nosotros hemos hecho esto! Lamento
lo que ha dicho el ministro de economía. Acabo de oírlo y no
puedo creérmelo. ¡Trevor Manuel! ¡Cómo es posible que haya
caído tan bajo, que haya dicho cosas tan degradantes y despectivas sobre el Dalai Lama! ¿Quién es el Dalai Lama? Por si no lo
sabes, Trevor Manuel, el Dalai Lama ha sido galardonado con
el Nobel de la Paz. Trevor Manuel, si no sabes quién es el Dalai
Lama, te diré que es una de las pocas personas en el mundo que
puede llenar Central Park. Es uno de los seres humanos más
santos del planeta. Vive en el exilio desde hace cincuenta años y
no guarda ni siquiera una pizca de resentimiento o rencor contra China. Él dice: «No queremos separarnos de China; queremos ser autónomos, de modo que nuestra cultura y nuestra
religión puedan florecer». Esto es todo lo que quiere. Trevor, te
aprecio y te respeto. No puedo creer lo que ha sucedido: que un
día me levantaría y me enteraría de que Trevor Manuel había
tocado fondo de un modo tan horrible.
Me ha decepcionado todo lo que el gobierno ha hecho en relación con esto. Estoy desilusionado por lo que han hecho en relación
con Birmania. Estoy decepcionado porque se niegan a permitir
que el Consejo de Seguridad debata sobre la situación de Zimbabue5. Me siento profundamente defraudado porque vosotros –el
gobierno– nos habéis deshonrado de esta forma. Es increíble. No
podéis adoptar posturas tan vergonzosas y creer que las tomáis en
mi nombre. Las adoptáis porque os interesa, porque China os ha
211
Dios no es cristiano
dado dinero a vosotros, al CNA. No se lo ha dado a nuestro país,
sino a vosotros, el CNA. Vosotros tenéis derecho a recompensar a
China, pero no en mi nombre. Por favor, no lo hagáis en mi nombre. No nos deshonréis de un modo tan horrendo.
Si vais al extranjero, muchos de nuestros amigos preguntan: «¿Qué te ha pasado? ¿Qué te ha pasado, Sudáfrica? Luchamos contigo y juntos logramos esta gran victoria, y creíamos
que no teníamos que preocuparnos, que Sudáfrica estaría de
parte de las víctimas, se opondría a los dictadores y trataría de defender los derechos humanos». Estamos destruyendo
nuestro legado; hemos caído del alto nivel moral en que nos
encontrábamos. Estamos por los suelos.
El problema que nos plantean los gobernantes es que ellos tienen poder ahora y creen que lo van a tener siempre, y hemos
de estar advirtiéndoles continuamente. Los afrikáners nacionalistas pensaban que eran invencibles. Permitidme que le diga a
este gobierno del CNA lo que le dije al gobierno de los afrikáners
nacionalistas: «Vosotros tenéis poder ahora, pero no sois Dios.
Recordad: no sois Dios y un día os llevaréis vuestro merecido».
3
Tres semanas antes de las elecciones de abril de 2009, Tutu habló
a los fieles reunidos en una iglesia de KwaZulu-Natal, la provincia
natal de Zuma.
¿
Por qué fue condenado y asesinado Jesús? Porque molestó al
statu quo del poder de su tiempo. Incomodó a los jefes reli-
212
¿Qué te ha pasado, Sudáfrica?
giosos, a los arzobispos de entonces, porque él tenía unos niveles de exigencia horriblemente bajos. ¿Habéis pensado alguna
vez lo bajos que son los niveles de exigencia de Dios, ya que
cualquiera puede ir al cielo, y especialmente aquellos con los
que al parecer a Jesús le complacía encontrarse? Incomodó
a los jefes porque se sentaba con prostitutas; se sentaba con
aquellos a quienes llamaban pecadores y que «se habían vendido»: los recaudadores de impuestos. Imaginaos que me veis
en el barrio chino y entrando en un burdel, ¿qué pensaríais?
¿Qué diríais? «No, conocemos al arzobispo; ha ido allí a predicar el evangelio». Y, de hecho, así es como debería ser, porque
allí es donde se encontraría nuestro Señor. ¡Increíble!
Fijaos también en sus padres. Ni siquiera tenían dinero
suficiente para pagar una habitación en una posada. Alguien
me contó la siguiente historia: «José va a la posada y le dice
al posadero: “Por favor, ayúdame. Mi mujer está embarazada
y está a punto de dar a luz”. El posadero le responde: “No es
culpa mía”. Y José replica: “Y mía tampoco”».
Cometemos un tremendo error cuando pensamos en Jesús
como el buen pastor y vemos al buen pastor llevando un
tierno corderito. Porque los corderitos con lana suave nunca
se separan de sus madres. Es más probable que se extravíe el
carnero viejo, problemático y escandaloso. El quid de la historia es que Dios está preparado para abandonar a las noventa y
nueve ovejas que se portan perfectamente bien, diciendo: «Lo
siento, sé que vais a ir al cielo, y está bien». ¿Y adónde va? A
buscar a la que se ha perdido, y no la encuentra con la lana limpia, porque ha pasado por un alambre de espinos, ha caído en
una cuneta llena de agua sucia, huele a perro muerto y tiene
la lana manchada. Esa es la oveja que busca el buen pastor y
213
Dios no es cristiano
a la que lleva en los hombros. ¿Y qué dice Jesús? Jesús no dice
que hay alegría, sino que hay más alegría por esa que por las
noventa y nueve. Tenemos aquí un Jesús que muestra una preferencia extraordinaria por los que no cuentan. Habla sobre el
juicio final y dice que vamos a ser juzgados por la manera en
que tratamos a los indigentes: los hambrientos, los sedientos,
los desnudos.
Pero escuchemos «la bomba», que, al parecer, vosotros y
yo difícilmente tomamos en serio. «La bomba» es que Jesús
ha estado hablando siempre sobre esta clase de solidaridad;
aquí dice que hay una identificación: «Cuando se lo hacéis
a este, a mí me lo hacéis». Si tuviéramos ojos para ver, miraríamos y podríamos decir: «He dado de comer a Jesús». Pero
no nos lo creemos. Pensad en la persona a la que tal vez despreciéis más y después volved a mirar, porque ella es Jesús.
Es Dios. Yo represento a Dios. Tú representas a Dios. ¿Somos
conscientes de esto?
De hecho, Jesús estaba transmitiendo una tradición increíble: Dios no es imparcial. Dios es tremendamente parcial. En
el libro de Éxodo, Dios prefirió a un puñado; ni siquiera eran
un pueblo, sino un grupo de esclavos que no tenían nada.
Dios los eligió libremente. Leamos la Biblia de nuevo, porque en ella están las cosas más explosivas. El libro del Levítico habla mucho sobre ritos y después, en el capítulo 19, dice
que Dios ordena a Moisés: «Moisés, ve y di a mi pueblo que
tiene que ser santo como yo soy santo». Pensáis que se refiere
a la santidad ritual, pero si seguís leyendo el capítulo, descubrís que dice: no, no, cuando cosechéis, no lo cosechéis todo,
dejad algo para los pobres; y Dios les recuerda constantemente
que se comporten amablemente con los extranjeros porque
214
¿Qué te ha pasado, Sudáfrica?
ellos son extranjeros. Así, si sois santos y sois el pueblo de
este Dios, siempre tendréis que sentir preferencia por los débiles, los pobres, los hambrientos. ¿Recordáis lo que hace Isaías?
Están en la iglesia y… ¿podéis imaginaros –estoy hablando
como un anglicano–, podéis imaginar que están en la catedral,
están incensando y los arzobispos y los obispos van en procesión, y todos son santos, y alguien entra y dice: «Dejad todas
esas cosas. Son una abominación. No las quiero; son un ruido
que no me gusta»? Eso fue lo que hizo el profeta Isaías. Él
dijo: dejad todo esto; cuando alzáis las manos, están llenas de
sangre; sois asesinos. Si queréis ser aceptados por mí, entonces demostradlo en la forma en que tratáis a los más débiles,
las viudas, los huérfanos, los extranjeros. Podéis seguir comportándoos como hasta ahora. No pidáis el Espíritu Santo de
Dios, porque va a enviaros a predicar la buena noticia a los
pobres, a proclamar la libertad.
Queridos hermanos y hermanas, nosotros hemos luchado
contra la injusticia. Cuidamos de aquellos a quienes nuestro
Señor llamó los últimos de sus hermanos y hermanas. Algunas personas corrieron riesgos enormes durante la lucha y, al
final, con la ayuda de nuestros amigos en el extranjero, logramos la gran victoria que se vio coronada en 1994, el año en que
tuvimos nuestras primeras elecciones democráticas. Y éramos
la admiración del mundo entero. Todos estaban entusiasmados
con nosotros. Y, por supuesto, teníamos a un ser humano singular: Nelson Mandela, y ahora todos quieren algo de él. También
sorprendimos al mundo con nuestra Comisión para la Verdad y
la Reconciliación, y la gente esperaba que fuéramos avanzando,
por decirlo así, de gloria en gloria. Tenemos una constitución
que dice que declaramos ilegal la discriminación basada en casi
215
Dios no es cristiano
todas las cosas que solían separar a las personas: etnicidad, raza,
fe –ahora os decimos que no discriminéis a las personas discapacitadas y ciertamente tampoco lo hagáis por su sexualidad.
Pensábamos que habíamos llegado y tal vez hemos bajado
la guardia, y ahora la situación es dura. Amigos míos, es duro.
Dios actuó con inteligencia al permitirme que me retirara
cuando lo hice. Estoy diciéndolo medio en broma: solo medio
en broma. Ahora que lo veo retrospectivamente, estar contra
algo era una de las cosas más fáciles. A vosotros os dejamos
una tarea mucho más difícil: hacer realidad nuestra libertad.
Cuando nuestro nuevo gobierno se porta de un modo un tanto
extraño, resulta muy difícil condenar, porque nos hacen sentir
que somos de hecho antipatriotas. Ahora tenéis que recorrer un
camino muy difícil.
En nuestro país, nos encontramos en un mal momento
precisamente ahora. Imaginábamos que el idealismo, el
altruismo, la preocupación por otros más que por nosotros
mismos… todas esas cosas nos introducirían automáticamente en la época post-apartheid. Hemos bajado la guardia
y nos hemos sentido sorprendidos por la rapidez con que al
parecer hemos olvidado. ¿Habéis ido a algunas de nuestras
administraciones públicas? ¿Habéis visto cómo tratan a las
personas? Nos estamos comportando en muchos de esos lugares exactamente como solían portarse bajo el apartheid.
Aprecio a Jacob Zuma porque es una persona cordial y agradable, pero en el año en que ha sido elegido Barack Obama,
¿podéis imaginar lo que se siente cuando caminamos por una
calle de Nueva York y nos preguntan quién va a ser nuestro
presidente? Tengo que decir que en este momento no puedo
fingir que espero que Zuma sea mi presidente. Por su propio
bien espero que no tengamos una «solución política»6. Si es
216
¿Qué te ha pasado, Sudáfrica?
inocente, como él ha mantenido, por el amor de Dios, ¡que lo
diga un tribunal!
Queridos amigos, ¿para esto murieron algunos luchando
contra el apartheid? ¿Para esto fueron otros exiliados o torturados? Yo no soy un político, espero que seáis conscientes de
ello. No estoy esperando que me nominen para algo. Soy un
anciano y quiero descansar, quiero compartir tiempo de calidad con mi esposa. Pero mi corazón está dolorido. Hemos
dicho que parece como si hubiera habido alguna irregularidad
en relación con el tráfico de armas. ¿Podemos tener una investigación judicial? Y los que conocen mejor el tema nos dicen:
«No, ya lo hemos examinado; está todo bien». Por el amor
de Dios, si está todo bien, ¿por qué tienen tanto miedo a una
investigación judicial? ¿Por qué?
Este es nuestro país, nuestro hermoso país. Por favor, permitidnos a los ancianos que nos encaminemos hacia nuestras
tumbas sonriendo; por favor, no permitáis que vayamos con el
corazón roto. Por favor, tenemos un país fantástico con personas fantásticas. ¿Por qué queremos estropearlo?
Una semana después de esta intervención de Tutu, los fiscales retiraron los cargos contra Jacob Zuma. Y dos semanas después, el CNA
recuperó el poder en las elecciones nacionales. El partido perdió
votos en la mayoría de las provincias, pero un espectacular aumento
del apoyo a Zuma en KwaZulu-Natal, su provincia natal, limitó
la pérdida de votos en todo el país solamente a un cuatro por ciento.
Zuma fue elegido presidente por el Parlamento y juró el cargo a
principios de mayo de 2009.
217
Notas
Capítulo 1: Está claro que Dios no es cristiano
1. Lucas 10,25-37.
2. Véase también el capítulo 7.
Capítulo 2: Ubuntu
1. En la lengua materna de Tutu, el setswana, ubuntu se traduce
por botho, y la frase citada reza: «Motho ke motho ka motho
yo mongwe».
2. Un líder del Movimiento de Conciencia Negra de Sudáfrica,
que fue asesinado por la policía en 1977.
Capítulo 3: No hay futuro sin perdón
1. Para más detalles, véase el capítulo 9.
2. Sacerdote anglicano.
3. Mentor político y compañero de prisión de Nelson Mandela.
4. La instalación donde eran custodiados los perpetradores del
genocidio.
Capítulo 4: Sobre la justicia
1. Este capítulo se inspira en conferencias pronunciadas en
2004 en la Universidad de Copenhague y en el Frank Longford Charitable Trust en Londres.
Dios no es cristiano
2. Cuando Tutu pronunció la conferencia, el ex dictador
Augusto Pinochet estaba intentando librarse de los tribunales
chilenos, que trataban de privarle de la inmunidad con el fin
de enjuiciarle por los crímenes cometidos bajo su régimen.
3. PAC = Pan Africanist Congress (Congreso Panafricanista).
4. Descendiente de los colonos, mayoritariamente holandeses,
que fueron los primeros europeos que se establecieron en
Sudáfrica.
5. Un informe detallado del trabajo de Tutu en la comisión se
puede encontrar en su libro No Future Without Forgiveness
(Garden City, NY: Image, 2000).
6. «The Mother». Commentaries on The Dhammapada (Twin
Lakes, WI: Lotus Press, 2004).
Capítulo 7: La libertad es más barata que la represión
1. Como se refleja en los capítulos 15 y 16.
2. Luwum fue asesinado por el régimen de Idi Amin.
Capítulo 8: ¡Vigilad! ¡Vigilad!
1. Anastasio Somoza Debayle fue derrocado en 1979 y reemplazado por el Frente Sandinista de Liberación Nacional.
2. Una referencia a las sanciones impuestas por las administraciones Reagan y Bush en los Estados Unidos.
Capítulo 9: Nuestra salvación viene de los judíos
1. Destacado abogado judío sudafricano, cuya actuación en la
investigación llevada a cabo sobre la muerte de Steve Biko,
líder del Movimiento de Conciencia Negra, fue objeto de
un filme y varios documentales.
2. Un juicio en la pequeña ciudad de Delmas, Sudáfrica, en
el que líderes anti-apartheid fueron juzgados y condenados
220
Notas
3.
4.
5.
6.
7.
por traición a penas de cárcel de seis a doce años. Fueron
exculpados en la apelación, en diciembre de 1989, después
de cumplir un año de prisión.
Cita de Juan 4,22. La redacción es de la King James Version
(Versión del Rey Jacobo); en otra traducción usada por Tutu (la
Revised English Bible), este texto se vierte con estas palabras: «Es
de los judíos de quienes viene la salvación».
La protesta estuvo ocasionada en parte por las ideas sobre el
perdón defendidas por Tutu. Véase el capítulo 3.
Tutu mantenía una actitud crítica hacia la primera ministra
británico porque esta no había adoptado una postura suficientemente fuerte contra el apartheid.
Suzman era un parlamentario anti-apartheid; Slovo, un líder
del Partido Comunista Sudafricano; y Sachs, un veterano
anti-apartheid y juez del Tribunal Constitucional.
Ataques basados en leyes que exigían a los sudafricanos negros
llevar un pase que acreditara que estaban autorizados por el
gobierno para residir y trabajar en una zona determinada.
Capítulo 11: Estoy aquí ante vosotros
1. El primer ministro (1964-1979) de Rodesia bajo mandato
británico.
2. Novela escrita por Alan Paton y publicada en 1948.
3. Muzorewa lideró junto con Ian Smith la administración de
transición en el país al que llamaron Zimbabue Rodesia.
4. El nombre que dieron a esa política sus artífices con el fin de
hacerla más respetable a los ojos del mundo.
5. Las leyes que obligaban a los sudafricanos negros a llevar
un pase que acreditara que estaban autorizados a permanecer en una zona determinada tuvieron a menudo como
221
Dios no es cristiano
consecuencia la separación de los trabajadores de sus
familias, que estaban confinadas en «territorios nativos» o
«Bantustans» (véase el final de este extracto).
Capítulo 12: Totalmente diabólico
1. El Herstigte Nasionale Party, o Purified National Party,
un grupo disidente de derechas del Partido Nacional en el
gobierno.
2. Una referencia al hecho de que uno de los ministros del
Gobierno de Botha había sugerido que «el apartheid ha
muerto».
3. Es decir, seis rands sudafricanos [el rand es la unidad
monetaria de la República de Sudáfrica].
4. Piet Koornhof, ministro del Gobierno para los sudafricanos
negros.
5. Una referencia a la guerra anglo-bóer de 1899-1902.
Capítulo 13: Antibíblico, anticristiano, inmoral y perverso
1. Fuerzas de seguridad del apartheid cruzaron las fronteras
sudafricanas para asesinar a activistas del Congreso Nacional
Africano (CNA) en Maputo, Mozambique, y Maseru, Lesoto.
Capítulo 14: Debemos exponernos a la luz pública
1. Un escuadrón de la muerte descubierto recientemente que
había recibido el nombre de «Civilian Cooperation Bureau».
2. Como se ha indicado anteriormente, las leyes de pase negaban
a las familias el derecho a vivir juntas, y con frecuencia
obligaban a los trabajadores a vivir en albergues en áreas
urbanas, dejando a sus familias tras los bantustans.
3. Los partidarios del Inkatha Freedom Party (Partido de la
Libertad Inkatha), una de las principales fuerzas políticas en
222
Notas
4.
5.
6.
7.
aquel momento en la provincia de KwaZulu-Natal, insistían
en su derecho a llevar «armas tradicionales».
Los activistas anti-apartheid se negaban a someterse a los
controles policiales con ocasión de las manifestaciones
porque eran usados para suprimir las protestas pacíficas.
Un líder de la oposición blanco, de derechas y defensor del
apartheid.
El Afrikaner Weerstandsbeweging, o Movimiento de Resistencia Afrikáner.
Un sacerdote de la Comunidad de la Resurrección, una orden
monástica inglesa, que fue uno de los primeros mentores de
Tutu. Más tarde pasó a ser obispo, arzobispo y también líder del
Movimiento Anti-Apartheid en Gran Bretaña.
Capítulo 15: Nada para vuestra comodidad
1. Entre las lenguas nguni se incluyen el isiZulu y el isiXhosa, la
lengua materna del cuarenta por ciento de los sudafricanos,
y de Mandela, Mbeki y Jacob Zuma (el presidente del país
desde 2009), así como de Tutu.
2. Este título se toma del poema épico de G.K. Chesterton,
«Ballad of the White Horse» («La balada del caballo blanco»).
3. NEPAD –New Partnership for Africa’s Development (Nueva
Alianza [o Asociación] para el Desarrollo de África)– es una
iniciativa adoptada en 2001 en la que Mbeki desempeñó
un papel de líder; su finalidad es terminar con la pobreza
y promover el crecimiento en África propiciando formas
justas de gobierno.
4. En 2008, migrantes africanos que vivían en comunidades
pobres en diferentes lugares de Sudáfrica fueron expulsados,
y muchos de ellos asesinados, en ataques xenófobos.
223
Dios no es cristiano
5. El genocidio de 1994 fue perpetrado por extremistas hutus,
que asesinaron a los tutsis y a los hutus moderados.
6. El secretario general del Partido Comunista Sudafricano, asesinado en 1993.
7. Una ley que prohibía el sexo interracial.
8. El nombre del clan de Nelson Mandela, con el que se le
conoce afectuosamente en Sudáfrica, es madiba.
9. Los miembros del Parlamento son elegidos de una lista
elaborada por líderes del partido de acuerdo con la proporción del voto nacional que su partido recibe. Así, un asiento
de diputado depende de la decisión del comité del partido,
no del voto de los electores locales.
10. Alusión a una frase de la Carta de la Libertad, documento
de 1955 del Congreso Nacional Africano que constituye un
hito político.
11. Un afrikáner anti-apartheid y líder eclesial.
Capítulo 16: ¿Qué te ha pasado, Sudáfrica?
1. Esta conferencia fue pronunciada en memoria de Harold
Wolpe, que iba a ser sometido a juicio con Nelson Mandela
en 1963, pero escapó de la cárcel y se exilió dos meses antes
del comienzo del juicio.
2. Porras usadas por la policía.
3. Al parecer, Zuma había dicho al juez que presidía el juicio
por violación que la demandante estaba sexualmente
excitada y que, según la cultura zulú, «uno no puede dejar a
una mujer si ella está preparada».
4. El presidente es elegido por el Parlamento.
5. Durante un periodo de dos años en el Consejo General de
Naciones Unidas, Sudáfrica votó junto con China y Rusia
224
Notas
contra una resolución que condenaba las violaciones de
los derechos humanos en Birmania y ayudó a bloquear el
debate sobre la crisis en Zimbabue.
6. Es decir, una solución política al juicio contra Zuma por
corrupción.
225
Índice analítico y de nombres
Las cursivas indican capítulos y versículos bíblicos.
Abrahán, 12, 86, 102
África:
buen jefe (frente a dictador), 72; campaña de Tutu en pro de
la justicia y los derechos humanos, xiv, 59-72, 97; corrupción
en, 61, 62, 202; democracia y, 59-72; deuda internacional,
54, 63; guerra civil en, 63; opresión en el África independiente, 62, 64-66, 80, 126; pentecostalismo en, 122; «segunda
ola» de liberación, 60, 63; solidaridad de Tutu con, 34; Sudáfrica como símbolo de esperanza para, 179, 183, 187-188; sufrimiento en, 63, 66, 67, 69-70; ubuntu y, xiv, 21-24.
Véase también países específicos.
African National Congress (ANC), véase Congreso Nacional Africano.
Afrikáner, 45, 46, 133, 146, 220n 4, 221n 5; Partido Nacionalista, 87, 99, 143, 212; Weerstandsbeweging (AWB) o Movimiento de Resistencia Afrikáner, 174, 222n 6
Agustín, san, 13
All Africa Conference of Churches (AACC), véase Conferencia
Panafricana de Iglesias.
Amin, Idi, 59, 80, 108, 155, 209, 220n 2
Amor, 47, 54-55, 75, 146
Dios no es cristiano
Angola, 59; sermón de Tutu, Luanda (1989), 62-64
Apartheid:
albergues para personas de un solo sexo, 171, 188, 222n 2;
arrogancia de poder y, 209; asesinato en Sharpeville (1979),
157; asesinatos en Daveyton, 173, 222n 4; ataques en Maputo y Maseru, 153, 221n 1; bantustans o «territorios nativos»,
138, 141, 221n 5, 222n 2; carta de Tutu al primer ministro Botha (1979), 142-147; clasificación de razas, 187; colaboración militar con Israel, 85, 87-88, 99; Comisión para la
Verdad y la Reconciliación, 37-47; como herejía, 159; como
malo y anticristiano, 102-103, 132, 139, 156, 158, 172; comparación con el trato de Israel hacia los palestinos, 94-95; confesión de haber obrado mal, aceptación de, 29-31; confrontaciones entre Iglesias y el Estado del apartheid, 149-164; desobediencia civil de las Iglesias sudafricanas, 157; discurso de
Tutu, catedral de San Jorge, Ciudad del Cabo (1988), 156157; discurso de Tutu, iglesia católica Regina Mundi, Soweto
(1979), 134-140; discurso de Tutu a oyentes blancos (1978),
127-133; escuadrones de la muerte, 170, 221n 1; esquemas
de reasentamiento de la población, 141-146, 221n 5; fin de,
39; fosas secretas y, 44-45; Group Areas Act (Ley sobre las Zonas Reservadas), 158, 188; Immorality Act (Ley de Inmoralidad), 187, 222n 7; introducción de (1948), 131, 141; juicio
de Delmas, 90, 220n 2; leyes de pase, 105, 138, 188, 221n 5,
221n 7, 222n 2; lucha contra, xiii-xiv, 19, 27, 29-31, 89-90,
104, 108, 113, 127-140, 142-164, 178-179; masacre en Sharpeville (1960), 134, 138; oposición a, exigida por la justicia y
los derechos humanos, 19, 54, 138; perdón y, 27, 29-31; políticas de, 158; Population Registration Act (Ley de Registro
de la Población), 158; primeras confrontaciones importantes
228
Índice analítico y de nombres
de Tutu con el gobierno blanco, 141-142; prohibiciones sobre los libros, 65; púlpitos como plataformas públicas para
los sudafricanos negros, 127-128; regulaciones del Estado de
emergencia (1987) y protestas de las Iglesias, 150-155; respuesta de Tutu a la prohibición de rezar en las celebraciones
litúrgicas por la liberación de los presos (1987), 150-155; «sistema de desarrollo separado», 135, 221n 4; sistema de trabajo para inmigrantes, 171, 188; sublevación de Soweto (1976),
128, 134, 142; Sudáfrica, xiii-xiv, 26, 89; sufrimiento bajo,
66, 67, 89-90, 119, 153-154, 201; Tutu establece su residencia en Bishopscourt, Ciudad del Cabo, 188; violaciones de
derechos humanos y, 105, 106, 132-133, 134, 137, 141-146,
153, 170, 171, 188, 201, 202, 221n 1.
Véase también Sudáfrica.
Apocalipsis 13, 163
Aristóteles, 15
Armenia, 51
Ateek, Naim, 94, 101, 102, 106, 108
Aung San Suu Kyi, 200
Bantustans, 138, 141, 221n 5, 222n 2
Bashir, Omar Hassan al-, 66
Bernabé, san, 10
Biblia:
Antiguo Testamento, 11, 26, 97, 103, 124; argumentos para la
inclusividad y la universalidad, 9-15; buen gobernante en, 7980, 162-163; «cantos del Siervo», 27; como libro revolucionario, 65, 214-215; como testimonio de la acción de Dios en
la historia humana, 124; el Magníficat, 121; enseñanza sobre
la unidad humana, 158-159; implicación de la religión en la
229
Dios no es cristiano
política, 161; interpretación, 10; Nuevo Testamento, 13, 123124; relato de Dios en el horno de fuego, 74, 103; sobre la relación entre el individuo y el Estado, 162-163; unidad y, 124.
Véase también libros específicos.
Biko, Steve, 23, 86, 114, 219n 2
Birmania, 211, 223n 5
Bonhoeffer, Dietrich, 199
Boston Globe, 109
Botha, P.W., 221n 2; carta de Tutu (1979), 142-147; negativa a
dialogar con Tutu (1979), 149; respuesta de Tutu a las acusaciones de (1979), 157-164
Browning, Edmond, obispo, 73
Budismo, 16-17, 19, 20
Buen Samaritano, parábola del, 4
Burundi, 59, 189
Buthelezi, Mangosuthu, 83
Catedral de San Jorge, Ciudad del Cabo:
discurso de Tutu (1988), 156-157; sermón de Tutu (1991),
170-174
Catedral de San Jorge, Jerusalén, conferencia de prensa de Tutu
(1989), 93
Catedral de San Pablo (London, Ontario), llamamientos desde el
púlpito (2005), 55-56
Centro del Holocausto de Ciudad del Cabo, 104
Centro Ecuménico Sabeel de Teología de la Liberación, 101
Centro Peres por la Paz, Tel Aviv, 104
Chad, 70
Civilian Cooperation Bureau (escuadrón de la muerte sudafricano), 170, 221n 1
230
Índice analítico y de nombres
Clarence, Neville, 46
Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas, Ginebra,
49
Comisión para la Verdad y la Reconciliación, 37-47, 107, 181,
215, 220n 5
Comunidad humana. Véase Ubuntu.
Conferencia Panafricana de Iglesias, 59-60; discurso de Tutu a la
asamblea general (1987), 60-62 ; Tutu como presidente, 59,
62;
Confucio, 15
Congreso Nacional Africano (CNA), 37, 41, 83, 128, 151; asesinato de miembros por fuerzas de seguridad del apartheid, 153,
221n 1; Carta de la Libertad, 223n 10; crisis de liderazgo en
el periodo post-apartheid (2006), 197-210; crítica de Tutu a la
prohibición impuesta al Dalai Lama (2009), 210-212
Consejo Sudafricano de Iglesias, 30, 86
1 Corintios 12,12-13, 159
2 Corintios 5,19, 159
Costa de Marfil, 189
Cristianismo:
Biblia y argumentos exclusivistas para, 9; como institución
que trabaja a favor de los pobres y oprimidos, 65, 135-137,
161-164, 181; como sufrimiento, 65; compromiso político de,
127-140; dimensiones vertical y horizontal, 129; Dios es mayor
que, 6-8; distinción entre legal y moral, 153; diversidad y, 50,
118; esfuerzo por hacer realidad el reino de los cielos y, 67; fallos
de, 8, 16; fe de Tutu, 128-130, 134, 135, 138, 153-154, 155,
158, 163-164; implicaciones políticas y económicas de, 125-126;
Jesús y, 17-18; la Iglesia como colaboradora del reino de Dios,
179; leyes injustas, respuesta a, 162; no es mejor que otras reli-
231
Dios no es cristiano
giones, 15-16; no tiene en exclusiva el Espíritu de Dios, 7, 12-14,
16, 19; raíces judías de, 85, 97; teología y, 120-121, 122; unidad
con lo divino y, 20; verdades de, 17-18
Cry, the Beloved Country [Llora, mi querido país] (Paton), 133,
221n 2
Cultura occidental, 23; teología en, 117-118
Cultura zulú, 205
Dalai Lama XIV (Tenzin Gyatso), 17, 199, 200; entrevista a
Tutu en televisión sobre la prohibición de entrar en Sudáfrica
(2009), 210-212
Daniel 3, 74
David, rey de Israel, 103, 161, 203-204
De Klerk, F.W., 167, 186
Democracia:
como gobierno responsable, 193, 206; cualidades de una democracia vibrante, 183; en África, 59-72; línea de partido, fatal para, 192; principio cardinal de, 171; transición a, Rusia,
186; transición a, Sudáfrica, xiii, 28, 39, 45, 167, 176, 179,
185-186
Derechos humanos, 54-56; advertencia a los opresores («¡Vigilad!»), 70, 80, 108. charla de Tutu a estudiantes de teología,
Zaire (1989), 64-65; charla de Tutu a estudiantes, Jartum, Sudán (1989), 66-68; cinta roja, solidaridad, 78; conflicto entre
israelíes y palestinos y, 85-109; Dios como defensor de, 6062, 65; discurso de Tutu, asamblea general de la Conferencia
Panafricana de Iglesias (1987), 60-62; discurso de Tutu, Ciudad de Panamá (1989), 78-81; en África, 59-72, 178, 193194; en Irlanda del Norte, 81-84; en Nicaragua, 73-77; en
Old South Church, Boston, discurso de Tutu «La ocupación
232
Índice analítico y de nombres
es opresión» (2002), 101-119; en Panamá, 78-81; encuentro
de Tutu con un diplomático británico, Irlanda (1991), 82; entrevista a Tutu, BBC, Irlanda del Norte (1991), 83-84; eslogan de Tutu sobre los costes del régimen autoritario, 71-72;
llamamientos de Tutu desde el púlpito, catedral de San Pablo (London, Ontario) e iglesia de Todos los Santos (Pasadena, California) [2005], 55-56; observaciones de Tutu a un
periodista, Irlanda (1991), 82; sermón de Tutu, Addis Abeba (1989), 68-71; sermón de Tutu, Iglesia catedral de Cristo,
Dublín, Irlanda (1991), 81-82; sermón de Tutu, iglesia de San
Francisco, Managua (1989), 73-77; sermón de Tutu, Luanda,
Angola (1989), sermón de Tutu, Palais du Peuple, Kinshasa,
Zaire (1989), 65-66.
Véase también Apartheid; Israel.
Descartes, René, 22
Desobediencia civil, 92, 157, 200
Dhammapada, 47, 220n 6
Dinkins, David, 95-96
Dios:
alianza con la humanidad, 7; amor de, 75, 80; colaboradores
de, xii; como amor, 146; como defensor de los pobres, vulnerables y oprimidos, 60-62, 65, 79, 92-93, 103, 106, 121,
159-160, 206-209, 213-214; como Emmanuel, 64, 75, 77,
103; como liberador, 62, 77, 80, 102-13, 120, 169, 175, 214;
como no cristiano, 12; como omnisciente, 76; competición
de Elías con los profetas de Baal y, 68-69; creó a los seres humanos a su imagen, 8, 13, 19, 97, 139, 158, 159; diversidad
y, 49-50; el mal es derrotado por, 175-176; el que está siempre ahí, 33, 69, 79; Espíritu de, no es exclusivo del cristianismo, 7; exige que se logre la justicia, 67, 70-71, 132, 139, 151;
233
Dios no es cristiano
habla por los profetas, 11; inclusividad y, 56, 102, 129, 135,
147; juicio de, 109; mayor que el cristianismo, 6-8, 14; naturaleza de, 63-64, 74-77; no cristianos y, 15-18; perdón y, 44;
relación de los seres humanos con, 128; revelación de, en Jesús, 10-11, 14-15; seres humanos como hijos de, 64; seres humanos como portadores de Dios, 76; toma partido, 65, 70,
93, 106; universo moral y, 103-14, 108, 206-209
«Dios ha muerto», movimiento, 114, 118
Diversidad, 4, 49-52, 191-192
Efesios:
1,10, 159; 2,14, 159
Elías, 68-69, 161
Esdras, 124
Estados Unidos:
apoyo judío a los derechos civiles, 96; comunicado de prensa
de Tutu, Cincinnati, Ohio (1990), 26-27, 100-101; conflicto entre israelíes y palestinos y, 89; en la Old South Church,
Boston, discurso de Tutu «La ocupación es opresión» (2002),
101-109; llamamientos de Tutu desde el púlpito sobre los derechos humanos, Iglesia de Todos los Santos, Pasadena, California (2005), 55-56; Nicaragua y, 220n 2; observaciones
de Tutu sobre Israel a la delegación Gottschalk, Cincinnati
(1990), 96-100; problemas de derechos civiles, 89; racismo
en, 51; relaciones con el apartheid de Sudáfrica, 89, 157
Etiopía, xiv, 63, 67, 71; sermón de Tutu, Addis Abeba (1989),
68-71
Francisco de Asís, san, 16
Franco, Francisco, 80, 209
234
Índice analítico y de nombres
Frank Longford Charitable Trust, 219n 1
Fuerza de Defensa Sudafricana, 153, 181, 221n 1
Fundamentalismo religioso, xiv, 51-52
Gálatas:
3,28, 159
Gandhi, Mahatma, 6, 15, 199, 200
Génesis:
2,18, 159; 11,1-9, 159
Ghana, 71, 72
Gorbachov, Mijail, 71
Gottschalk, Alfred, 96
Gracia, 9
Grange, Louis Le, 155
Grupo lingüístico nguni, 178, 182, 222n 1
Guerra anglo-bóer, 133, 146, 221n 5
Haile Selassie, 68
Hammer, Zevulun, 94
Hani, Chris, 186, 222n 6
Hebreos:
1,1, 11
Hebrew Union College – Jewish Institute of Religion, 96
Hechos de los Apóstoles:
1,8, 60-62; 4,12, 9; 14,15-17, 10; 17,22-31, 10; 17,26, 159
Heródoto, 15
Herstigte Nasionale Party (HNP), 143, 221n 1
Hinduismo, 15, 16, 19, 20
Hipócrates, 15
Hitler, Adolph, 80, 87, 99, 108, 155, 209
235
Dios no es cristiano
Holocausto, 25-26, 51, 94
Homosexualidad, xiv; artículo y sermón de Tutu, Southwark
Cathedral, Londres (2004), 53-55; expresión de amor y, 55;
llamamientos de Tutu desde el púlpito, catedral de San Pablo
(London, Ontario) e iglesia de Todos los Santos (Pasadena,
California) [2005], 55-56
Huddleston, Trevor, v, 174, 178, 222n 7; conferencia de Tutu
«Nada para tu comodidad» y, 178, 222n 2
Iglesia anglicana en el Sur de África, 90
Iglesia catedral de Cristo, Dublín, Irlanda, sermón de Tutu (1991),
81-82
Iglesia de San Francisco, Managua, sermón de Tutu (1989), 73-77
Iglesia de Sant’Egidio, Roma, xii
Iglesia de Todos los Santos, Pasadena, California:
llamamiento de Tutu desde el púlpito en pro de los derechos
humanos (2005), 55-56; protestas contra Tutu en, 96
Iglesia Reformada Holandesa, comentario y defensa de Tutu,
(1990), 29-31
Imago Dei, 50, 97, 139, 158, 159
Imperativo categórico, 10
Indabas (foros en los ayuntamientos), 193
Inkatha Freedom Party (Partido de la Libertad Inkatha), 83, 173,
222n 3
Irlanda del Norte, 81-84, 187; Acuerdo de Viernes Santo (1998),
84; entrevista a Tutu, BBC (1991), 83-84; sermón de Tutu sobre (1991), 81-82
Isaías, 215; 1,16-17, 159-160; 10,5, 14; 11,1-9, 163; 45,1-4, 14;
51,1, 184; 58,3-8, 135-136; 58,6-7, 160; 61,1-2, 161; 61,13, 121
236
Índice analítico y de nombres
Islam, 19, 20, 67
Ismail, Aboobaker, 46
Israel, xiv, 26; colaboración militar con el gobierno del apartheid de
Sudáfrica, 85, 87-88, 99; comparación del gobierno con el gobierno del apartheid de Sudáfrica, 94-95; comunicado de prensa de Tutu, Cincinnati, Ohio (1990), 100-101; comunicado de
prensa de Tutu, después del encuentro con la delegación israelí (1989), 94-95; comunicado de prensa de Tutu, Yad Vashem,
Jerusalén (1989), 25-26; conferencia de prensa de Tutu, catedral de San Jorge, Jerusalén (1989), 93; crítica del gobierno,
86, 87-88, 96-100, 108-109; declaración de Tutu a los frailes
franciscanos, Jerusalén (1989), 91-92; declaración de Tutu a los
periodistas, Cúpula de la Roca (1989), 90; derecho a la soberanía, 86, 90, 94-95, 100, 104; en Old South Church, Boston,
discurso de Tutu «La ocupación es opresión» (2002), 101-109;
libro de visitas, Yad Vashem, Jerusalén (1989), 94; mensaje improvisado de Tutu a autoridades religiosas judías, Muro Occidental (1989), 91; observaciones de Tutu a la delegación Gottschalk, Cincinnati (1990), 96-100; protestas, abuso en el campo de refugiados libanés, 87; sermón de Tutu, Shepherd’s Field
(1989), 92-93; tres opciones de Tutu para, 107; visita de Tutu a
Tel Aviv (1999), 101
Jeremías, xi
Jesús:
causa de condenación y ejecución, 213; como defensor de los
vulnerables y oprimidos, 60-62, 76, 213-214; como Príncipe de la paz, 8, 91, 92; cristianismo y, 17-18; crucifijo en la
iglesia de Sant’Egidio, Roma, 4; inclusividad y, 56, 159; ladrón arrepentido y, 44; mandato de actuar de, 130, 137-138,
237
Dios no es cristiano
151, 158, 161-163; muerte en cruz, 64, 66; nacimiento humilde de, 75, 92, 207; parábola del Buen Samaritano, 4; parábola del juicio final, 130, 137; perdón y, 27; propósito para,
126; referencias veterotestamentarias, 13; revelación de Dios
en, 10-11, 14-15; sobre el liderazgo como servicio, 198-200;
teología negra y, 120-121, 122; Zaqueo, el recaudador de impuestos y, 31
Jewish Defense League, 96
Job, 124
Juan, san, 146-147
Juan Apóstol, san, 156
Juan:
1,1, 11; 1,5, 157; 1,9, 9; 4,22, 220n 3; 5,8-14, 162; 10,10,
126; 12,24, 61; 12,32, 56, 159; 14,6, 9
1 Juan:
3,17, 147; 3,18, 147; 4,7, 147; 4,20, 129
Judíos y judaísmo:
como partidarios, derechos civiles y lucha anti-apartheid, 87,
104; como una luz para las naciones, 94; comunicado de prensa
de Tutu, Cincinnati, Ohio (1990), 27; comunicado de prensa
de Tutu, Museo del Holocausto de Jerusalén (1989), 26; conflicto entre israelíes y palestinos, 85-109; crítica de Tutu, 94,
95-101, 102, 109; discurso de Tutu, Sinagoga Stephen Wise,
NYC (1989), 85-90; esfuerzo en pro del reino de los cielos y,
67; inclusividad de Yahvé, 14; ley de la Torá, ojo por ojo, 106,
168; libro de visitas, Yad Vashem, Jerusalén (1989), 94; observaciones de Tutu a la delegación Gottschalk, Cincinnati (1990),
96-100; pecado y gracia de Dios, 9; raíces del cristianismo y,
85-86, 97, 220n 3; revelación de Dios a, 12, 13-14.
Véase también Israel.
238
Índice analítico y de nombres
Juicio de Núremberg, 41
Juicio Final, 129-130, 137, 214
Justicia social, basada en la fe, xiii, xiv; discurso de Tutu a estudiantes, Universidad de Jartum, Sudán (1989), 18-20
Justicia:
comentario de Tutu a Kerry Kennedy (1998), 37-38; Comisión para la Verdad y la Reconciliación, 38-47; discurso
de aceptación de Tutu, título académico honorario, Benín
(1991), 32; restaurativa, 32, 42-43, 45-47; retributiva, 41, 42,
51; ubuntu y 44
Kafity, Samir, 90, 94
Kant, Immanuel, 10
Kenia, 71
Kennedy, Kerry, 37-38
Kénosis (auto-vaciamiento), 121
Kentridge, Sydney, 86, 220n 1
King, Martin Luther, Jr., 15, 51, 168, 199
King’s College, Londres, 113
Koornhof, Piet, 145, 221n 4
KwaZulu-Natal, 217; discurso de Tutu en (2009), 212-217;
Inkatha Freedom Party (Partido de la Libertad Inkatha), 222n
3
Leikind, Rob, 109
Lengua xhosa, 21
Lenguaje sexista, xii, 114
Levítico 19, 214
Liderazgo, 198-210; altruismo desinteresado y, 200-201, 209; buen
jefe, 72; corrupción del poder, 153, 180, 182, 198, 202-203,
239
Dios no es cristiano
206, 209, 210, 212, 223n 6; cualidades de, 205-206; discurso
de Tutu, KwaZulu-Natal (2009), 212-217 ;integridad y, 201206; Isaías y, 215; isithunzi (presencia) y, 205; Jesús y, 198-200,
213-214; juicio de Dios y, 207-209, 214; responsabilidad y,
205-206; rey David y, 203-204; statu quo y, 213; sufrimiento y,
201; universo moral y, 206-209
Liga Anti-Difamación, 109
Lindsay, Orland, arzobispo, 73
Logos, 7, 10-11; pre-encarnado, 10-11
Lucas:
1,46-55, 121; 10,25-37, 219n 1; 10,27, 137; 10,29, 4; 14,27,
61; 19,1-10, 31
Luwum, Janani, arzobispo, 61, 220n 2
Macario, arzobispo, 134
Madiba. Véase Mandela, Nelson
Mal, 24, 26, 97, 102, 126, 132, 156, 172, 175, 181
Mandela, Nelson, xiii, 28, 37, 39, 128, 134, 167, 177, 215, 222n
1, 223n 1; emisión de un discurso de Tutu sobre el legado de
(2004), 184-191 nombre de clan (Madiba), 189, 199, 222n 8
Manuel, Trevor, 210- 212
Marcos:
10,41-45, 199; 15,3-5, 162
Mateo:
5,48, 44; 12,7, 11; 19,3-6, 11; 22,21, 153; 22,36-40, 129;
23,33, 38; 25,35-36, 76; 25,45, 144; 40, 76
Mbeki, Thabo, 177, 178, 189, 195, 197-198, 209-210, 222n 1,
222n 3; contraataque a la crítica de Tutu, 195-196; emisión
de un discurso crítico de Tutu (2004), 191-195
Mengistu Haile Mariam, 68, 71
240
Índice analítico y de nombres
Milnerton, Sudáfrica, 187
Miloševic, Slobodan, 108
Mobutu Sese Seko, 63, 64, 65
Mogopa, Sudáfrica, 30-31
Moisés, 12, 102, 214
Movimiento Anti-Apartheid, Gran Bretaña, 222n 7
Movimiento de conciencia negra, 113-114, 219n 2
Mozambique, 59, 63
Mpumlwana, Malusi, 30, 219n 2
Mugabe, Robert, 71, 178
Mujeres, 54, 55; ordenación de, 55
Mussolini, Benito, 80, 108
Muzorewa, Abel, obispo, 134, 221n 3
Mysterium tremendum, 6-7
Nabot, 103, 161, 207
«Nada para tu comodidad», conferencia (2004), 178, 222n 2
Naidoo, Stephen, arzobispo, 9
Namibia, 64, 83, 131
Naudé, Beyers, 195, 223n 11
Ndungane, Njongonkulu, 90
Nehemías, 124
NEPAD (New Partnership for Africa’s Development), 179, 189,
222n 3
Nerón, 155
Nicaragua, 220n 1;
sermón de Tutu, iglesia de San Francisco, Managua (1989),
73-77
Nigeria, 34, 59, 71, 72, 181, 182
241
Dios no es cristiano
No Future Without Forgiveness [No hay futuro sin perdón] (Tutu),
220n 5
Noriega, Manuel, 78, 81
Nuttall, Michael, 90, 91, 93
Obama, Barack, 216
Old South Church, Boston, discurso de Tutu (2002), 101-109
Oración (Huddleston), v, 174, 222n 7
Oración del Señor, 31
Organización para la Liberación de Palestina, 92
Oriente Medio, xiv, 85, 209; Acuerdos de Oslo, 101; Conferencia
de Lambeth, 99-100.
Véase también Israel; Palestina.
Pablo, san, 9, 10, 62, 65, 76, 159, 162
Palestina, xiv, 26; anglicanos de, 94, 105; apoyo de Tutu a, 8889, 90, 91, 93-109 corrupción de mentes jóvenes en, 106;
huelga contra los impuestos, primera intifada, 92, 93; Ramala, ocupación de, 105; violaciones de derechos humanos en,
98, 104-106
Panamá, xiv; discurso de Tutu, Ciudad de Panamá (1989), 78-81
Partido Comunista Sudafricano, 197
Paton, Alan, 133, 221n 2
Pecado, 9, 114, 126
Peers, Michael, arzobispo, 73
Pentecostalismo, 122
Perdón, 25-36, 37-38; a los opresores, 25-27, 28, 94; apartheid
y, 27, 29-31; comentario de Tutu a Kerry Kennedy (1998),
37-38; comentario y defensa de Tutu, de confesión de haber
obrado mal, Iglesia Reformada Holandesa (1990), 29-31; Co-
242
Índice analítico y de nombres
misión para la Verdad y la Reconciliación, 38-47; comunicado de prensa de Tutu en el Museo del Holocausto de Jerusalén (1989), 25-26; condonación de deudas de naciones en vías
de desarrollo, 54; confesión de haber obrado mal, aceptación
de, 29-31; confrontación y, 38; de Tutu, Cincinnati, Ohio
(1990), 26-27; dificultad de admitir que se ha obrado mal,
42, 47; discurso de Tutu, título académico honorario, Benín
(1991), 32; justicia restaurativa y, 32; ladrón arrepentido en
la cruz y, 44; Oración del Señor y, 31; reconciliación y, 28-29,
35, 37-38, 47, 107; sermón de Tutu, conferencia de Iglesias
sudafricanas (1990), 28-29; sermón de Tutu, Ruanda (1995),
32-36; verdad como realidad sanadora, 44-45
Peres, Shimon, 101
Pilato, Poncio, 162
Pinochet, Augusto, 40, 108, 220n 2
Premio Nobel de la Paz, xi, 59, 60, 85, 89, 100, 104, 190, 211
Racismo, 51, 55, 102, 119, 126, 131, 158, 159.
Véase también Apartheid.
Rackstraw, Angela, 191
Regina Mundi, iglesia católica, Soweto, discurso de Tutu (1979),
134-140
Revelación 13, 163
1 Reyes:
18,17-39, 68-69; 21, 161
Romanos:
1,18-20, 10; 2,15, 10; 3,9, 9; 8,31, 64; 8,31-39, 139-140;
12,3-5, 159; 13, 163; 13,1-2, 162; 13,3, 162; 13,4, 163
Ruanda, 51, 59; Aldea de la Paz Nelson Mandela, 33, 36; atrocidades en Ntarama, 32-33, 35; discurso de Tutu, sobre la rup-
243
Dios no es cristiano
tura del ciclo de asesinatos (1994), 32-36; genocidio, 32, 182,
222n 5
Rusia, 186
Ruth, 124
Sachs, Albie, 104, 221n 6
Salmos:
72, 80, 207-209; 72,1-4, 163-164; 72,12-14, 163-164
2 Samuel 12, 161
Santayana, George, 40
Satyagraha, 15
Schultz, George, 157
Schweitzer, Albert, 16
Segundo Isaías, 27
Sinagoga Libre Stephen Wise, Ciudad de Nueva York, discurso de
Tutu (1989), 85-90
Sinn Féin, 81, 82, 84
Sisulu, Walter, 31, 219n 3
Slovo, Joe, 104, 221n 6
Smith, Ian, 130-131, 221n 1, 221n 3
«Sociología del discurso público en Sudáfrica, La» (CNA), 196
Sócrates, 15
Somoza Debayle, Anastasio, 75, 80, 220n 1
Sophiatown, Sudáfrica, 188; conferencia de Tutu en Sophiatown
(2004), 178-183
Southwark Cathedral, Londres, sermón y artículo de Tutu (2004),
53-55
St. Martin in the Fields, Londres, sermón de Tutu (1989), 3-5
Stalin, Josef, 108, 209
244
Índice analítico y de nombres
Sudáfrica, 34; ataque a la iglesia de Santiago, Ciudad del Cabo
(1993), 175; BIG (Basic Income Grant [Ingreso Básico Universal]), 194; blancos en, post-apartheid, 191; Comisión para
la Verdad y la Reconciliación, 37-47; como faro de esperanza, 107, 179, 183, 189, 195, 211, 215-216; como pueblo
multicolor, 176, 195; conferencia de Tutu sobre el liderazgo
(2006), 198-210; conferencia de Tutu, Sophiatown (2004),
178-183; constitución (1984), 150; constitución (actual), 54,
89, 167, 189, 204, 211, 216; corrupción del poder en, 182,
198, 202-203, 206, 210, 223n 6; crítica de Tutu al gobierno del CNA (2004), 177-183, 191-196, 223n 9, 223n 10;
crítica del África negra, 61; discurso de Tutu, Ayuntamiento
de Ciudad del Cabo (1993), 175-176; discurso de Tutu, catedral de San Jorge, Ciudad del Cabo (1988), 156-157; discurso de Tutu, KwaZulu-Natal (2009), 212-217; diversidad y,
191-192; emisión de un discurso de Tutu sobre el legado de
Mandela y el liderazgo de Mbeki (2004), 184-196; entrevista a Tutu en televisión sobre la prohibición impuesta al Dalai
Lama de entrar en Sudáfrica (2009), 210-212; fallos de gobierno después de la liberación, 59-60; fin del apartheid, 3940; grupo lingüístico nguni, 178, 182, 222n 1; himno nacional, 191; integración de escuelas, 187; logros, post-apartheid,
184-191; Mandela investido como presidente, 37; Movimiento de Regeneración Moral, 204; negociaciones sobre el apartheid, inclusión de todos los grupos, 83-84; orgullo nacional,
189-190; pandemia del VIH/sida y, 177, 178, 190-191, 197,
204; parejas interraciales, 187, 222n 7; perdón y, 27, 28-29;
personas asesinadas entre la liberación de Mandela y su subida
al poder, 169, 174-175, 185; políticas post-apartheid y liderazgo, 197-217; primeras elecciones democráticas, 186, 215;
245
Dios no es cristiano
problemas de vivienda, 194-195; propuestas de Tutu de reforma social, 180-181; reconciliación en, 92; relaciones con los
Estados Unidos, 89; relaciones entre negros y judíos, 87-88,
104; sermón de Tutu, catedral de San Jorge, Ciudad del Cabo
(1991), 170-174; transición a la democracia, xiii, 28, 39, 45,
167, 169-176, 179, 185-186; Tutu sobre el odio, la venganza
y la cultura de violencia, 167-176; Tutu sobre la creación de
una cultura de tolerancia, 173-174; visión de Tutu para, 89,
114, 139, 155, 169, 176, 193, 194, 195; visita pastoral de
Tutu, Sebokeng (1990), 168-169; xenofobia en, 181, 222n 4.
Véase también Apartheid; Sudáfrica.
Sudán, 18-20, 63, 67, 70, 182; charla de Tutu a estudiantes, Jartum (1989), 66-68
Sufismo, 16
Sufrimiento, 27, 76-77; bajo apartheid, 66, 67, 89-90119, 153154, 201; en África, 63, 66, 67, 69-70; liderazgo y, 201; papel
de la Iglesia en, 61
Summum bonum, 18, 19; mal como opuesto a, 24
Suzman, Helen, 104, 221n 6
Tambo, Oliver, 128
Teología africana, 126
Teología anglosajona, 117-118
Teología blanca, 118
Teología de la liberación, 120
Teología filosófica lingüística, 118
Teología negra:
artículo de Tutu sobre (1973), 114-126; como teología, 117122 enfoque de, 119-120, 124-126; implicaciones de, 123-
246
Índice analítico y de nombres
126; «negro/a», uso del término, 115-117, 119-120, 122;
Teresa de Calcuta, Madre, 16, 199, 200
Terrorismo, 86, 102, 128; atentados suicidas, 102, 105, 106, 107
Thatcher, Margaret, 100, 157, 220n 5
Theological Education Fund, 59
Tolerancia y comprensión entre las religiones, xiii, 3-20; Biblia y
argumentos a favor de la inclusión y la universalidad, 9-15;
Biblia y argumentos exclusivistas, 9; conferencia de Tutu en
memoria de Stephen Naidoo (1993), 8-18; discurso de Tutu,
Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas, Ginebra (2001), 49-52; diversidad y, 49-52; el conocimiento
de Dios es anterior a Jesucristo, 11; enemigos como hijos de
Dios, 12; error de juzgar a las religiones por sus características menos atractivas, 16; fe vinculada a las circunstancias de
geografía y nacimiento, 5-6, 16; la fe requiere obras,18-20; la
religión alimenta la intolerancia, 51-52; las religiones no son
iguales, 6-8, 17-18; punto de referencia trascendente de todas
las religiones (mysterium tremendum), 6-7, 10, 13, 18, 20; sermón de Tutu, St. Martin in the Fields, Londres (1989), 3-5;
Tutu en el foro de Birmingham (1989), 5-8; Tutu se dirige a
los estudiantes, Universidad de Jartum, Sudán (1989), 18-20
Treurnicht, Andries, 173-174, 222n 5
Tutu, Desmond:
acusaciones antisemíticas y refutación, 88, 220n 4; aforismos
de su padre, 153, 183; apartheid, lucha contra, xiii-xiv, 19, 27,
29-31, 97, 113, 127-140, 142-147, 149-164; aspereza, franqueza, 113, 127; como africano, 34; como cristiano, 128-130,
134, 135, 138, 153-154, 155, 158, 163-164; como deán de
Johannesburgo (1975), 127; como defensor de gais y lesbianas, xiv, 53-56; como defensor de la justicia social y de los de-
247
Dios no es cristiano
rechos humanos, xiii, xiv, 18-20, 53-56, 59-72, 85-109; como
defensor de la tolerancia y la comprensión entre las religiones,
xiii, xiv, 3-20, 49-52; como defensor del perdón, 25-36; como
galardonado con el premio Nobel de la Paz, xi, 59, 60, 85, 89,
104; como «líder interino» durante el apartheid, 167; como
obispo de Lesoto (1976), 127; como presidente de la Comisión para la Verdad y la Reconciliación, 37-47, 181, 220n 5;
como presidente de la Conferencia Panafricana de Iglesias,
59-60, 62; como secretario general del Consejo Sudafricano
de Iglesias (1978), 30, 86, 127; crítica al gobierno del CNA
(2004), 177-183, 191-196; en Ruanda, 32-36; entrada en el
ámbito público, 127-128; estudios de teología, 113; familia de,
34; filosofía no violenta, 86, 93, 162; Huddleston y, 174, 178,
222n 7; justicia restaurativa y, 32, 37-47; lengua nguni como
lengua materna, 182, 219n 1, 222n 1; racismo, experiencias
de, 98, 153, 188; radicalismo de, 3; rechazo del comunismo y
el marxismo, 163; sobre el conflicto entre israelíes y palestinos
(décadas de 1980 y 1990), xiv, 26, 85-109; sobre el liderazgo
en el post-apartheid (2006), 197-210; sobre la creación de una
cultura de tolerancia, 173-174; sobre la democracia en África, 59-72, 97; sobre la diversidad, 49-52; sobre la pandemia
del VIH/sida, 177, 178, 190-191, 192; sobre la prohibición
impuesta al Dalai Lama de entrar en Sudáfrica (2009), 210212; sobre la teología negra (1973), 114-126; sobre los orígenes de la violencia, 170-171; título académico honorario, Benín (1991), 32; ubuntu y, xiv, 21-24, 32, 219n 1; visión para
Sudáfrica, 89, 114, 139, 155, 169, 176, 193, 194, 195
Ubuntu, xiv, 21-24, 32, 44, 49-52, 172, 191, 219n 1
Uganda, 59, 61, 67
248
Índice analítico y de nombres
Unión Africana, 179, 189
Universidad de Copenhague, conferencias de Tutu (2004), 219n
1
Universidad de Jartum, Sudán, charla de Tutu a los estudiantes
(1989), 18-20
Vietnam, 133
VIH/sida, 177, 178, 190-191, 192; Jacob Zuma y, 197, 204
Vlok, Adriaan, 155
Vorster, B.J., 130-131, 142
Wiesel, Elie, 89
Wittgenstein, Ludwig, 119
Wolpe, Harold, 223n 1
Yad Vashem (Museo del Holocausto), Jerusalén: comunicado de
prensa de Tutu (1989), 25-26 libro de visitas (1989), 94;
Zaire (República Democrática del Congo), xiv, 64-66, 189; charla de Tutu a los estudiantes de teología (1989), 64-65; sermón
de Tutu en el Palais du Peuple (1989), 65-66
Zimbabue, 59, 71, 177-178, 182, 193, 209, 211, 221n 3, 223n 5
Zuma, Jacob, 197-198, 203, 204-205, 210, 222n 1, 223n 3, 223n
6; discurso de Tutu sobre, KwaZulu-Natal (2009), 212-217
249
Teología Popular (1)
La buena noticia de Jesús
José María Castillo
ISBN: 978-84-330-2606-4
Dicen los entendidos en las cosas de la religión que la teología es la
ciencia que explica lo que es Dios, cómo es Dios, lo que le gusta y lo que
le desagrada, lo que premia y lo que condena. Esto, más o menos, es lo
que dicen los curas y parece que la cosa está clara. Pero el problema
que se presenta es que a Dios nadie lo ha visto y nadie sabe cómo es
exactamente ese Dios del que habla todo el mundo. Más aún, hay mucha
gente que está convencida de que Dios no existe. Sencillamente. Y todo
eso de la religión es un invento de los curas y de la gente beata que va a
las iglesias. Pues bien, si esto es cierto ¿cómo podemos hablar de teología
para explicar, con esa misma “teología”, aquello que ignoramos? ¿No es
todo eso un disparate y una pérdida de tiempo?
La respuesta a estas preguntas se puede hacer de dos maneras. Una,
echando mano de las doctrinas y teorías que inventaron los sabios de
tiempos antiguos. Otra, recordando los relatos y enseñanzas que se
encuentran en los evangelios. La teología de las doctrinas es la teología
de los sabios. La teología de los relatos es la teología popular. Esta es la
que enseñó Jesús con su ejemplo, sencillamente, con su forma de vivir
y, sobre todo, con su relación con los hombres de la religión y con otra
mucha gente a la que la religión (la de entonces y la de ahora) ignoraba,
maltrataba y hasta condenaba. Así nos explicó Jesús quién es Dios y
cómo es Dios, esa teología popular que, en forma de relatos, se encuentra
en los evangelios
El Evangelio de la amistad
en Carlos de Foucauld
José Luis Vázquez Borau
ISBN: 978-84-330-2528-9
Esta obra muestra cómo las categorías “amistad” y “bondad” fueron básicas
en la propia experiencia vital del hermano Carlos y en su dimensión misionera
en medio de los tuareg, los hombres azules del desierto, de religión musulmana.
En un momento de crisis personal del “Explorador de Marruecos”, la bondad y
el testimonio personal de su prima, junto al aprecio del vicario de la parroquia
de san Agustín de París, el padre Huvelin, hicieron que se preguntara por
la fe cristiana y finalmente se convirtiera. Más tarde, una vez encarnado
en Tamanrasset (Argelia), su Nazaret, establecería amistad con todos y
tendría amigos entre los tuareg, interesándose por su cultura, recogiendo las
historias que se transmitían por las noches alrededor del fuego, realizando el
diccionario tuareg-francés, clamando contra toda injusticia colonizadora e
interesándose por el bienestar de su pueblo.
El libro está estructurado en dos partes: La primera muestra cómo fue la
vivencia de la amistad en Carlos de Foucauld, para llegar a ser amigo de
todos, y en qué consiste el apostolado de la amistad. En la segunda parte se
trata de los fundamentos y de las actitudes para vivir la misión como amistad.
Foucauld tenía plena conciencia de que trabajaba para el establecimiento de
la fe y de la comunidad cristiana, si bien sabía que “tendrá que pasar mucho
tiempo, quizá siglos”. Pero mientras esto no llegara, quería que musulmanes y
cristianos fuesen amigos. Esto no era una pre-evangelización, pues mientras
Jesús vivía en Nazaret durante la mayor parte de su vida como “el hijo del
carpintero” ya era evangelizador de su Padre. Preparando y abriendo caminos
de amistad ya se va haciendo presente el Reino de Dios.
Cuando los valores chocan
La Iglesia Católica,
los abusos sexuales
y los retos de la jerarquía
eclesiástica
Joseph P. Channici
ISBN: 978-84-330-2477-0
Joseph Chinnici, historiador y observador altamente considerado de la Iglesia
Católica estadounidense, desempeñaba el cargo de superior provincial de
los frailes franciscanos de California cuando la orden se vio sacudida por
los abusos sexuales perpetrados por algunos de sus miembros, varios años
antes de que la cuestión se convirtiera en un escándalo de proporciones
nacionales. Combinando la habilidad y el desapasionamiento del historiador
con sus propias experiencias extraordinariamente relevantes en el marco de
una atmósfera pública e institucional sumamente enrarecida, el autor nos
ofrece una visión poco común de lo que aconteció entonces y de lo que debe
acontecer ahora, a fin de poder restablecer la credibilidad y la confianza.
Si los católicos pretenden aprender de este desbarajuste, extraer
algunas enseñanzas duraderas, y emprender el camino de la sanación
y la renovación, harán bien en prestar atención al inteligente análisis y
evaluación –teológicamente fundamentado, psicológicamente documentado
y profundamente pastoral– que hace el Padre Chinnici de uno de los
mayores desafíos con los que se haya visto enfrentado el catolicismo
romano en décadas, cuando no en siglos. Su experiencia como provincial
de los franciscanos, y sus reflexiones sobre la base de su legado intelectual
–haciendo un profundo uso de las fuentes de la espiritualidad franciscana
en busca de inspiración y de guía– configuran una mirada perspicaz de
extraordinario valor en dirección a los retos que deben afrontar el liderazgo
espiritual y la jerarquía eclesiástica en los tiempos actuales.
Sentirse habitado
por la presencia
Enrique Montalt
ISBN: 978-84-330-2601-9
El yo es fuente inevitable de sufrimiento porque, en su afán de autoafirmarse,
identificándose con la mente, nos aleja de la realidad y de la vida.
Consciente del destino adonde el yo conduce, del sufrimiento que genera
y de la ignorancia y mentira en que nos envuelve, es fácil reconocer la
necesidad y la importancia de liberarnos de él. Y dado que el yo únicamente
vive y es alimentado por el pensar, debemos ejercitarnos en la tarea de
silenciar la mente y aprender a vivir en el no-pensamiento. Porque hablar de
espiritualidad es hablar de la dimensión de profundidad. Implica reconocer
que toda la realidad se encuentra impregnada de una dimensión de Misterio.
En este sentido, la espiritualidad es abierta, flexible, pluralista, dialogante,
universal... no conoce el juicio y la condenación. Nos coloca en el camino
de la experiencia. Es coherente con nuestra condición humana, respetuosa
con los otros y humilde ante el Misterio inefable.
Pero la espiritualidad no solo nos coloca en la actitud adecuada a todo
el conjunto de lo Real, sino que puede hacerlo porque nos capacita para
acceder a nuestra identidad más verdadera, que no es ese yo sino la
Presencia que lo percibe. Y desde la Presencia todo se ve y se vive de un
modo nuevo. El olvido de esta dimensión de profundidad puede hacer estéril
nuestro esfuerzo por alcanzar una valoración y estima de nuestra existencia.
Podemos vivir una sana autoestima cuando nos habituamos a conectar
con ese Silencio que es Presencia y aprendemos a permanecer
descansadamente en Él.
Colección Testigos
1. EL CORAZÓN DE LA GRANADA. Un santo llamado Juan de Dios, por Juan Félix
Bellido.
2. LIMPIACRISTALES Y ARZOBISPO. Biografía de Mons. Miloslav Vlk (Praga), por
Alain Boudre.
3. DIETRICH BONHOEFFER. Víctima y vencedor de Hitler, por Georges Hourdin.
4. MARTIN LUTHER KING. Contra todas las exclusiones, por Vicent Roussel.
5. GANDHI. La sabiduría de la no-violencia, por Jean-Marie Muller.
6. MARÍA MONTESSORI. La educación liberadora, por Anne Sizaire.
7. VIDA DE JUAN XXIII. El Papa extramuros, por Gino Lubich.
8. EL DESEO DE DIOS Y LA CIENCIA DE LA CRUZ. Aproxi-mación a la experiencia
religiosa del Hermano Rafael, por Antonio M.ª Martín.
9. EL ROSTRO FEMENINO DE DIOS. Reflexiones de una carmelita descalza, por Cristina
Kaufmann.
10. LA AVENTURA DE SER HOY SACERDOTE. Biografía de Rufino Aldabalde, por José
María Javierre.
11. HASTA LOS ÚLTIMOS CONFINES. Vida de San Francisco Javier, por Juan Félix
Bellido.
12. SAN ANTONIO DE PADUA. Arca del Testamento, por Emiliano Jiménez.
13. LA CONQUISTA DE LA LIBERTAD. Vida de San Felipe Neri, por Juan Félix Bellido.
14. AL HILO DE LOS DÍAS. Nueva antología de Escritos Espirituales, por Charles de
Foucauld.
15. PIERRE TEILHARD DE CHARDIN, por Bernard Sesé.
16. MADRE DE LOS POBRES. Sor Ángela de la Cruz,por José María Javierre.
17. NI EL COLOR DE MI CENIZA. La monja de la noche clara, por José María Javierre.
18. DEL SILENCIO A LA PALABRA. La vida de Juan N. Zegrí, por Juan Félix Bellido.
19. PREGONERO DE LA VERDAD. Biografía de Juan Pablo II, por Eusebio Ferrer.
20. EN TU AMOR FLORECIDAS. La alegría de ser monja, hoy. Madre Maravillas de Jesús,
Carmelita Descalza (1891 - 1974), por Lucinio Ruano.
21. SUFRIR Y AMAR, AMAR Y SUFRIR. Vida y obra de la Beata Madre Mª Pilar
Izquierdo Albero, Fundadora de la Obra Misionera de Jesús y María, por Miguel de
Santiago.
22. BEATA Mª PILAR IZQUIERDO. Epistolario.
23. MI RAFAEL. El Beato Rafael Arnáiz, según el Padre Teófilo Sandoval, su confesor,
intérprete y editor, por Juan A. Martínez Camino.
24. ÁNGELA DE LA CRUZ, YA PRONTO, SANTA ÁNGELA, por José Mª Javierre.
25. SAN FRANCISCO JAVIER. El molinero de Dios, por Alfredo Verdoy.
26. EL AMADO DE DIOS. Biografía espiritual de Henri Nouwen, por Michael O´Laughlin.
27. SIMONE WEIL. Acción y contemplación, por Maria Clara Lucchetti Bingemer - Giulia
Paola Di Nicola (Eds.).
28. ABIERTO A DIOS, ABIERTO AL MUNDO. Por una Iglesia dialogante, por el Cardenal
Franz König
29. TENDRÍAMOS QUE HABER GRITADO. La vida de Dietrich Bonhoeffer, por Christian
Feldmann
30. FERNANDO RIELO. Fundador de los Misioneros y Misioneras Identes, por Isabel
Orellana Vilches
30. EL EVANGELIO DE LA AMISTAD EN CARLOS DE FOUCAULD, por José Luis
Vázquez Borau
31. SAN FRANCISCO ORACIÓN VIVIENTE. El infinitamente pequeño ante el
infinitamente grande, por Divo Barsotti
32. EMILIE DE VILLENEUVE. Luz de Dios en los más pobres, por María Dolores De
Miguel Poyard
33. DIOS NO ES CRISTIANO. Y otras provocaciones, por Desmond Tutu
Testigos
En esta compilación esencial de los más históricos y controvertidos discursos y escritos de Desmond Tutu somos testigos
de su itinerario vital único, en el que ha sabido provocar a los
poderosos y desafiar al mundo con el fin de proteger a los oprimidos, los pobres y otras víctimas de la injusticia.
Renombrado primero por su valiente oposición al apartheid en
Sudáfrica, él y su ministerio asumieron pronto dimensiones
internacionales. Arraigado en su fe y en los valores encarnados
en el espíritu africano del ubuntu, su inflexible visión de una
humanidad compartida le impulsó a hablar alto y claro –incluso cuando era objeto de una oposición violenta y de críticas
mordaces– contra la opresión y la injusticia política, el fundamentalismo religioso y la persecución de las minorías.
Ordenados por temas e introducidos con agudeza y datos del
contexto histórico por John Allen, biógrafo de Desmond Tutu,
los escritos de esta compilación conducen al lector de los violentos choques del apartheid en Sudáfrica a la labor sanadora
de la Comisión para la Verdad y la Reconciliación; de Trafalgar
Square tras la caída del Muro de Berlín, a una emisión nacio-
Desclée De Brouwer
nal en conmemoración del legado de Nelson Mandela; de la
iglesia catedral de Cristo en Dublín, Irlanda, a un pabellón de
baloncesto en Luanda, Angola. En su exploración tanto de la
democracia en África como del genocidio en Ruanda, la teología negra, la inclusión de gais y lesbianas en la Iglesia o la
grave situación de los palestinos, el mensaje de verdad de Tutu
es claro y su voz no tiembla.
En un mundo de sufrimiento y conflicto, donde las leyes humanas chocan con demasiada frecuencia con la ley de Dios,
los mensajes esperanzados e intemporales de Tutu se hacen
cada vez más necesarios.
ISBN: 978-84-330-2611-8
$$026118